Política

Ya no son atípicas

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Hay una diferencia entre lo imprevisible y lo previsible.

Nadie podía anticipar con precisión un fenómeno extraordinario como el registrado hace unos días en Venezuela, donde dos terremotos sacudieron casi al mismo tiempo una zona que históricamente no figuraba entre las de mayor riesgo sísmico. Hay eventos que escapan a cualquier capacidad de prevención.

Pero ese argumento ya no sirve para explicar lo que ocurre con las lluvias.

Seguir llamándolas “atípicas” se ha convertido en una cómoda coartada para justificar la falta de preparación. Porque cuando algo ocurre año tras año, deja de ser extraordinario.

Los inviernos son más extremos. Las olas de calor rompen récords. Las sequías duran más y golpean con mayor intensidad. Y cuando llueve, se cae en cielo completo con torrenciales aguaceros.

No hace falta ser especialista para entender que el cambio climático dejó de ser una advertencia y pasó a ser una condición permanente. Lo verdaderamente atípico sería que regresáramos al clima que conocíamos hace apenas una década.

Por eso preocupa escuchar, una y otra vez, que cada inundación fue producto de un fenómeno excepcional.

No lo es.

Lo excepcional sería que una ciudad creciera al ritmo de sus necesidades hidráulicas. Lo excepcional sería que los drenajes fueran desazolvados antes de la temporada de lluvias y no cuando el agua ya cubrió las avenidas. Lo excepcional sería encontrar vasos reguladores funcionando al cien por ciento, colectores suficientes y una estrategia preventiva que no dependa del pronóstico de las siguientes 24 horas.

Las autoridades conocen perfectamente el mapa de riesgos. Saben qué pasos a desnivel se inundan, cuáles ríos se desbordan primero y en qué colonias colapsa el drenaje con apenas unos minutos de lluvia intensa.

El diagnóstico existe, pero lo que sigue faltando es convertirlo en política pública.

Claro que la ciudadanía también tiene responsabilidades. Tirar basura en las calles, invadir cauces o construir donde nunca debió edificarse tiene consecuencias que después se pagan entre todos. Pero sería un error repartir culpas para esconder la obligación principal de los gobiernos que es prevenir.

Porque gobernar no consiste únicamente en reaccionar cuando llega la emergencia, sino anticiparse.


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Alberto Rueda
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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