Política

¿A quién amamos, quién nos ama?

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • ¿A quién amamos, quién nos ama?
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

Hace 24 años Hollywood dio la bienvenida a una película que hoy sería impensable que estuviera en cartelera Amor ciego, o por su nombre original Shallow Hal que podría ser traducido como El Superficial de Hal.

¿Por qué sería impensable que hoy un estudio cinematográfico apostara por esta comedia? Porque el protagonista, Hal, se enamora, al fin, de una mujer con visible sobrepeso, quizá hasta podría ser considerada como una mujer con obesidad mórbida. Y ya saben, en la actualidad existe un código que nos impide hablar de los cuerpos de los demás, y la condena aumenta si en ese hablar del otro se asoma cualquier destello de humor, risa o burla, que parecen lo mismo pero no lo son.

Hal y su amigo Mauricio se creen lo que hace casi un cuarto de siglo -pongamos la contabilidad del tiempo más dramática para justificar el cambio de pensamiento- se denominaba “conquistadores” y salen cada noche a los bares a tratar de ligar -hoy ese proceder tipifica como acoso-, pero no pescan ni un resfriado, dirían las abuelas de finales del milenio pasado.

Hasta que un cierto día Hal se topa en el ascensor con un coach motivacional -estos hoy sí son más que aceptados por la comunidad, son por decir lo menos, glorificados- que usa hipnosis -como psicoanalista del siglo XIX- para hacer que vea la belleza del alma de las mujeres por encima de la belleza física. De esta manera Hal queda prendido de Rosemary, esta chica con obesidad.

Independientemente de las situaciones que provocan hilaridad y risas, de la mano de la película podríamos tratar de acercarnos a la comprensión de aquello que llamamos amor y todas sus barrocas maneras de manifestarse ante nuestros ojos, del cuerpo y los del alma.

Apenas un par de colaboraciones atrás había abordado la cuestión del amor para dar que dicen tener muchas personas, pero que curiosamente, como Hal, no encuentran a quien obsequiárselo, y mencionaba que en esto Freud descubrió que amar es básicamente querer ser amado.

Ahora bien, quizá Hal no adquirió este superpoder de ver más allá de lo evidente, y traspasar la temporalidad de la carne y los huesos para coronar la eternidad del espíritu, tal vez lo que le ocurrió es que por fin pudo inconscientemente burlar, aunque sea de manera temporal, todas las barreras de la represión muy bien levantadas y acordonadas por el super Yo y logró colocar en alguien que no fuera él su imaginario del amor.

No se me ocurre en este preciso momento una explicación más diáfana del complicado sistema de resortes que es el lecho del amor. Hipnotizados, que no es otra cosa que sugestionados como lo descubrió Sigmund Freud, podemos en algunas ocasiones sobrepasar sin que suenen las alarmas de protección civil, ese dique represivo que nos acompaña día a día.

Durante ese estado podemos no descubrir la belleza del alma del otro, sino depositar en él o en ella, o cualquier cosa que sea nuestro objeto de amor, características y potencialidades que de otra manera no sería capaz, la otra persona, de tener, de querer e incluso ni de soportar. Ponemos todos esos anhelos y esos sueños en la cancha del prójimo, deseando con esperanza navideña que nuestros sueños se conviertan en realidad.

Podríamos aventurar que es precisamente por eso que Hal, durante el desarrollo de la película, no sostiene su enamoramiento en la capacidad que tiene Rosemary de darse a los demás, ni en su extraordinaria generosidad. No. Hal está enamorado de una rubia esbelta, como siempre soñó.

Sin llegar a estos grados caricaturescos, la mayor parte del tiempo, aunque no dudo que alguna vez si llegue a ocurrir, inicialmente así es como entramos a la batalla del amor, poniendo en otro cualidades y perfiles que no tiene ni en Instagram. Pero así como nosotros lo hacemos, quien se llega a enamorar de nosotros también lo hará, nos vestirá de ropajes imaginarios, sin embargo a diferencia del Emperador, nosotros no vamos desnudos por la vida, cargamos nuestros propios ropajes, algunos de ellos muy pesados y difíciles de cambiar.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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