La directora de análisis del grupo financiero Monex, Janneth Quiroz, señaló que el dato de inflación de marzo marca un punto de inflexión interesante porque comienza a capturar, de forma más tangible, los efectos del conflicto en Oriente Medio sobre los precios internos.
La inflación al consumidor durante marzo creció 4.59 por ciento a tasa anual, debajo del 4.64 por ciento previsto por el consenso. Mientras que el índice subyacente se expandió 4.45 por ciento.
Este crecimiento fue el mayor para el mes de marzo desde 2022, año en el que se resintieron los efectos del covid-19 y la guerra en Ucrania.
Canales clave que se enfrentan a la inflación
Sin embargo, Quiroz indicó para MILENIO que es importante matizar: no es la primera vez que la inflación en México refleja el impacto de una guerra, pero sí es uno de los primeros registros en este episodio específico donde ya se observan canales de transmisión más claros.
Además, explicó que en términos de mecanismos, el principal canal es el de energía. El conflicto ha presionado al alza los precios internacionales del petróleo y del gas, lo que incide directa e indirectamente sobre la inflación.
“En México, aunque los precios de los energéticos tienen cierto grado de administración, el aumento en referencias internacionales comienza a filtrarse vía mayores costos en transporte, electricidad (en algunos componentes) y, sobre todo, en insumos productivos”, comentó Quiroz.
- Lo anterior se traduce en presiones sobre el componente no subyacente, pero también empieza a permear hacia ese rumbo.
- El segundo canal relevante es el de costos logísticos y disrupciones en cadenas de suministro.
Quiroz indicó que las tensiones en rutas clave, particularmente marítimas, elevan los costos de flete y seguros, lo que encarece la importación de bienes intermedios.
Esto puede estar detrás de incrementos en mercancías alimenticias y no alimenticias, aunque de forma más gradual que en energéticos.
- Mientras que el tercero, está el canal de commodities agrícolas. El conflicto también incide en precios internacionales de granos y fertilizantes, lo que puede amplificar choques internos como los que ya se observan en frutas y verduras.
“Es decir, el entorno global exacerba presiones locales, haciendo más persistente la inflación en alimentos”, explicó Quiroz.
Sin embargo detalló que esta no es a primera vez que pasa, ya que existen antecedentes claros:
El más recientemente, durante la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022 que generó un repunte inflacionario significativo a nivel mundial, especialmente en energía y alimentos, cuyos efectos también se reflejaron en México.
Un segundo fue durante la Guerra del Golfo (1990-1991), cuando observó un choque importante en precios del petróleo que impactó la inflación global.
“Lo que sí distingue al dato actual es que el impacto está entrando en una fase más visible dentro de la inflación actual, después de un periodo inicial donde los mercados absorbieron parcialmente el choque o donde los efectos eran más anticipados que realizados” dijo.
Quiroz explicó que el dato de este jueves sugiere que el conflicto en Medio Oriente ya dejó de ser un riesgo potencial para convertirse en un factor activo en la dinámica inflacionaria.
Además, destacó que hacia adelante, la preocupación no es sólo el nivel de precios, sino la persistencia: si el conflicto se prolonga o escala, podríamos ver una transmisión más amplia hacia el componente subyacente, complicando el panorama para la política monetaria y elevando el riesgo de un proceso inflacionario más rígido.
KL