El 11 de agosto, Israel Aldave, reportero de Grupo Fórmula, le preguntó directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la posibilidad de que Rubén Rocha Moya regresara al gobierno de Sinaloa ante la falta de información solicitada a Estados Unidos que probara su complicidad con el narco.
“En este caso, Presidenta, si no envían la información, ¿por qué el gobernador no regresa a sus funciones. Sé que es una decisión personal de él, pero algo que le haya comentado a usted la secretaria de Gobernación?”, preguntó Aldave.
“No, pues es una decisión de él de mientras siga este proceso pues mantenerse... Así lo dijo él en el momento en que salió de su puesto. Dijo, ‘no quiero poner en duda la gobernabilidad de Sinaloa, ni mucho menos, prefiero dejar el puesto en lo que continúa esta investigación’”, respondió la Presidenta.
Faltó contundencia para evitar un arrebato del gobernador, pues diez días después Rocha Moya volvió al cargo. 36 horas más tarde volvió a pedir licencia, ahora como un apestado del movimiento.
No es para menos que si algo le anticiparon a la Presidenta, el viernes amaneciera con gripa, sin palabras. Y sus siguientes apariciones las hiciera con cubrebocas, útil para evitar propagar una enfermedad pero también para ocultar el rostro.
Lo de Rocha resultaba un clarísimo desafío al gobierno de Donald Trump. México acaba de negociar con Estados Unidos el traslado desde Argentina del excontraalmirante Fernando Farías Laguna y de recibir halagos para el secretario García Harfuch nada más que del director de la DEA, quien ha señalado que el crimen y el gobierno están vinculados.
A cualquiera le avergonzaría que un gobernador señalado de vínculos con el crimen, al que has protegido contra la embestida de la justicia estadunidense, te salte y vuelva al cargo que lo protege, garantiza impunidad y debilita el discurso de combate frontal al crimen y a los corruptos que los respaldan.
Sheinbaum reclamó por escrito, sin destinatario. Criticando a quienes anteponen el interés personal sobre el del pueblo y el de la nación. Un texto del que Rocha Moya hizo acuse de recibido, y dejó por segunda vez el cargo. Pero qué bien encaja en personajes que se enferman de poder: AMLO, Andy, Adán Augusto.
La Presidenta debe ser contundente para evitar que se vuelvan a ir por la libre y promover que Rocha Moya enfrente a la justicia en México y en Estados Unidos.
¿O para eso nos seguiremos poniendo el cubrebocas?