Uno, dos, tres strikes, ponchado. Con los vulgares ataques que lanzó contra el papa en las últimas semanas, Donald Trump hizo otra cosa que no va a gustarle a sus seguidores: denigró la religión.
El presidente no sólo cortejó con ahínco a evangélicos y católicos en las últimas elecciones, sino que prometió abordar los problemas de asequibilidad y evitar que Estados Unidos se involucrara en más guerras. Apenas 15 meses después de comenzar su segundo mandato (Dios mío, que se siente mucho más largo), bombardeó Irán, provocó que los precios de la energía registraran un aumento vertiginoso y ahora publicó una foto suya como Jesús (Trump insistió en que creía que la imagen lo representaba como un médico, no como el mesías). Me tienta decir que este hombre tiene un lugar especial reservado en el infierno. Pero no quiero ser presuntuosa. Diré que creo que veremos una victoria aplastante del populismo de izquierda en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
En fin, volviendo al papa. Mientras Trump se dedicaba a ser él mismo, el papa León XIV, quien declaró que no le tiene “ningún temor” al presidente estadunidense, iniciaba un viaje por África para promover una visión global de unidad y diversidad. Esto contrasta con el enfoque de Estados Unidos hacia el continente, que consistió en desmantelar Usaid y dejar un enorme vacío de poder económico y político que está aprovechando China. El papa está pronunciando sus discursos por toda África en inglés, francés, portugués y español. Trump tiene dificultades con su propio idioma.
Lo más importante aquí es que la confrontación de Trump con el papa, quien ha condenado desde la guerra en Irán hasta el trato que la administración da a los migrantes, no se trata sólo del narcisismo del presidente, sino del globalismo frente a una visión de Estados Unidos solo. Cuando hablo de “globalización”, no me refiero al neoliberalismo que, desde la década de 1990, buscaba facilitar la circulación de capitales por todo el mundo sin considerar demasiado el impacto en el trabajo. Me refiero a la postura no sólo de este papa, sino también del anterior, Francisco, quien defendió con firmeza los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.
Ambos papas (y muchos otros) fundamentalmente han sido a favor de los migrantes, lo cual refleja la naturaleza global de la Iglesia católica. Esto no sólo genera un conflicto entre la Iglesia y la administración Trump —como señaló León el año pasado, el “trato inhumano a los inmigrantes” en EU bajo el mandato de Trump no es compatible con una postura provida— sino que también pone de manifiesto el conflicto más amplio entre el conservadurismo estadunidense actual y el catolicismo.
Esto puede parecer un tema esotérico, pero tiene una enorme importancia política. Como escribí en un artículo para FT Weekend, algunos sectores de la Iglesia católica en Estados Unidos toman una dirección radicalmente diferente, no sólo de la población general, que se está volviendo más joven y progresista, sino también de Roma, que está adoptando una postura más inclusiva en diversos temas sociales, además de centrarse en los derechos laborales y el sur global, donde reside un número creciente de católicos.
Escribí: “Los votantes católicos de clase trabajadora solían ser firmemente demócratas, pero la aprobación de Roe vs. Wade en la década de 1970, así como la creciente prosperidad entre esos católicos que antes pertenecían a la clase trabajadora, llevó a algunos a convertirse en ‘demócratas reaganianos’. A partir de la década de 1980, los católicos conservadores ricos se convirtieron en una fuerza más prominente en la vida política estadunidense, culminando en la influencia de figuras como Leonard Leo, el activista judicial de la Federalist Society que contribuyó a la designación de tres jueces provida en la Suprema Corte.
“La anulación de Roe vs. Wade en 2022 representó una gran victoria política para los conservadores; sin embargo, el fallo también contradice las opiniones de muchos jóvenes católicos, quienes apoyan las posturas más progresistas del difunto papa Francisco en temas como los derechos LGBT+, la inmigración, el cambio climático e incluso el aborto (si bien Francisco condenó el aborto, también enfatizó que la Iglesia no debe centrarse en este tema de forma aislada). Una encuesta de Pew de 2023 reveló que 59 por ciento de los católicos en EU consideraba que el aborto debe ser legal en todos o la mayoría de los casos.
“Si bien Trump logró el apoyo de muchos católicos blancos e hispanos en sus dos victorias presidenciales, el margen de apoyo fue de poco más de 50 por ciento, mucho menor que el 80 por ciento de los votantes evangélicos que lo respaldaron en 2024. Dado que los católicos constituyen el mayor bloque religioso de votantes —representan una quinta parte de todos los estadunidenses— incluso un pequeño cambio puede tener un gran impacto”.
