Durante la administración Trump inició el programa denominado “Protocolos de Protección de Migrantes (MPP)”, restringido inicialmente a personas de países de habla Hispana y Brasil. Un Juez Federal ordenó recientemente la ampliación del programa a cualquier nacionalidad del hemisferio occidental y el Gobierno del presidente Biden lo reanuda.
Es una medida de disuasión para que los migrantes no realicen la travesía que cruza México en búsqueda del sueño americano. Sin embargo, una buena cantidad se encuentran atrapados en México sin poder regresar a sus países, ni trascender la frontera con Estados Unidos.
Así, los solicitantes de asilo en Estados Unidos deberán permanecer en México en tanto se resuelven sus casos judiciales y administrativos relacionados con su inmigración, y contará con una excepción que es el caso de los inmigrantes de nacionalidad haitiana.
Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad de Estados Unidos, apenas en octubre pasado declaró que “El MPP no solo socava la capacidad del gobierno para implementar cambios fundamentales y críticamente necesarios en el sistema de inmigración, sino que no proporciona el proceso justo y las protecciones humanitarias que los individuos merecen bajo la ley”, (citado en The San Diego Union Tribune, Dic. 2, by Kate Morrissey).
En los primeros días de su mandado, el presidente Joseph Biden intentó poner fin al programa, pero las protestas judiciales de los estados de Texas y Missouri, y los acuerdos negociados con México para la reanudación del MPP, han obligado a su reanudación.
Esto va a causar muchos dolores de cabeza porque mientras no se atiendan las causas generadoras de la migración, las oleadas de personas procedentes de Centroamérica y de las Antillas continuarán. Lo peor es que su permanencia en nuestro país por tiempo indefinido obligará a brindarles asistencia médica y alimentaria, algo obvio humanitariamente hablando, pero que nuestro país no está en condiciones para hacerlo.
El programa es una bomba de tiempo con efectos sociales, económicos y políticos incalculables y que exige una atención prioritaria de Relaciones Exteriores de nuestro país para dejar las cosas muy claras, y que no seamos un patio trasero, porque tenemos nuestras propias preocupaciones y necesidades.
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