Negocios
  • Las conexiones claras entre la IA y el empleo

  • Los economistas han debatido a menudo el impacto de la inteligencia artificial; tras menospreciarla, ahora están cada vez más convencidos de que lo hará, y de que los responsables políticos no están preparados.
Los economistas afirman que la IAl aún no ha revolucionado el mercado laboral, pero están convencidos que lo hará. | NYT

Las predicciones funestas de pérdidas de empleo generalizada con la llegada de la inteligencia artificial suele apoyarse en una lectura incompleta de las lecciones de revoluciones tecnológicas pasadas. Incluso los despidos que algunas empresas achacaban a la IA se atribuían a menudo a ejecutivos que buscaban algo a lo que culpar que no fuera su propia mala gestión.

Recientemente, sin embargo, el mensaje de los economistas ha experimentado un cambio sutil; la mayoría sigue sin ver muchas evidencias de que la IA esté perturbando el mercado laboral, pero empiezan a tomarse en serio la posibilidad de que algún día pueda hacerlo. Si lo hace, les preocupa que los diseñadores de políticas públicas no estén preparados para responder.

“No creo que la IA haya llegado aún al mercado laboral, ni que haya cambiado radicalmente la productividad de las empresas, pero creo que está por ocurrir”, aseguró Daniel Rock, economista de la Universidad de Pensilvania que ha estudiado el impacto económico de la inteligencia artificial.

Un equipo de investigadores encuestó a economistas sobre sus perspectivas para los próximos cinco y 25 años. La mayoría espera que la economía crezca un poco más deprisa a medida que mejore la IA, pero sin desviarse sustancialmente de los patrones históricos.

Si la tecnología mejora rápidamente —una posibilidad que consideran improbable pero plausible—, prevén un escenario mucho más drástico, con un crecimiento más rápido pero también una mayor desigualdad y la desaparición de millones de puestos de trabajo.

“Los economistas se están tomando en serio la IA”, dijo Ezra Karger, economista del Banco de la Reserva Federal de Chicago, quien fue uno de los autores del estudio.

Las expectativas de los economistas sobre el futuro son relativamente similares a las de quienes trabajan en el sector de la IA, a quienes también se encuestó en el estudio. Ambos grupos coinciden en que el futuro es incierto: la tecnología podría acabar con categorías enteras de empleos o causar pocas pérdidas de puestos de trabajo. Sus efectos podrían concentrarse en los trabajadores de cuello blanco principiantes o extenderse a los más experimentados y a los obreros. Los cambios podrían trastornar la economía en cuestión de años o tardar décadas en producirse.

Dada la escala potencial de la disrupción, los economistas dicen que es hora de empezar a considerar las políticas que podrían ayudar a los trabajadores desplazados o perjudicados por la economía cambiante, algo que las sociedades a menudo no lograron en las transiciones tecnológicas del pasado.

“Hay suficientes conversaciones en torno a este tema como para que, como país, nos planteemos qué tipo de políticas tienen sentido en un mundo en el que la forma en que funcionan ahora el empleo y las carreras profesionales cambiará mucho en los próximos dos a cinco años”, dijo Robert Seamans, economista de la Universidad de Nueva York.

Un cambio de paradigma

Cuando OpenAI lanzó ChatGPT en 2022, Alex Imas, economista de la Universidad de Chicago, dijo que no lo vio como un cambio de juego económico. La tecnología era potente pero limitada, propensa a cometer errores e incapaz de producir un trabajo con la calidad y la coherencia necesarias para la mayoría de las aplicaciones profesionales.

“Sabía que era importante, pero me sentía más escéptico cuando apareció”, recuerda Imas.

El verdadero cambio se produjo a finales de 2024, cuando OpenAI lanzó un modelo que podía resolver una pregunta paso a paso antes de dar una respuesta. Esa capacidad amplió el tipo de problemas que podía abordar el modelo y lo hizo más confiable a la hora de resolverlos.

“Para mí fue un cambio de paradigma —reconoció Imas—. Y entonces empecé a pensar: ‘Esto es potencialmente un acontecimiento a escala de revolución industrial, si no más’”.

Para otros economistas, el cambio se produjo en los últimos meses, con el lanzamiento de Claude Code —una herramienta de la empresa de IA Anthropic que escribe código informático a partir de las indicaciones de los usuarios— y el despliegue generalizado de “agentes” de IA, sistemas autónomos capaces de realizar tareas directamente.

Molly Kinder, investigadora de la Brookings Institution, quien estudia la IA, confirmó que mientras experimentaba con las nuevas herramientas, se dio cuenta de algo: ya no necesitaba a nadie para hacer el tipo de investigación básica para la que normalmente contrataba a estudiantes universitarios y recién licenciados, y que ella misma había realizado al principio de su carrera.

