Emiratos Árabes Unidos tiene una visión clara en la cual apostar su capital: petróleo, energías renovables y capital financiero; justo detrás de esta estrategia está Sultan Ahmed Al Jaber, líder de la principal petrolera del país y el ministro de industria y tecnología avanzada de la nación.
Su papel toma un mayor peso por la reciente decisión del país de salirse de tomar distancia de la OPEP, en un movimiento que apunta a ganar mayor autonomía para producir, invertir y negociar sin las restricciones del bloque.
Pero en paralelo expandieron su relación energética e inversión con Estados Unidos; destacando una inversión proyectada de 440 mil millones de dólares por parte de los Emiratos Árabes Unidos en el sector energético del país norteamericano para 2035.
Estos acuerdos abarcan tanto energías limpias como petróleo y gas natural, con el objetivo de acelerar la transición energética y fortalecer la infraestructura.
Pero esta decisión puede que no solo se centre en Estados Unidos, pues para México esto abre una ventana potencial para atraer inversión en sectores clave para el plan de la presidenta Claudia Sheinbaum como infraestructura energética, logística y proyectos de transición.
Visión de transición
Sultan Ahmed Al Jaber dirige Abu Dhabi National Oil Company (Adnoc) desde 2016, donde impulsó una expansión agresiva en la producción de crudo, con la meta de alcanzar 5 millones de barriles diarios hacia 2030.
Al mismo tiempo, fue presidente de la COP28, convirtiéndose en una de las caras más visibles de la agenda climática internacional.
Lejos de esquivar la aparente contradicción, el sostiene: el petróleo seguirá siendo necesario durante la transición energética.
Bajo esa lógica, su estrategia no es reducir la dependencia, sino administrar el cambio sin perder mercado.
El enfoque de Emiratos refleja un giro más amplio en el Golfo: usar la riqueza petrolera para financiar el futuro.
A través de plataformas como Masdar, el país invirtió en energías limpias, hidrógeno y captura de carbono.
Sin embargo, la balanza sigue inclinada: las inversiones en petróleo y gas superan ampliamente a las destinadas a tecnologías verdes.
Para Abu Dhabi, esto no es una contradicción, sino una cobertura: asegurar ingresos hoy mientras se construyen alternativas para mañana.
Capital global
Una de las jugadas más relevantes de Sultan Ahmed Al Jaber es abrir el sector energético emiratí al capital internacional.
Adnoc concretó acuerdos multimillonarios con los gestores gigantes de fondos BlackRock y KKR, consolidándose como un actor atractivo para inversionistas.
El movimiento, además, va en ambos sentidos: los Emiratos no solo reciben inversión, también buscan colocarla en mercados estratégicos.
Norteamérica, y en particular México, aparece como una plataforma clave para expandir su influencia energética y financiera.
La figura de Al Jaber resume una realidad de la transición energética: no está siendo liderada únicamente por actores “verdes”, sino también por potencias petroleras que buscan mantenerse relevantes.
En ese contexto, Emiratos Árabes Unidos no apuesta por elegir entre petróleo o energías limpias, sino por dominar ambos.
Y mientras el mundo debate el ritmo del cambio, Al Jaber opera con una lógica distinta: asegurar que, pase lo que pase, su país siga siendo indispensable.
Perfil
Sultan Ahmed Al Jaber nació el 31 de agosto de 1973 en Umm Al Quwain.
Su formación fue internacional: estudió Ingeniería Química en la Universidad del Sur de California, con una beca financiada por Adnoc.
Después completó un MBA y un doctorado en negocios y economía, consolidando un perfil técnico con visión global.
Su carrera despegó desde el sector público, en un momento en que Emiratos comenzaba a preguntarse cómo sobrevivir más allá del petróleo.
En ese contexto, fue uno de los arquitectos de Masdar, la apuesta del país por las energías limpias.
Ahí construyó su reputación como operador moderno: capaz de hablar el lenguaje de la sostenibilidad sin romper con la lógica petrolera.
El punto de inflexión llegó en 2016, cuando asumió la dirección de Adnoc.
Desde entonces, transformó la petrolera estatal: no solo aceleró la producción, también abrió el sector a inversión extranjera, algo poco común en empresas nacionales del Golfo.
En 2023 fue nombrado presidente de la COP28, lo que provocó críticas de ambientalistas por su doble rol.
Para muchos, representaba un conflicto de interés; para Emiratos, era una señal de pragmatismo: incluir a los grandes productores en la conversación climática.
Lejos de suavizar su postura, Al Jaber ha defendido una narrativa clara: el mundo no puede prescindir del petróleo de inmediato, por lo que la transición energética debe construirse con la industria, no contra ella.
FM