Los consumidores de Estados Unidos se enfrentan a una nueva ronda de aumentos en los precios de los comestibles, ante el repunte del diesel y los costos de transporte de mercancías, que amenaza con desatar otra ola de inflación en los alimentos en los supermercados del país.
El aumento de los costos de los comestibles colocará en el centro del debate un tema políticamente sensible, luego de que la inflación de dos dígitos en el precio de los alimentos registrada a principios de la década presionara los bolsillos de los consumidores estadunidenses. Ante la preocupación de los votantes, los candidatos a las próximas elecciones de mitad de mandato convirtieron la asequibilidad de los productos básicos en uno de los ejes de sus campañas.
La inflación se disparó a 3.7 por ciento en septiembre, impulsada por un repunte en los precios del combustible a raíz de la guerra contra Irán, superando el 3.4 por ciento de agosto y se situó por encima del 3.6 por ciento que se pronosticó en la encuesta de Bloomberg a economistas.
La inflación subyacente, que excluye los precios volátiles de alimentos y energía, también superó las expectativas de Wall Street, al situarse en 2.6 por ciento, frente al 2.4 por ciento de agosto.
El presidente Donald Trump ha intentado contener las consecuencias económicas de la guerra en Medio Oriente y frenar los precios del combustible, mientras los demócratas aprovechan la frustración de los votantes por el costo de la vida, buscando arrebatar el control del Congreso al Partido Republicano.
Sin embargo, los datos sugieren que, en particular, los estadunidenses con menos recursos están sufriendo una presión cada vez mayor. Los ingresos por hora aumentaron sólo 3 por ciento en septiembre respecto al año anterior, lo que representa el sexto mes consecutivo de descenso en el crecimiento de los salarios reales.
“La inflación, sencillamente, no está bajando lo suficientemente rápido”, dijo Eric Winograd, economista jefe de AllianceBernstein. “El segmento inferior de la economía, en una recuperación con forma de K, está perdiendo terreno; algo que cualquiera que haya visto anuncios de campaña en televisión durante las últimas semanas habrá podido escuchar”.
PepsiCo, fabricante de Doritos y las papas Lay’s, anticipó nuevos aumentos de precios ante lo que su director ejecutivo, Ramón Laguarta, describió la semana pasada ante analistas como “esta nueva ola de inflación que está llegando a todos los países, no sólo a EU, debido a los precios de la energía y de los productos agrícolas”. A principios de este año, la empresa redujo hasta 15 por ciento los precios de algunos de sus productos.
Sus declaraciones coinciden con las realizadas en las últimas semanas por compañías estadunidenses de alimentos procesados, entre ellas Campbell’s y Conagra, cuyas marcas son habituales en los supermercados.
Las firmas están expuestas al encarecimiento del diesel, cuyo precio alcanzó niveles récord. De acuerdo con DAT, una plataforma de intermediación de carga, las tarifas al contado para el transporte de mercancías de larga distancia en camiones con remolque han aumentado alrededor de 50 por ciento en comparación con el año anterior. Asimismo, los costos de insumos y materiales de empaque, como el aluminio, maíz, aceite de soya y urea utilizada en fertilizantes, registran incrementos de dos dígitos respecto al mismo periodo de 2025, según Piper Sandler.
“La inflación de los precios de los alimentos acelerará”, dijo Ricky Volpe, economista especializado en el sector alimentario de la Universidad Politécnica Estatal de California. “Cuando se calculan los márgenes de fabricantes, mayoristas y minoristas, resulta muy difícil imaginar que los precios de los alimentos no aumenten en los próximos dos o tres meses”.
Volpe no espera que la inflación en el precio de los alimentos se acelere a un ritmo siquiera cercano al de 2022, cuando las disrupciones relacionadas con la pandemia y la guerra de Rusia contra Ucrania provocaron que se disparara por encima de 10 por ciento.
En cambio, consideró que puede repuntar a partir de la tasa anualizada de 2.2 por ciento registrada en agosto. La previsión más reciente del Departamento de Agricultura de Estados Unidos anticipa que los precios de los abarrotes aumentarán 2.4 por ciento este año.