Apuesto a que algunos de esos votantes católicos indecisos están, por lo menos, desencantados con Trump. Hoy tengo la suerte de contar con un experto en estos temas: Anthony Annett, ex economista del FMI y autor de Cathonomics: Cómo la tradición católica puede crear una economía más justa. Tony, mi pregunta es triple. Primero, ¿hacia dónde crees que se dirige este conflicto entre Trump y el papa? ¿Qué implicaciones puede tener para la iglesia en EU? ¿Y qué impacto está teniendo este nuevo papa León XIV en el debate económico y político mundial, y podrá contrarrestar algunas de las acciones de Trump?
Lecturas recomendadas
-Para añadir un nuevo matiz a la conversación sobre el catolicismo, me pareció fascinante un artículo de Emma Green en The New Yorker sobre el College of St Joseph the Worker (Colegio de San José Obrero). ¿Tal vez un modelo para la educación del futuro?
-Si esto no dice mucho de nuestra administración, no sé qué lo hará: abogados de delitos de cuello blanco sin nada que hacer. Un excelente artículo en Financial Times.
-Y el premio al violín más pequeño del mundo es para… el gestor de fondos de cobertura Daniel Loeb. Lo siento, Dan, no es Mamdani quien está fomentando la lucha de clases. Financial Times muestra cómo a los verdaderos filántropos no les importa pagar impuestos, especialmente por sus (enormes) segundas residencias. Honestamente, esto sería gracioso si no fuera tan políticamente serio. Los impuestos son lo que se paga cuando se vive en una democracia cohesionada.
Anthony Annett responde
Gracias, Rana. Estoy de acuerdo con tu perspectiva sobre las relaciones entre EU y el Vaticano en la coyuntura actual. Para responder a tus preguntas:
Existe una posibilidad real de que el ataque de Trump y el vicepresidente J. D. Vance contra el papa León XIV anuncie una realineación política entre los católicos estadunidenses. Desde la década de 1980, los católicos —sobre todo los blancos— se han inclinado hacia los republicanos en lugar de los demócratas. Parte de esto reflejó la relevancia del tema del aborto tras el caso Roe vs. Wade. Pero también reflejó un esfuerzo concertado de destacados intelectuales católicos —apoyados por intereses económicos— para desvincular la doctrina social católica de la economía de libre mercado y el aventurismo militar estadunidense. Cooptaron a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI y descartaron a Francisco al calificarlo como un argentino ingenuo. Esto es mucho más difícil de hacer con León XIV, el primer papa estadunidense, que sigue gozando de gran popularidad. El juego llegó a su fin y el ataque puede ser el golpe de gracia.
Los líderes de la Iglesia estadunidense también empiezan a manifestarse contra Trump, con firmeza y de forma profética. Tan solo la semana pasada, el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, pronunció una homilía en la catedral de San Mateo en la que denunció la guerra contra Irán como inmoral. Concluyó declarando: “En este momento crítico, como discípulos de Jesucristo llamados a ser pacificadores en el mundo, debemos responder con voz firme y al unísono: No. No en nuestro nombre. No en este momento. No con nuestro país”. La catedral de San Mateo se encuentra a unas cuadras de la Casa Blanca.
Esta disposición a pronunciarse con tanta contundencia refleja que Trump es la antítesis misma del cristianismo: con su ostentosa adoración a la riqueza, su actitud de que “la fuerza da el derecho”, su incapacidad para la empatía o la misericordia y su deseo de perjudicar a sus oponentes. Sin embargo, atrajo a muchos católicos. Los más acérrimos seguidores sin duda permanecerán a su lado, pero se puede esperar que los moderados se distancien. Esto puede transformar profundamente la política en los próximos años.
También creo que Trump subestimó a León. Lo trata como a un oponente político cualquiera, mientras que el papa se mantiene al margen de la contienda, defendiendo con calma, pero con firmeza los valores del Evangelio. Trump se encontró con la horma de su zapato.
Por último, sostengo que León se está consolidando como el líder moral más destacado del mundo. En esto, sigue los pasos de sus predecesores.
Sopesamos algunos ejemplos:
En 1891, el papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum sobre los derechos de los trabajadores y el deber del Estado de cuidar a los pobres. Esta encíclica fue radical en su momento y, en última instancia, allanó el camino para la democracia cristiana de la posguerra, que, según he argumentado, representó el máximo esplendor de la doctrina social católica.
En 1963, durante la fase más peligrosa de la Guerra Fría, el papa Juan XXIII publicó Pacem in Terris (Paz en la Tierra) y envió copias a Moscú y Washington, lo que impulsó a Kruschov y Kennedy a optar por la paz.
Y en 2015, la encíclica Laudato Si’, del papa Francisco contribuyó a movilizar a las naciones del mundo en torno al Acuerdo de París sobre el cambio climático.
Se espera de manera muy amplia que León XIV escriba una encíclica sobre las dimensiones éticas de la inteligencia artificial, incluida su aplicación en el ámbito laboral. Espero que esto llegue a ser igual de significativo desde el punto de vista histórico y moral.
¿En resumen? La disputa actual perjudicará a Trump, pero engrandecerá a León. Estén atentos.