Hace unas cuantas semanas escribí una columna sobre Kevin Warsh y cómo podrá manejar la política monetaria como nuevo presidente de la Reserva Federal. Además de interpretar las señales de la inflación, para mí uno de los principales retos para Warsh es superar del inflado balance general de la Fed posterior a 2008 y curar al país de su adicción a la política monetaria en lugar de la fiscal. Warsh ya había adoptado (creo que con razón) una postura firme contra el exceso de dinero fácil desde 2008. ¿Podrá corregir el legado de esto ahora? Argumenté que, para esto, se necesita una Casa Blanca y un Congreso dispuestos a tomar decisiones difíciles entre los grupos de interés.
Más o menos al mismo tiempo leí un artículo interesante de David Zervos, estratega jefe de mercado de Jefferies, un economista que antes fue asesor visitante de la Junta de Gobernadores de la Fed en Washington. Comparte mi opinión de que el dinero fácil aumentó la desigualdad (al impulsar los mercados más que los salarios), exacerbando así el populismo y desestabilizando la política, incluso cuando al mismo tiempo impulsaba los mercados. Los dos creemos que controlar el balance general será importante para estabilizar las primas de riesgo a largo plazo en Estados Unidos.
Sin embargo, aunque en mi columna me mostré escéptica respecto a que Warsh pudiera hacer mucho al respecto sin un poder ejecutivo o un Congreso más funcionales, Zervos argumentó que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien ha sido más intervencionista en los mercados, podía ofrecer un nuevo tipo de “opción” —mediante la compra de valores respaldados por hipotecas, intervenciones cambiarias, etcétera— que ayudaría a aliviar la presión sobre la Fed, dándole así a Warsh más margen para ajustar el balance general. Tenemos la suerte de contar hoy con Zervos en Swamp Notes, así que quiero profundizar un poco más en estos escenarios y conocer su opinión sobre cómo pueden evolucionar las cosas, en especial en vista de todas las noticias de los últimos días.
Para empezar, el viernes pasado recibimos la noticia, nada inesperada, de que la Suprema Corte de Estados Unidos dictaminó que el uso de aranceles de emergencia por parte de Trump era ilegal. Los gravámenes en cuestión ascienden a alrededor de 175 mil millones de dólares, por lo que es posible que ahora parte de ese dinero empiece a fluir de vuelta a la economía a través de reembolsos, aunque será un proceso largo y complejo. Mientras, el presidente de EU ya impuso un nuevo arancel global de 15 por ciento a todas las importaciones, a través de la sección 122, y puede tratar de invocar impuestos más altos en algunos sectores al amparo de las disposiciones de seguridad nacional 232 y las normas sobre prácticas desleales de mercado 301, que se han utilizado para tomar medidas arancelarias contra países como China. Aun así, mi conclusión inicial es que esta decisión de la Suprema Corte será un empuje para la economía, junto con la política fiscal que ya estaban impulsando el Tesoro y la Casa Blanca.
Al mismo tiempo, existe la posibilidad de ataques de Estados Unidos contra Irán. Como ya he escrito, creo que los mercados están minimizando el riesgo de un aumento repentino del precio del petróleo el próximo año. Cualquier tipo de bloqueo a través del estrecho de Ormuz eliminará rápidamente el exceso de petróleo del mundo. Si a esto le sumamos que las disposiciones de seguridad nacional de la sección 232 serán ahora la principal vía de entrada de aranceles para la administración Trump, podríamos tener una postura geopolítica (aún) más provocadora de este gobierno de cara a la cumbre entre Washington y Pekín en abril. Dada la mentalidad de Trump (que suele volverse más agresivo bajo presión), esto me hace pensar que el riesgo de conflictos accidentales en nuestro ya de por sí peligroso mundo está aumentando.
Considerando todo, dudo que veamos una inflación contenida. La economía se está sobrecalentando, la situación geopolítica es más tensa, los cuellos de botella en la cadena de suministro global siguen siendo un problema y, a menos que el crecimiento de la productividad sea bastante fuerte, Warsh podría tener menos margen para recortar las tasas de lo que le gustaría. Así que mis preguntas, David, son dos. Primero, ¿cuál es tu análisis sobre cómo el fallo de la Suprema Corte y la situación con Irán pueden afectar la inflación? Y segundo, si creemos que los riesgos siguen siendo al alza, ¿qué podrían hacer Bessent y la Casa Blanca para facilitar el trabajo de Warsh?
Lecturas recomendadas
-Un artículo en The New York Times muestra cómo Los multimillonarios californianos, ansiosos por optimizar sus impuestos, crearon una nueva industria artesanal de consultores. ¿Pero en serio? Si te preocupa cómo ahorrar dinero trasladando tu Rothko de Palo Alto a Aspen, tienes demasiado tiempo y dinero.