Golpe a empresas
Un nuevo encarecimiento de los alimentos complicará los esfuerzos de las empresas del sector por recuperar el volumen de ventas. Los consumidores, cada vez más cuidadosos con sus gastos, reducen sus compras para destinar una mayor parte de su presupuesto a la gasolina, mientras que la eliminación de los subsidios para alimentos ejerce presión en algunos de los hogares de menores ingresos. A esto se suma que cada vez más estadunidenses utilizan medicamentos para bajar de peso que reducen el apetito.
Los minoristas aseguran que trabajan para contener la inflación en el precio de los alimentos. Walmart y Costco, por ejemplo, destinan miles de millones de dólares en reembolsos de aranceles estadunidenses a reducir los precios de algunos productos.
El componente de alimentos para consumo en el hogar del índice de precios al consumidor perdió impulso durante el verano y a principios del otoño, lo que ofreció cierto alivio a los consumidores.
Kroger, la mayor cadena de supermercados del país, se comprometió a acercar sus precios a los de las tiendas de descuento y retiró las bebidas energéticas Red Bull de sus anaqueles debido a un desacuerdo sobre los precios.
La cadena alemana de descuento Aldi, que vende principalmente productos de marca propia, lanzó una promoción de otoño en la que casi un tercio de los artículos de su inventario habitual cuesta menos que el año pasado. Entre las ofertas figuran paquetes de pechuga de pollo a 1.99 dólares, su precio más bajo desde 2022. Los precios del aguacate registran una caída de una quinta parte en términos interanuales, de acuerdo con Circana.
“Cuando se dice que los precios están más altos, eso no es cierto en todos los casos”, señaló Jonathan Feeney, de la consultora Optimal Advisory. “Hay categorías en las que los precios son más bajos”.
Sin embargo, otros indicadores apuntan a una aceleración de precios. El índice de precios de los alimentos elaborado por Consumer Edge se ubicó alrededor de 4 por ciento por encima del nivel de hace un año durante las últimas cuatro semanas, dijo Michael Gunther, vicepresidente sénior de investigación e inteligencia de mercado de la firma. El indicador tocó fondo en agosto, cuando se situó en 3.3 por ciento. Los datos se basan en los recibos de compra de Walmart, Target y Meijer, cadenas que en conjunto concentran alrededor de una cuarta parte de las ventas de comestibles en EU.
“Las presiones sobre los precios siguen siendo bastante generalizadas y ya comenzaron a intensificarse de nuevo”, dijo Gunther.
Campbell’s, fabricante de las galletas saladas Goldfish y de las sopas que llevan el nombre de la compañía, informó a los minoristas que aumentará entre 4 y 5 por ciento los precios de productos que representan 60 por ciento de su portafolio.
La empresa ha buscado reducir sus costos operativos, pero “lamentablemente, eso no fue suficiente ante la magnitud de la inflación que estamos observando en este momento”, declaró Todd Cunfer, director financiero de la firma, durante una conferencia organizada por Barclays en septiembre. “Por eso tuvimos que tomar medidas en materia de precios”.
Conagra está aplicando “ajustes estratégicos de precios justificados por la inflación”, sobre todo en alimentos congelados, como las verduras Birds Eye y las cenas preparadas de Marie Callender’s. Lamb Weston, proveedor de las papas a la francesa de McDonald’s, señaló que, “a medida que la inflación ha seguido elevando los costos de los insumos”, aplicará “los ajustes de precios que resulten pertinentes”.
Las empresas que no han anunciado aumentos para los consumidores están absorbiendo los mayores costos. McCormick espera una inflación de costos de entre 6 y 7 por ciento este año, por encima de su estimación anterior.
El martes, Albertsons, uno de los principales grupos de supermercados de EU, señaló que necesita con urgencia mejorar su competitividad mediante una reducción de precios. Sin embargo, su directora ejecutiva, Susan Morris, aclaró que los recortes serán “selectivos” y no generalizados.
“La realidad es que, en este momento, la economía está siendo difícil para muchos de nuestros clientes”, dijo Morris a analistas. “Los precios de los combustibles siguen elevados y la inflación se mantiene persistentemente alta, tanto para nuestros clientes como en nuestro estado de resultados”.
Movimientos de la Fed
Los datos de inflación elevaron las apuestas a que la Fed volverá a subir las tasas de interés, después de que incrementó el costo del endeudamiento en septiembre por primera vez en tres años.
