La guerra puede terminar, pero los iraníes exigen el pago de una tasa de 1 dólar por barril en criptomonedas a cualquier barco que intente navegar por el estrecho de Ormuz. Esto es claramente una reacción al uso del dólar como arma que siguió a la guerra en Ucrania. Desde entonces, muchos mercados emergentes han tratado de reducir su vulnerabilidad a la divisa estadunidense.
Mientras, las repercusiones de la inflación de la energía y los problemas en las cadenas de suministro apenas empiezan a sentirse después de cinco semanas de guerra; la capacidad de producción saudita se redujo en 600 mil barriles diarios y cientos de buques varados en el golfo crearon un efecto dominó cuya solución puede tardar años. El gobierno de Donald Tump espera dejar atrás este desastre, pero la economía estadunidense y mundial tardará meses, si no es que años, en recuperarse de la guerra que impulsó el republicano.
¿Qué ocurrirá después? Siempre me interesa analizar eventos como las disrupciones geopolíticas actuales en el contexto histórico. Así que me interesó leer el último boletín informativo de Luke Gromen, uno de mis analistas de mercado favoritos, titulado “Forest for the Trees”, que analiza las lecciones del libro The War Lords and the Gallipoli Disaster: How Globalized Trade Led Britain to Its Worst Defeat of the First World War (Los señores de la guerra y el desastre de Gallipoli: cómo el comercio globalizado llevó a Gran Bretaña a su peor derrota en la Primera Guerra Mundial, del historiador naval británico Nicholas Lambert. Gromen me acompaña hoy en Swamp Notes para hablar sobre los próximos pasos y las lecciones que podemos aprender de la historia.
Como señala, el libro de Lambert establece varias comparaciones significativas entre la malograda campaña británica de Gallipoli, que tenía como objetivo arrebatar la península al norte de los Dardanelos a Turquía en 1915, como una forma de asegurar un punto estratégico clave en la cadena de suministro. Mientras que la mayoría de los estudios históricos analizan este movimiento desde la perspectiva de la estrategia militar, Lambert la considera un esfuerzo económico.
Una de las razones por las que esto era tan importante es que Gran Bretaña se había convertido en una economía tan globalizada que no podía sobrevivir mucho tiempo a la disrupción del suministro de bienes, en particular de materias primas agrícolas como el trigo que viajaba desde Ucrania a través del estrecho de Galípoli. Si el trigo no podía circular, no sólo los precios de los alimentos provocarían indignación en Reino Unido, sino que el gobierno británico tendría que prestar dinero a Rusia. Para saber más sobre la fascinante globalización del comercio de cereales en el siglo XIX y principios del XX, consulten mi reseña de 2022 del magnífico libro de Scott Reynolds Nelson, Oceans of Grain.
En ese entonces, como ahora, la economía global, a lo largo de varias décadas, se había orientado hacia la eficiencia de la producción justo a tiempo. Entonces, como ahora, el país con la moneda de reserva mundial era mucho más vulnerable de lo que uno pensaría, porque el privilegio de tener la condición de moneda de reserva conllevaba la desventaja de depender más del comercio mundial. Entonces, como hoy, la potencia dominante no logró aniquilar por completo a su oponente: el fracaso británico en Galípoli significó que los otomanos permanecieron más tiempo en la guerra, las bajas aliadas se dispararon y la reputación de Gran Bretaña en todo el mundo se vio dañada. La Primera Guerra Mundial marcó el principio del fin de la libra esterlina como reserva global (el golpe definitivo llegó luego de la Segunda Guerra Mundial). Puede decirse que también marcó el principio del fin del dominio británico como potencia mundial.
Desde hace tiempo creo que EU se dirige en la misma dirección. Todos conocemos los intentos de esta administración por encontrar el equilibrio entre las presiones de un dólar fuerte, la dependencia de las cadenas de suministro de China y el deseo omnipresente de Trump de mantener altos los mercados de valores estadunidenses. Irán puso de manifiesto las tensiones entre todos estos factores, de diversas maneras. Como escribí en una columna hace unas semanas, entre la gran cantidad de debilidades estadunidenses que la guerra puso de relieve se encuentra la vulnerabilidad de Estados Unidos en el mar. Las industrias marítimas son algunas de las muchas que China ha protegido en los últimos años.
La historia no se repite, pero rima, como bien dijo Mark Twain. Así que, Luke, me encantaría que dieras tu opinión sobre lo que la situación en Irán en las últimas cinco semanas nos revela acerca de los mercados, las cadenas de suministro, el dólar y el lugar de EU en el mundo. Basándote en tu propio trabajo y tu conocimiento de la historia, ¿qué podemos esperar en las próximas semanas, meses y años?
