Política

Lotería tapatía (Parte 42)

  • Doble P: Periodismo y Política
  • Lotería tapatía (Parte 42)
  • Alan Ruíz Galicia

Ilustración: Israel López
Ilustración: Israel López

¡La testigo!

Los padres de Mallika eran originarios de India y migraron a Estados Unidos. Ella nació en Nueva York. Cuando tenía diecisiete años (en 2008), se mudó por una temporada a Mumbai para vivir con su abuela. Durante su estancia, una tía le regaló una cámara fotográfica de rollo. Esto no sería algo más que una anécdota, pero entre el 26 y el 29 de noviembre de ese año, Mumbai fue escenario de un ataque terrorista coordinado, cuando diez militantes del grupo pakistaní Lashkar-e-Taiba ingresaron por mar y acometieron contra lugares de alta concentración civil, como la estación central de trenes, así como hoteles y restaurantes. Los terroristas utilizaron armas automáticas y explosivos, además de que tomaron rehenes durante casi tres días. El saldo fue de 166 personas muertas y cientos de heridos.

Mallika salió con su nueva cámara para tomar fotos del impacto de los ataques en la ciudad. Enfrentó escenas muy duras: personas asesinadas o gravemente lastimadas, desgarramiento social y sufrimiento colectivo. A partir de ese momento, decidió convertirse en “testigo”: alguien que, a través del poder de registro de la imagen, evita que los acontecimientos se disuelvan en el tiempo sin dejar el rastro de un recuerdo.

Después de esos días en Mumbai, Mallika volvió a Estados Unidos y se formó como fotógrafa en la Universidad de Nueva York (NYU), en la Tisch School of the Arts, donde se graduó en 2013. Desde entonces se ha dedicado a la fotografía documental y al trabajo editorial en medios como The New Yorker, Vogue, Zeit Magazin, Los Angeles Times y The Washington Post. Aunque su trayectoria es notable, tiene que combinar su producción fotográfica con la creación de páginas web y la asesoría en programación. Su situación pone el dedo en la llaga del momento que enfrenta el periodismo a nivel global: “aunque debe de ser una profesión que permita vivir con dignidad a quienes la practican, la mayoría tenemos que combinarlo con otras actividades para sobrevivir”.

La crisis del periodismo es tan profunda que no es extraño que una reportera como ella se vea obligada a complementar su ingreso en otra profesión. Desde 2005 han cerrado casi 3 mil 500 periódicos en Estados Unidos y se han perdido más de 270 mil 000 empleos, dejando a millones de personas sin acceso a noticias locales y a un 60 % de los reporteros estadounidenses sin capacidad de sostenerse con su sueldo. La ONG Reporteros Sin Fronteras advierte que 160 de 180 países carecen de estabilidad financiera para sus medios y que la inversión publicitaria ahora huye hacia plataformas tecnológicas: Alphabet (dueña de Google y YouTube) y Meta (Facebook, Instagram, Threads y WhatsApp) junto con Amazon absorben en conjunto 56 % del mercado publicitario mundial, lo que implica una fuga masiva de recursos para empresas de noticias, que al perder ingresos publicitarios, recortan plantillas y cierran.En países con culturas periodísticas desarrolladas, como el Reino Unido y España, millones de personas viven en “desiertos informativos” sin prensa local o con redacciones que imprimen menos de siete días a la semana. Frente a este panorama, miles de profesionales se ven forzados a migrar a la programación, el marketing o la docencia, mientras la democracia pierde voz y vigilancia.

A pesar de la situación adversa, Mallika sigue su vocación de ser “testigo”. Reside en México desde hace diez años y vino a Guadalajara para realizar fotografías sobre la crisis forense que vivimos en el estado. Esto no tiene que extrañarnos, pues vivimos un desbordamiento de cuerpos y personas desaparecidas: entre diciembre de 2018 y junio de 2025 ingresaron 9 mil 29 cadáveres al Servicio Médico Forense, seis veces más que los mil 273 espacios disponibles, y en septiembre de 2025 el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) reconoció que aún custodiaba alrededor de mil trescientos cuerpos completos y 8 mil segmentos humanos (más de 11 mil restos). A finales de 2025 el registro estatal contabilizó 20 mil 207 personas localizadas (17 mil 120 con vida y 3 mil 87 fallecidas), pero aún había 16 mil 64 personas desaparecidas (14 mil 235 hombres y mil 829 mujeres) y en ese año se denunciaron 2 mil 633 desapariciones nuevas. Nuestro estado concentra 59% de los segmentos humanos recuperados en fosas clandestinas del país y la Fiscalía Especial en Personas Desaparecidas ha procesado 224 sitios clandestinos de inhumación. Guadalajara es uno de los epicentros de esta crisis: en la ciudad se registraron 8 mil 243 expedientes de desaparición entre diciembre de 2018 y el 31 de diciembre de 2025; de esas personas, 2 mil 688 siguen desaparecidas, mientras que 5 mil 412 han sido localizadas, 4 mil 915 de ellas con vida y 497 sin vida.

En este contexto, ¿qué implica “ser testigo” en el siglo XXI? Pensemos que los atentados de Mumbai que vivió Mallika fueron una violencia concentrada, espectacular, con fechas, imágenes y un saldo final. La violencia que atraviesa Jalisco es distinta: no estalla, se acumula. No se agota en un evento, sino que se extiende en expedientes, restos, búsquedas y cifras que crecen año con año. Entre una y otra experiencia se dibuja también el desplazamiento del periodismo contemporáneo: de cubrir el impacto inmediato a intentar registrar procesos largos, incompletos y sin cierre, en un contexto donde quienes documentan la violencia lo hacen desde condiciones cada vez más precarias.

En Guadalajara, la cámara de Mallika no busca el momento decisivo, sino la administración cotidiana de la violencia. Ser testigo, aquí, significa aceptar no solo que no habrá una imagen final, sino que el propio testigo trabaja sin garantías, sosteniendo su mirada en medio de la fragilidad del oficio, con la única obligación de no permitir que la violencia se vuelva invisible por costumbre.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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