A pesar de los incrementos históricos al salario mínimo en México, el repunte de la inflación, particularmente en alimentos, está moderando la recuperación del poder adquisitivo y retrasando sus efectos en el bienestar de millones de hogares, sobre todo aquellos con ingresos variables o en la informalidad.
La magnitud del cambio se observa al comparar la evolución del ingreso frente al costo de la canasta básica integral, tanto alimentaria y no alimentaria.
En marzo de 2019 el valor de la canasta por persona era de 3 mil 115 pesos mensuales, prácticamente el mismo nivel que el salario mínimo mensual de 3 mil 80; es decir, un trabajador apenas podía cubrir una canasta individual.
Para 2026, la canasta subió a 4 mil 940 pesos, mientras el salario mínimo mensual llegó a 9 mil 451.20 pesos, lo que significa que en términos agregados puede cubrir casi dos canastas por persona.
Sin embargo, expertos consultados por MILENIO destacan que esa mejora acumulada enfrenta una presión creciente en el corto plazo. En lo que va de 2026, la inflación anual se ubicó en 4.53 por ciento en la primera quincena de abril, pero la canasta alimentaria registra incrementos superiores a 8 por ciento anual.
“Por ello es probable que pueda aumentar a más de 5 por ciento la inflación general, aunque podría ser algo estacional de lograr estabilizar los precios del petróleo y los fertilizantes”, comentó a MILENIO Óscar Arturo García, profesor-investigador titular de la división de estudios sobre el desarrollo del CIDE.
“Sin duda, el golpe más fuerte lo tenemos en alimentos, vivienda, servicios y educación por lo que en conjunto el aumento real queda en 9.6 por ciento”.
Subrayó que, si bien el incremento de 13 por ciento aplicado en enero al salario mínimo mantiene la posibilidad de adquirir el equivalente a dos canastas básicas, el encarecimiento reciente de bienes esenciales redujo esa holgura.
Esto se refleja, dijo, en una caída de 1.2 por ciento en el consumo privado, atribuida a “mayor cautela o aplazamiento en compras destinadas al hogar”.
“Esta baja en el consumo privado tiene otro efecto preocupante que es el débil crecimiento económico ubicado en apenas 0.9 por ciento en el primer trimestre y que nos aleja mucho de alcanzar el 2.8 por ciento estimado por el gobierno federal”, dijo.
Frutas y verduras más caras
David Lozano, coordinador del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, señaló que conforme al Índice Nacional de Precios al Consumidor, sólo en la última quincena las frutas y verduras aumentaron 4.29 por ciento para alcanzar una inflación anualizada de 23 por ciento, golpeando directamente a los consumidores de menores ingresos.
“Y ni qué decir de la carne cuyo precio se ha incrementado entre 15 y 20 por ciento para alcanzar los 240 y 260 pesos por kilogramo, lo que se traduce en una pérdida concreta de la capacidad de compra”.
Lozano enfatizó que, además de factores estructurales como energéticos y fertilizantes, persisten fallas administrativas que agravan la espiral inflacionaria.
“Hemos detectado que el margen de ganancia de muchos centros comerciales supera el ciento por ciento… en la Central de Abastos se adquiere en 35 pesos el kilogramo de jitomate, pero ya en anaqueles se vende hasta en 70 pesos”.
A ello se suma la informalidad laboral, que mantiene a 55 por ciento de la población ocupada con ingresos frecuentemente inferiores al mínimo, limitando el alcance real de la política salarial.
“Se hicieron grandes esfuerzos para recuperar el poder de compra de los trabajadores de menores ingresos, pero falta una política integral de fortalecimiento del salario”, dijo.
AKMD