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¿Todos los caminos conducen a roma?

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  • Alejandro Maldonado

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La respuesta científica es: No. Recientemente, un equipo internacional reconstruyó casi 300.000 kilómetros de vías del Imperio romano y llegó a una conclusión que contradice el proverbio más famoso de Occidente: No todos los caminos conducían a Roma. Antioquía, Ancira y Bizancio -hoy Estambul- en Turquía, así como Corinto, en Grecia, tenían mayor accesibilidad por tierra que la capital imperial. El trabajo fue publicado el 15 de septiembre de 2026 en Nature Communications.

El hallazgo tiene un eco que trasciende lo arqueológico. Durante siglos, “todos los caminos conducen a Roma” se convirtió en una especie de teología popular: Da igual “la ruta”, es decir, lo que creas, con tal de que camines con sinceridad. De ahí surge el concepto erróneo de que “todos llegarán al Cielo”, sin importar la creencia.

La Biblia desmiente esta idea, y lo hace por amor a cada uno de nosotros. Jesús no dijo que hubiera muchas vías para tener una relación personal con Dios y llegar al Cielo. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). No se trata de un eslogan. El Cielo no es una capital a la que se llega tomando la ruta que se nos ocurra. La verdad divina es que existe un solo camino, y pasa por Jesucristo y la cruz del Calvario.

La sinceridad no salva a nadie. Una persona puede ser sincera y perderse eternamente. Saulo de Tarso era sincero cuando perseguía a los cristianos. Nicodemo era un prestigioso y sincero líder religioso y, aun así, necesitaba nacer de nuevo espiritualmente. La fe no es un sentimiento de “seguridad” en cualquier sendero religioso o “espiritual”. La fe auténtica se basa en la verdad revelada por Dios mismo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). “En ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12).

El Imperio, en su momento, trazó miles de vías que, en realidad, no llevaban a Roma. Esta, al final, no era el centro de su propio mapa. El Calvario sí es el centro del mapa de Dios. Para llegar al Cielo no necesitamos “cualquier camino”; necesitamos el Camino, es decir, a Jesucristo mismo. Él vive, te ama, pagó por tus pecados en la cruz y, si se lo pides, puede entrar ahora mismo en tu corazón y transformar tu vida.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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