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Qué representan las elecciones de mitad de mandato

Desde los últimos 80 años, las bolsas suben en EU tras la votación intermedia sin importar el partido vencedor

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Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos siempre son importantes, pero la votación de esta semana tiene un peso que no se veía desde hace décadas. Se trata de un referendo, no sólo sobre los candidatos, sino sobre el sistema mismo. ¿Resistirá después de años de manipulación de los distritos electorales y una política más polarizada? ¿Habrá agitación o la Casa Blanca rechazará los resultados? ¿Y qué nos dirá la votación sobre el rumbo que tomará el país tanto en el plano político como en el económico? Hay cinco cuestiones clave a las que prestaré atención.

En primer lugar, ¿los demócratas lograrán una victoria tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado? Pensé (erróneamente) que en 2024 llegaría una “ola azul”, pero, en esta ocasión, Polymarket situaba las probabilidades de que los demócratas tomaran el control de la cámara en 95 por ciento, y el Senado (una batalla más difícil) asignaba 73 por ciento. Dado que los índices de aprobación presidencial son el mejor indicador de los resultados en las elecciones, y teniendo en cuenta que 61 por ciento del país desaprueba a Donald Trump, creo que los demócratas tienen buenas posibilidades de lograr una victoria completa, aunque sea por un margen estrecho.

La segunda cuestión es qué mensaje debemos extraer de una posible “ola azul”: ¿está ocurriendo una reconfiguración fundamental de la política en EU, o es que la gente está harta de la inflación? Apuesto más por lo último, dado que 84 por ciento de la población considera la economía como el tema electoral más importante. Los índices de aprobación de Trump han evolucionado de forma inversa a los precios de la gasolina luego del conflicto contra Irán, y las probabilidades de que los demócratas obtengan el Senado aumentan a la par que el precio del diesel. Alrededor de 68 por ciento del país desaprueba el manejo de Trump respecto a la inflación, la cual supera el crecimiento de los salarios.

La crisis del costo de vida beneficiará a los demócratas en estados clave de la zona central del país (Pensilvania, Ohio) e incluso puede inclinar hacia el bando demócrata estados republicanos, como Iowa, donde los agricultores se ven afectados por el aumento de los precios del diesel y los fertilizantes, así como por los aranceles. Los efectos inflacionarios en otros estados en disputa con economías orientadas a la exportación y la agricultura, como Michigan, Georgia y Carolina del Norte, también favorecen a los demócratas. Por último, el aumento de los precios de la electricidad derivado de los centros de datos (con el respaldo de la Casa Blanca) puede perjudicar a algunos republicanos que hoy ocupan el cargo.

Sin embargo, dentro de este gran relato, resumido en la famosa frase “es la economía, estúpido”, existen tendencias más sutiles. Un tercer aspecto que estoy observando es cómo se distribuye el voto según la edad. Sabemos que los jóvenes tienden a ser más progresistas. Un estudio realizado a principios de 2026 reveló que, en los últimos años, 28 por ciento de los adultos jóvenes se ha desplazado hacia posturas de izquierda, frente a 15 por ciento que se ha movido hacia la derecha. Existe un relato según el cual los votantes de mayor edad y más conservadores, que son los que poseen la mayor parte de la riqueza del país, se enfrentarán a los más jóvenes y progresistas; ambos bandos pugnarán por obtener su parte de un pastel cada vez más pequeño (por ejemplo, la seguridad social frente al gasto en educación).

Sin embargo, el aumento de los costos de la vivienda afecta tanto a pensionados como a jóvenes que alquilan, al igual que ocurre con la inflación en el sector de atención de salud. Tasas de interés más altas encarecen las hipotecas y la deuda estudiantil. Esto puede unir a votantes de distintas edades en torno a una agenda centrada en la asequibilidad. Es probable que esto siga beneficiando a los demócratas, ya que los republicanos que ocupan cargos públicos deben justificar por qué no son responsables de la actual situación inflacionaria.

Será importante observar qué candidatos ganan, dónde y por qué. ¿Serán los ganadores de las elecciones populistas que abogan por aumentar los impuestos a los ricos y a las grandes empresas para fortalecer la red de seguridad social, o serán moderados, de cualquiera de los dos partidos, que se concentran en acelerar la construcción de viviendas y en aplicar créditos fiscales específicos? Del mismo modo, ¿veremos un efecto de “herradura” más pronunciado, en el que tanto la extrema izquierda como la extrema derecha triunfen gracias a un discurso de populismo económico? ¿Y lograrán, por fin, las preocupaciones de clase imponerse a las cuestiones culturales?

En este sentido, habrá que ver si un populista económico musulmán, como Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, logra convencer, mediante una propuesta de Medicare para todos, a votantes que tienen recelos con su identidad; o si, por el contrario, un bombero local de Pensilvania, Bob Brooks, consigue convencer a sus compañeros del sindicato para que vuelvan a votar por opciones progresistas, a pesar de su rechazo a la cúpula nacional del partido. Las respuestas ayudarán a determinar si los demócratas pueden recuperar su influencia entre la clase trabajadora, un vínculo que los republicanos lograron fracturar a partir de 2016.

Por último, hay que prestar atención a la brecha entre el ámbito urbano y el rural. Los republicanos suelen obtener mejores resultados en las zonas rurales, mientras que los demócratas dominan la mayor parte de las áreas costeras, más pobladas y ricas. Hoy los progresistas se esfuerzan por ampliar su atractivo geográfico, alejándose de la política identitaria.

Será importante observar si siguen ganando principalmente en las ciudades o si logran atraer a votantes de las zonas rurales, tanto blancos como hispanos, preocupados por el costo de la vida en estados como Carolina del Norte, Wisconsin, Iowa y Texas, o a aquellos inquietos por la proliferación de centros de datos en lugares como Pensilvania y Ohio.

Analistas y encuestadores examinarán los resultados durante las próximas semanas, ya que ayudarán a definir el rumbo de cada partido de cara a las presidenciales de 2028. Sin embargo, desde la perspectiva de un inversionista, los ciclos económicos siguen siendo más relevantes que los electorales para determinar el rendimiento de los activos. Trump advierte que una victoria demócrata desencadenaría una nueva Gran Depresión; no obstante, en los últimos 80 años, los mercados de valores han registrado alzas después de cada elección intermedia, sin importar el partido que resultara vencedor. Tal vez el mercado sea quien mejor entiende la situación.


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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