Ayudamemoria: de cara a la elección presidencial de 2006 en México, el candidato opositor se quejó de las declaraciones del presidente en su contra. El famoso “cállate, chachalaca” fue un reclamo al activismo en su contra ejercido desde Los Pinos con expresiones como la de “no hay que cambiar de caballo a la mitad del río”. Tras de que los resultados oficiales dieron el triunfo al partido gobernante, y como respuesta a las impugnaciones, el Tribunal Federal Electoral determinó que sí había existido una injerencia presidencial indebida… ma non troppo, pues su impacto no había sido determinante. Esa crisis detonó una reforma muy restrictiva: la oposición logró que se prohibiera al jefe de Estado en turno usar su megáfono para desnivelar la cancha electoral a favor del oficialismo.
Pero el presidente López Obrador descalifica al candidato López Obrador. El AMLO de hoy considera válido que el titular del Ejecutivo meta las manos y la lengua en el proceso electoral de 2024, y aduce que la legislación que él impulsó atenta contra la libertad de expresión. Y conste que las arengas de Vicente Fox contra AMLO palidecen frente a las descalificaciones de AMLO contra Xóchitl Gálvez. Y es que, en efecto, desde Palacio Nacional se orquestó hace unos meses una campaña de difamación contra la precandidata aliancista mediante el uso tendencioso de información privilegiada para desprestigiarla. Los primeros tiros, como el desafuero, salieron por la culata —las acusaciones de mentir sobre sus orígenes indígenas y la pobreza de su familia—, pero se enmendó el error y se lanzaron obuses que le hicieron daño: señalamientos de un supuesto tráfico de influencias para beneficiar a su empresa. Basta observar las encuestas antes y después de las mañaneras “antixochitlianas” —producidas ilegalmente con cifras confidenciales y mucha maña— para darse cuenta de que sus negativos crecieron considerablemente.
Pregunto a los especialistas en derecho electoral: si el presidente López Obrador ha sesgado la próxima elección presidencial, ¿qué sanción procede? Es evidente que la cancha no es pareja, que existe un desnivel de origen creado por AMLO para restarle votos a Xóchitl. Es decir, el hombre más poderoso de México, en abuso de los privilegios de su posición, arremetió descaradamente contra la futura candidata opositora y le creó una imagen adversa. Miles si no es que millones de mexicanos que no la conocían supieron de ella en un contexto tan negativo como difamatorio. Si según las autoridades electorales al uso ventajoso del poder de Fox le faltó una rayita para ameritar condena, uno pensaría que el de AMLO, que es mucho más abusivo y que ha generado una inequidad mucho mayor que la inducida por el inefable episodio del “peligro para México”, sí rebasa el umbral delictivo. ¿O no?
Dos dudas más. ¿Cómo puede justificarse el cambio de opinión de AMLO —ahora defiende la intromisión grosera del presidente en los comicios, la misma que antes denunció airadamente— en el terreno de la superioridad moral? ¿Karma inverso o ley del talión? ¿Lo que no fue no será, en paráfrasis de la canción? Y finalmente: ¿fue por ello, porque preveían algún castigo ejemplar, que la 4T se empeñó en adueñarse del Tribunal Electoral? Son, lo admito de antemano, preguntas retóricas.