Cultura

Hombre frente al infinito

¿Qué vale un hombre en el infinito? Se preguntaba Pascal. Uno de los pasajes más famosos de sus pensées dice:

“Cuando considero la pequeña duración de mi vida, absorbida en la eternidad que la precede y la sigue, memoria hospitis unius diei praetereuntis (el recuerdo de un huésped que pasa brevemente), el pequeño espacio que ocupo, y cuando me veo abismado en la inmensidad infinita de los espacios que ignoro, me espanto y me asombro”.

Pascal “descubrió” a Dios luego de una crisis existencial, causada por el momento histórico que vivía, en el cual la ciencia se iba apoderando de manera progresiva de la visión de la naturaleza, haciendo a un lado a la religión. Así, la ciencia no logra sustituir la idea de sentido y de propósito creado por la religión y genera un vacío que produce ansiedad, horror y depresión.

Abro un libro de las misiones Apolo. Veo a un astronauta, sereno, contemplando el contrastante juego de intensas sombras que se proyectan sobre la superficie rocosa y, ante él, un cielo tan negro e impenetrable que cuesta trabajo creer que aquel sitio es real.

“¿Qué haces después de ser de los primeros hombres en pisar la Luna?”, se preguntó Buzz Aldrin semanas después del Apolo 11. Entonces Aldrin sintió que había alcanzado sus más grandes sueños y retos, y se encontró atrapado en un esquema donde la vida había perdido sentido y propósito. Tenía 39 años y se volvió alcohólico y se divorció.

Estoy frente al mural Hombre frente al infinito de Rufino Tamayo, que está en el hotel Camino Real en la Ciudad de México. Una figura humana contempla un escenario cósmico prodigioso. La figura, absorta ante un paisaje que poco a poco va revelando sus misterios y mecanismos ocultos, no termina de atenuar su asombro frente a tales fenómenos.

H.P. Lovecraft creó un nuevo tipo de horror: el horror cósmico. Veía el universo como un sitio desconocido, repleto de seres amenazantes y terrores que nos llevan inexorablemente a la locura.

Pasmo. Estupefacción. Vacío. Horror. Esta es nuestra reacción natural ante este escenario oscuro y silencioso, en donde no logramos descifrar ni ubicar nuestra existencia.

¿Por qué querríamos trascender en un mundo tan pequeño e insigificante y un tiempo tan breve? ¿Cuál es la pretensión de querer lograr algo tan quimérico e imposible como la eternidad? Los conceptos de trascendencia y eternidad son perfectamente absurdos cuando se aplican a nuestra incipiente existencia, a nuestra historia.

No sólo la ciencia posee esta facultad de penetrar en los misterios de la naturaleza. La contemplación tiene un poder para comprender el cosmos desde otra perspectiva y así crear un esquema de existencia en el cual quizá no sea necesario cuestionar el porqué estamos aquí y sólo aceptar tácitamente la condición que nos tocó, y permitir que esta totalidad de estructuras y fenómenos físicos nos envuelvan y poder entrar en ellos no como observadores, sino como parte esencial de ellos.

La anatomía no puede penetrar en los complejos y etéreos tejidos del alma y la física no es capaz de comprender la maquinaria fundamental subyacente de todo lo que vemos.

Vivimos en un abismo existencial cotidiano, constante. Nos movemos en un vértigo que nos lleva en una caída libre hacia un abismo insondable donde nuestros gritos de horror no tienen eco y son absorbidos de manera total por el entorno. No es pesadilla: es nuestra rutina diaria, es una reivindicación de nuestro destino, de nuestras fallidas, fugaces e inconsecuentes vidas. Esa es nuestra naturaleza, un sitio sin escape ni alternativas. Caemos, nos desintegramos, desbaratamos y desarticulamos para reconfigurarnos en la nada.

Cerremos esta breve disertación con otro fragmento de Pascal:

“¿Qué quimera es, pues, el hombre? ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué motivo de contradicción, qué prodigio! ¡Juez de todas las cosas, imbécil gusano de la tierra, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y error, gloria y oprobio del universo!”.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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