Greg Davis, director de inversiones de Vanguard, advirtió que el banco central ahora tiene “por delante una tarea difícil” y que puede verse obligado a subir las tasas de interés hasta en tres ocasiones más durante el próximo año.
Las últimas proyecciones de la Fed muestran que sus responsables de política monetaria están bastante divididos sobre si será necesario aumentar los costos de endeudamiento una o dos veces más en el ciclo actual. Kevin Warsh, miembro de la junta del banco central, no presenta pronósticos para la “gráfica de puntos”, pero se considera que sus posturas se alinean más con los que defienden una política monetaria restrictiva dentro del Comité Federal de Mercado Abierto.
“Nuestra opinión ha sido que realizarán entre una y dos alzas adicionales en este ciclo de endurecimiento”, dijo Davis. “Pero si los datos siguen publicándose tal como lo han hecho hasta ahora, no me sorprendería ver entre dos y tres incrementos de las tasas de aquí a los próximos 12 meses”.
Las expectativas del mercado sobre un alza de tasas en octubre se habían desvanecido en las últimas semanas, después de que los funcionarios de la Fed indicaron que no tenían prisa por volver a actuar. Después de la publicación de los datos, los operadores en el mercado de futuros empezaron a contemplar una probabilidad de alrededor de 40 por ciento de que se produzca un alza en octubre, frente al 22 por ciento anterior.
Jeff Schulze, estratega jefe de inversiones del Franklin Templeton Institute, señaló que los últimos datos “refuerzan el argumento a favor de nuevas alzas de tasas; sin embargo, el tono reciente de los funcionarios de la Fed, más inclinado a la moderación, sugiere que es alto el umbral para un incremento inmediato”.
“No creo que exista urgencia por reaccionar ante este informe concreto y elevar las tasas de interés apenas seis días antes de las elecciones de mitad de mandato”, añadió Joe Lavorgna, economista jefe de SMBC Nikko Securities. “La Fed no quiere verse envuelta innecesariamente en una disputa política. No obstante, es casi seguro que volverán a actuar en diciembre”.
¿Cómo reaccionó el mercado?
Los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron tras la publicación de las cifras; el bono a dos años aumentó 0.16 puntos porcentuales, hasta 4.95 por ciento, acercándose al máximo de 28 meses alcanzado en septiembre. Sin embargo, por la tarde retrocedieron la mayor parte de ese movimiento para cotizar en 4.81 por ciento.
La tendencia de venta que afecta al mercado de deuda pública desde hace meses se había atenuado en los últimos días, a medida que los inversionistas en bonos comenzaron a adquirir deuda gubernamental. Sin embargo, dicha recuperación quedó prácticamente anulada por los movimientos registrados tras conocerse el dato de inflación.
El dólar se fortaleció 0. por ciento frente al euro, alcanzando su nivel más alto desde mayo de 2025.
La oleada de ventas en el mercado de bonos repercutió en la bolsa: el Dow Jones retrocedió un 0.09 por ciento, el Nasdaq cayó 1.88 por ciento y el índice amplio S&P 500 perdió 1.11 por ciento.
El aumento de la inflación en septiembre se debió, en gran medida, al encarecimiento de los combustibles; el índice que mide los precios de la gasolina registró un incremento interanual de 34.2 por ciento y una alza de 9.1 por ciento respecto a la cifra de agosto.
Los costos de la gasolina y el diesel disminuyeron durante el verano, tras los niveles máximos que se alcanzaron al estallar la guerra. Sin embargo, volvieron a repuntar en los últimos meses a medida que se intensificaban las tensiones en Medio Oriente, algo que empujó al precio del diésel a máximos históricos y provocó una serie de intervenciones políticas por parte de Trump.
Los analistas señalaron que el aumento de la inflación subyacente sugería que las presiones sobre los precios se estaban arraigando, con incrementos que afectaban a todo tipo de bienes y servicios, desde coches y tarifas aéreas hasta educación y juguetes.
“El informe del IPC de hoy destaca por ser el primero del año en el que la presión sobre los precios parece manifestarse simultáneamente en la mayor parte de la canasta de consumo”, dijo Jason Pride, director de estrategia de inversión e investigación en Glenmede.
Con información de: Kate Duguid y Harriet Clarfelt