Lecturas recomendadas
-Tenía mucho tiempo que no leía una revista y sentía que cada artículo era imprescindible. Pero así me sentí con el número especial sobre el futuro de The New Yorker. Desde el análisis profundo e imprescindible de la personalidad de Sam Altman (por Ronan Farrow y Andrew Marantz, un trabajo en equipo extraordinario) hasta la inquietante mirada de Antonia Hitchens a los seguidores de la figura de extrema derecha Nick Fuentes, los Groypers, y cómo pueden ser el futuro del Partido Republicano, pasando por la impresionante portada y los cómics que capturan a la perfección el momento, este fue uno de esos números para guardar en el recuerdo. Revista en su máxima expresión.
-También me impresionó el artículo de portada de The New York Times de Jonathan Swan y Maggie Haberman, en el que se analiza en detalle cómo EU entró en guerra con Irán (de un libro próximo a salir con el magnífico título: Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump o Cambio de régimen: dentro de la presidencia imperial de Donald Trump).
-En un episodio de su excelente pódcast Power and Consequences, el expresidente de la SEC Gary Gensler y el profesor y autor del MIT Simon Johnson exponen los riesgos actuales del crédito privado y las analogías históricas pertinentes para comprenderlos. Para más información sobre este tema, les recomiendo leer mi columna del lunes.
Luke Gromen responde
Hola, Rana. Me centraré principalmente en dos aspectos: el económico inmediato y el de la cadena de suministro, y el estratégico, macroeconómico y geopolítico a largo plazo.
El aspecto económico inmediato es que el estrecho de Ormuz lleva seis semanas prácticamente cerrado; esto dejó fuera de servicio entre 7 y 10 por ciento del suministro mundial de petróleo, una vez descontadas las soluciones alternativas y las compensaciones, además de causar una disrupción en otras cadenas de suministro de materias primas críticas. A modo de comparación, la demanda mundial anual de petróleo cayó 9.2 por ciento interanual durante la pandemia, cuando la economía mundial estaba casi paralizada; esta es la mayor pérdida de suministro de petróleo en al menos 60 años.
El mundo no puede sobrevivir a una pérdida de suministro de petróleo de esta magnitud sin una recesión severa, que, dada la elevada deuda soberana mundial (sobre todo en Occidente), desencadenará con rapidez una crisis de deuda soberana global que obligará a los responsables políticos occidentales a elegir entre permitir que suban las tasas de interés o imprimir dinero para contener la rentabilidad de los bonos ante un repunte del precio del petróleo.
Actualmente nos encontramos en un periodo de transición similar al de febrero de 2020, cuando el mundo supo de la existencia del covid-19, sabía que podía ser un problema, pero aún no comprendía la magnitud ni cuánto afectaría a sus vidas.
En este momento, todos saben que el estrecho de Ormuz está cerrado y cuánto afectará esto a las cadenas de suministro globales si permanece así “demasiado tiempo”, pero todos esperan que vuelva a abrir por arte de magia, incluso cuando nos acercamos al punto en que ese “tiempo demasiado largo” se prolongará, lo que calculo que será entre mediados y finales de abril. Una vez que lleguemos a ese punto, es probable que las cadenas de suministro globales comiencen a colapsar de forma no lineal, y los mercados se verán obligados a reaccionar, como ocurrió cuando comenzaron los cierres por la emergencia sanitaria en 2020. Como vimos entonces, a los mercados no les importó hasta que les importó, pero una vez que les importó, el colapso fue no lineal.
Desde una perspectiva estratégica a largo plazo, estamos presenciando un cambio de régimen en el equilibrio relativo del poder global, ya que la tecnología barata, pero altamente efectiva, en forma de misiles y drones con apoyo de sistemas de orientación satelital, se utilizó una vez más para neutralizar a la armada más poderosa del mundo en un punto estratégico global (luego de un suceso similar ocurrido el año pasado en el mar Rojo).
Esto implica un cambio en el equilibrio de poder, que se desplaza de las grandes potencias navales (donde ha residido durante más de 300 años, primero con Gran Bretaña y luego con Estados Unidos) hacia las potencias terrestres armadas con misiles y drones. Estas últimas son capaces de controlar los cuellos de botella navales globales, lo que a su vez implica una aceleración en la transición hacia la fijación de precios de la energía en varias monedas, con la liquidación neta en oro impulsada por China y Rusia, o bien un conflicto global más amplio entre las grandes potencias.