“No sé qué puede aportar un universitario a mi equipo que Claude no pueda hacer”, aseguró. Los puestos de mayor responsabilidad —los que exigen interactuar con clientes e inversores, o tomar decisiones estratégicas— pueden estar a salvo por ahora, dijo. Pero “si puedes hacer tu trabajo encerrado en un armario con una computadora, al final vas a tener problemas”.

Los avances tecnológicos por sí solos no reconfigurarán la economía. Para que eso ocurra, las empresas tienen que adoptar las herramientas y descubrir cómo utilizarlas de forma productiva.

La historia demuestra que el proceso casi siempre dura más de lo que esperan los inventores. Los obstáculos legales y normativos ralentizan el proceso. Las empresas tienen que volver a capacitar a sus trabajadores o contratar a otros nuevos. Los directivos tienen que desarrollar nuevos procesos y vencer la resistencia de administradores reticentes y departamentos cautos de tecnología de la información.

“En mi opinión, estas conversaciones se han centrado demasiado en lo que puede hacer la tecnología —dijo Martha Gimbel, directora ejecutiva del Laboratorio de Presupuestos de la Universidad de Yale—. Hay mucha tecnología que podría haber cambiado las cosas y no lo hizo”.

¿Será doloroso?

Brynjolfsson destaca entre los economistas por su confianza en el impacto de la IA, pero sus previsiones parecen más sobrias que muchas de las que provienen de Silicon Valley.

Dario Amodei, director de Anthropic, ha advertido que la IA podría eliminar 50 por ciento de los puestos de trabajo de nivel básico en años. El inversor tecnológico Vinod Khosla predijo el año pasado que la IA sustituiría 80 por ciento de los puestos de trabajo en 2030. Elon Musk ha dicho que la tecnología hará que el trabajo sea “opcional”.

Muchos economistas descartan tales predicciones y argumentan que el debate sobre la IA debería centrarse menos en dónde acabará la economía al final y más en el período de transición, potencialmente difícil.

“La pregunta apremiante es: ‘Va a haber un choque tecnológico, ¿qué tan doloroso será?’”, cuestionó Gimbel, del Laboratorio de Presupuestos de Yale.

Según los economistas, la expansión de la IA no tiene por qué significar una pérdida de empleo a gran escala. Según algunas estimaciones, hasta 70 por ciento de los puestos de trabajo están de algún modo expuestos a la IA. Pero eso no significa necesariamente que esos trabajadores estén a punto de ser despedidos.

En un informe publicado el viernes, los investigadores del Boston Consulting Group calculan que más de la mitad de los puestos de trabajo en Estados Unidos serán “reconfigurados” por la inteligencia artificial en los próximos dos o tres años, pero que muchos menos serán sustituidos por completo. La mayoría de los trabajadores realizan una serie de tareas en sus puestos de trabajo, solo algunas de las cuales pueden ser realizadas de forma fiable por la IA.

“Lo que estamos viendo es que la sustitución de puestos de trabajo a gran escala es mucho más lenta porque la implementación es más difícil —aseguró Greg Emerson, autor principal del informe—. Mientras que el aumento y la remodelación de los puestos de trabajo se están produciendo mucho más rápido”.

Aun así, es casi seguro que la IA provocará pérdidas de puestos de trabajo en sectores específicos a medida que las empresas se adapten. Lo dolorosa que resulte esa transición, dicen los economistas, depende de dos factores: la velocidad y la amplitud.

Si la revolución de la IA se desarrolla gradualmente, dará tiempo a los trabajadores para adaptarse. Los trabajadores de más edad podrán terminar sus carreras, mientras que los más jóvenes podrán adquirir las habilidades necesarias o cambiar de profesión.

“Si la velocidad es lenta, hay tiempo para que el empleo se adapte y se creen nuevas funciones”, dijo Imas, economista de la Universidad de Chicago. “Hay trastornos, pero nada que no hayamos visto antes. Pero si es rápido, pueden empezar a ocurrir cosas realmente descabelladas”.

Cómo prepararse

Independientemente de cómo afecte la IA al mercado laboral, los economistas dicen que los diseñadores de políticas públicas deberían actuar ya para modernizar los programas que podrían ayudar a los trabajadores desplazados.

A algunos economistas les preocupa que estas herramientas no estén a la altura del reto.

“En el pasado, nuestra red de seguridad social estaba diseñada para ayudar a la gente a superar sacudidas transitorias —dijo Anton Korinek, economista de la Universidad de Virginia—. Este podría ser en realidad una sacudida más permanente”.

Korinek dijo que muchos economistas evitan este tipo de debates, un impulso que calificó de “emocionalmente comprensible, pero prácticamente una muy mala idea”.

“Como economistas, parte de nuestro trabajo consiste en preocuparnos por cuáles son los mayores riesgos”, dijo. “¿Qué podría causar perturbaciones, y cómo deberíamos prepararnos para esas perturbaciones?”.

C. The New York Times 

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