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Viernes , 22.02.2019 / 13:40 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

La continencia ataca

Alejandro Cortés González-Báez

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Todos los días escuchamos muchos comentarios en pro de una libertad sin límites. Quienes defienden esto suelen basar sus argumentos en dos tipos de interpretación ética llamados consecuencionalismo y proporcionalismo.

Dichas posturas están enfocadas a dar una calificación moral al comportamiento humano en razón de las “consecuencias” que se deriven de las acciones realizadas, o de la “proporción” de los resultados dañinos en dichas acciones, olvidando que el fin no justifica los medios.

Con frecuencia suelen acudir a ejemplos dramáticos, presentando las enormes cifras de las adolescentes embarazadas como también las consecuencias de traer al mundo niños que solo conocerán el hambre, la marginación y los malos tratos. Es decir, realidades innegables.

De esta manera, toda persona posee el derecho a las relaciones sexuales con quien le dé la gana, cuando quiera, y como quiera, siempre y cuando evite el embarazo o las enfermedades de transmisión sexual.

Lo anterior estará protegido y respaldado por las leyes para que se puedan evitar, e incluso interrumpir, los embarazos no deseados. En tal contexto, al hijo concebido se le ve como un “agresor” del cual habrá que defenderse; por eso se usa la palabra “cuidarse” para no tener hijos. Opino que una madre no debería “cuidarse” de sus hijos pequeñitos, al igual que éstos “no deberían cuidarse” de sus padres. Lástima que quienes todavía se encuentran dentro del seno materno no tienen acceso a medios para protegerse de sus padres.

Toda vez que a alguien se le ocurra plantear como solución la abstinencia provoca risas, ataques, ridiculizaciones, en los que se le hará aparecer como soñador ingenuo, inexperto, idealista y retrógrado.

La sana abstinencia se funda en la correcta valoración de la dignidad del ser humano, como poseedor de un cuerpo extraordinario, y de un alma espiritual, en la que se encuentran la inteligencia y la voluntad, que nos ponen muy por encima de los seres irracionales. Sin embargo, ese dominio propio es considerado por algunos como agresor de la libertad. No cabe duda de que es más cómodo repartir preservativos, que educar y vivir ejercitándose en las virtudes.

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