Negocios

¿Kevin Warsh arreglará los problemas de la Fed?

Si no queremos ver una inflación más alta y una devaluación del dólar, necesitamos hacer algunos sacrificios presupuestarios para controlar la deuda, la pregunta es si el nominado de Trump podrá hacerlo

Hay un cierto nivel de “veracidad”, como diría el comediante Stephen Colbert, en la idea de que estamos a punto de tener una conversación seria sobre la política monetaria en Estados Unidos. A pesar de sus constantes llamados a unas tasas de interés más bajas, el presidente Donald Trump nominó como próximo presidente de la Reserva Federal a Kevin Warsh, quien anunció hace poco más de dos meses que “el dinero en Wall Street es demasiado fácil y el crédito para la gente común es demasiado escaso”. Amén.

Dice que quiere recortar el enorme balance de la Fed, lo que puede elevar las tasas de interés a largo plazo. Por supuesto, Warsh también es un astuto operador político que parece dispuesto a seguir las órdenes de Trump. Ya dijo que cree que EU puede estar a punto de un auge de la productividad relacionado con la inteligencia artificial (IA) que impulsará la producción de los trabajadores, lo que permitirá a la Fed recortar las tasas sin provocar un aumento de los precios. Nadie sabe aún si esto es cierto.

Pero Warsh tiene toda la razón en una cosa. EU se volvió peligrosamente dependiente de la “Fed put” (la creencia de los mercados de que la Fed va a intervenir en caso de ser necesario). Cuando la situación se complica, los responsables políticos de Washington han evitado tomar decisiones fiscales difíciles y han dependido del dinero fácil y de las tasas bajas para impulsar los mercados y el crecimiento del PIB durante décadas.

¿Podrá solucionar ese problema? La primera impresión que tengo es que no.

Para depender menos de la política monetaria, sin importar quién esté al mando de la Fed, se necesitaría una política fiscal inteligente que aborde los desafíos del ciudadano común. Facilitar el acceso al crédito a las pequeñas empresas no capacitará a la fuerza laboral, ni solucionará el mercado inmobiliario ni reducirá los costos de atención de salud. Para esto se requerirán conversaciones de “guns and butter” (conversaciones serias del gasto militar y la economía nacional del bienestar social y el consumo interno) sobre las concesiones presupuestarias, así como un Congreso y una Casa Blanca dispuestos y capaces de mantenerlas.

No hemos tenido ninguna de las dos desde la década de 1960.

El término “guns and butter” nos recuerda al ex presidente Lyndon Johnson, quien, como es muy conocido, intentó librar la guerra de Vietnam y lanzar al mismo tiempo sus programas sociales de la Gran Sociedad sin subir los impuestos. Esto provocó un aumento del déficit fiscal y de la inflación.

Ese problema lo frenó Paul Volcker. Fue la última vez que un presidente de la Fed tomó medidas decisivas (y dolorosas) a contracorriente política. Pero también fue un punto de inflexión definitivo que demostró que la Fed podía, de hecho, garantizar la estabilidad macroeconómica.

Desde entonces, todos los presidentes y todos los congresos han recurrido a la Fed para que haga eso. El resultado es una tendencia de medio siglo de tasas de interés a la baja, varios episodios de flexibilización cuantitativa con un impacto cuestionable en el crecimiento económico real y un número creciente de ciclos financieros de auge y caída.

Estos últimos siempre son dolorosos. Pero para el Congreso y los presidentes estadunidenses, en apariencia, son menos dolorosos que decirles a los votantes la verdad: que EU gasta mucho más de lo que puede y que, como resultado, eventualmente habrá que pagar una prima de riesgo más alta. Si no queremos ver una inflación más alta y una devaluación del dólar, necesitamos hacer algunos sacrificios presupuestarios para controlar la situación de la deuda.

Ni Trump ni este Congreso cautivo serán los que lo hagan. En vez de eso, parece que nos encaminamos a una repetición de las políticas de la era Reagan de recortes de impuestos, desregulación y refuerzo de la defensa (como lo demuestra el programa “Cúpula Dorada” de 175 mil millones de dólares de Trump) en un momento en que la relación deuda federal / PIB es más de tres veces de la que era en ese momento. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, puede considerarse un halcón del déficit (con una posición de línea dura con el déficit), pero los recortes de impuestos del año pasado solo añadieron otro 1 por ciento del PIB al déficit, y las propuestas de Trump de reembolsos arancelarios fácilmente pueden duplicar esa cifra.

Tal vez si crees que un gran auge de la productividad está a la vuelta de la esquina, puede imaginar manejar una economía tan dinámica sin crear presiones inflacionarias. Espero que así sea. Pero existe la misma probabilidad de que la combinación de aranceles, reindustrialización, recortes a la inmigración (que limitan la fuerza laboral) y alguna nueva disrupción en la cadena de suministro (que puede ocurrir por razones que van desde la geopolítica hasta desastres naturales) eleve los costos antes de que termine el mandato de Trump.

¿Qué hará Warsh en ese momento? Adoptó una postura firme (y creo que correcta) respecto al dinero fácil cuando los demócratas estaban al mando durante la crisis financiera y la pandemia. Los progresistas querían varias rondas de expansión cuantitativa y tasas más bajas para impulsar los ingresos en la parte baja del espectro socioeconómico, y muchos participantes del mercado querían que impulsaran los precios de las acciones. Pero nunca hubo muchas posibilidades de que todo ese dinero fácil compensará los cambios estructurales en la economía que perjudicaban a la mano de obra nacional poco cualificada. La flexibilización cuantitativa, en particular las últimas rondas, fue un paliativo que no pudo compensar el aumento del costo de bienes como vivienda, educación y atención de salud.

Si Warsh adopta ahora una estrategia de dinero blando (financiamiento no regulado) bajo el gobierno de Trump sin datos confiables y consistentes que demuestren que la IA está cambiando la historia de la inflación, entonces sabremos que tiene “veracidad”, en lugar de basarse en principios. Sabremos que ya llegamos a una nueva etapa en la “Fed put”.

Las exigencias de Trump de tasas y su trato al actual presidente de la Fed, Jerome Powell, sentaron un nuevo y peligroso precedente. Muchos políticos utilizaron al banco central para evadir los problemas de deuda y déficit. La pregunta ahora es si Trump lo utilizará para evadir la democracia.


Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

Más notas en: https://www.ft.com