-En Financial Times, pensé que mi colega Sarah O’Connor tenía toda la razón al decir que debemos dejar de referirnos a ciertos trabajos que no requieren títulos universitarios como “poco cualificados”. La niñera de mis hijos tenía muchísima más cualificación que muchas personas con las que he trabajado con sueldos de seis cifras.
-Un texto de The Wall Street Journal explica cómo la politización de las aprobaciones de medicamentos de la FDA es (otro) ejemplo extremadamente preocupante de capitalismo clientelista en la administración Trump.
-Me interesó un artículo de The Economist sobre cómo los líderes chinos centran su atención en la disfunción cultural y económica de Estados Unidos para evitar la suya.
David Zervos responde
Hola, Rana. Hay mucho que analizar en este artículo en Swamp Notes, con el que coincido en su mayoría, pero vamos a empezar analizando cómo la sentencia de la Corte Suprema sobre la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional y la situación con Irán pueden afectar a la inflación. Para mí, la respuesta es muy poco. Recuerda que la última lectura del IPC general fue de 2.4 por ciento interanual en enero. Esto es solo 0.1 por ciento superior al mínimo del ciclo posterior a la pandemia establecido justo antes del Día de la Liberación. También está muy cerca del objetivo de 2 por ciento de la Fed y está por debajo del máximo de 9 por ciento de hace tan solo tres años y medio.
En resumen, todas las predicciones sobre un repunte de la inflación debido a riesgos geopolíticos y arancelarios han fracasado de manera estrepitosa durante el último año; sin embargo, esto no debe sorprendernos. Los que nos advirtieron hace tres años sobre la inminencia de una recesión son los mismos que pronosticaron este repunte inflacionario. Y, por desgracia, siguen en la misma línea, intentando vender más cataclismos inflacionarios en 2026.
Estos académicos keynesianos de élite, en su torre de marfil, junto con la horda de los grupos de reflexión de Washington y los economistas de la Reserva Federal, se basan en modelos macroeconómicos defectuosos basados en la curva de Phillips. Y eso los lleva constantemente (a ellos y a sus clientes) por mal camino. En ese sentido, vale la pena destacar que hace tres años afirmaron que la tasa de desempleo tendría que subir a 6 o 7 por ciento durante al menos dos años para que la inflación volviera a su objetivo de 2 por ciento. ¡Se equivocaron de nuevo! La productividad y las fuerzas del lado de la oferta crearon un auge desinflacionario. Y es probable que esto continúe hasta 2026.
La buena noticia es que Warsh no ve las perspectivas económicas desde una perspectiva keynesiana. Ha sido muy crítico con los modelos basados en la curva de Phillips en el pasado y, sin duda, en su nuevo cargo, será un defensor de la oferta. Centrar la atención en las fuerzas desinflacionarias asociadas al crecimiento de la productividad será una prioridad para Warsh. Y eso mantendrá al margen a los halcones (con una postura de línea dura) y hacks (corruptos) con motivaciones políticas que actualmente ocupan la Reserva Federal, con sus deficientes modelos de demanda. El nuevo presidente de la Fed contará con un amplio respaldo en materia de oferta por parte de la administración, con Kevin Hassett y Bessent. Ambos han invocado continuamente el espíritu de Ricitos de Oro de la era Greenspan de la década de 1990.
Eso nos lleva a tu segunda pregunta, que en realidad no necesita respuesta, ya que no veo riesgos significativos de alza para la inflación. Para mí, los retos actuales se manifiestan más bien en la debilidad del empleo. Las fuerzas schumpeterianas, creativamente destructivas, que impulsaron la tasa de desempleo de 3.5 a 4.3 por ciento en los últimos tres años son reales. El rápido aumento de la productividad llevó a una debilidad del mercado laboral, a la vez que el crecimiento se ha mantenido cerca de un punto porcentual por encima de la mayoría de las estimaciones de potencial. Todos los datos macroeconómicos apuntan a que el lado de la oferta impulsa la economía, no la demanda. Por eso, un banco central estadunidense bajo la dirección de Warsh probablemente va a considerar políticas de estímulo de la demanda para contrarrestar la debilidad del empleo. Al fin y al cabo, la función de la Fed es maximizar el empleo en un contexto de estabilidad de precios. Con las expectativas de inflación a largo plazo ancladas con firmeza y el IPC en 2.4 por ciento, la atención se centrará con rapidez en volver a situar la tasa de desempleo en 3.5 por ciento hacia el segundo semestre de este año.