Política

Nos identificamos con quienes no somos

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • Nos identificamos con quienes no somos
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

Me tomo una fotografía, una selfie le llaman, la veo y descubro que más o menos me agrada. Pero creo que podría estar mejor el resultado, así que decido usar una de esas herramientas de Inteligencia Artificial, (aunque, sinceramente, ya lo saben, no me gusta llamarlas así) para mejorarla “tantito”. Antes se decía que un poco de Photoshop a nadie le cae mal. El resultado me convence más, así que la subo a todas mis redes sociales y la pongo como foto de perfil. A partir de ese momento soy esa foto.

Hasta ahí todo bien, pero quienes me conocen de verdad ven la foto y seguro habrán de pensar: “A ver, este está más panzón, la nariz la tiene más grande, tiene menos pelo, más arrugas, ojalá tuviera ese mentón”. En fin, ponen en palabras lo que la IA quitó de mi imagen. A pesar todas esas cosas de la lista de mi auto borramiento puedo ser capaz de decir “ese soy yo”. Y, es que, así como a mi me puede pasar, todos nos identificamos con quienes no somos o con lo que no somos.

Podríamos pensar que es algo intrascendente, que todo el mundo lo hace, que es la tendencia, que está de moda, que a quién le hace daño presentarnos como algo que no somos si al final de cuentas el que nos conoce sabe cómo somos. Sin embargo, esto puede ser más complicado de lo que estamos dispuestos a aceptar, porque nos ponemos en posiciones difíciles de sostener, tanto para nosotros como para los demás.

El problema de las identificaciones es que pueden generar muchos líos, incluso neurosis. ¿Por qué? Porque llega el momento en que te miras al espejo y te das cuenta de que no eres como la foto de tu perfil: tienes más arrugas, te falta más cabello, el cachete es más prominente. Y claro, puedes sentirte desilusionado porque esa figura con la que te identificas no eres tú, a pesar de que digas “sí soy”.

Saber con qué y con quién o quiénes nos identificamos es vital para la clínica. Esta relación de identificación revela de qué están construidos nuestros vínculos amorosos y nos dan pistas sobre el origen de nuestro sufrimiento y el actuar en nuestra vida cotidiana, pero sobre todo de nuestras acciones y reacciones en los momentos más cruciales de nuestra vida.

Desde pequeños nos identificamos con alguno de nuestros cuidadores en particular, con papá, mamá, la abuela o el abuelo, solo por mencionar a los más comunes. Entonces nos ponemos su ropa, queremos comer lo que ellos comen, lo que ven, lo que hacen. Materialmente queremos estar en sus zapatos.

También ahí comenzamos a vivir y padecer sus sufrimientos. Cualquier afrenta que se le haga a nuestro objeto de amor es desde etapas muy tempranas de nuestro desarrollo, catalogadas como laceraciones a nuestro propio Yo. Una estampa muy común de esto que hoy les platico se presenta en las separaciones de los padres. Algunas veces -por no decir la mayoría de ellas- los hijos reclaman a papá o a mamá el abandono que hizo del otro, los presuntos malos tratos o las infidelidades, a pesar de que ellos no padecieron en carne propia ninguna de las faltas que reclaman.

Esta condición también nos permite festejar en la soledad de la casa el triunfo del equipo de futbol americano al que le vamos, o aplaudir con frenesí el Oscar que le acaban de entregar a la película que estaba en nuestras favoritas. No es el simple y vilipendiado “ganamos” que se puede dar en momentos de euforia compartidos con la masa. Es el Yo gané, porque esos o ese que ganó soy Yo, soy con quien me identifico.

Desde luego es una identificación imaginaria, y como tal difícil de sostener en la realidad. Ahora bien, es imposible que solo nos identifiquemos con nosotros mismos, incluso Narciso no se enamoró de él, se enamoró de la imagen que se reflejaba en el lago. Pero se trataría de estar advertidos que eso con lo que nos identificamos no somos nosotros.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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