Silvio Rodríguez compara la situación de Cuba con la crisis económica que azotó a la isla a principios de los años 90.
“Esto está peor que en el Periodo Especial”, dice. “Después de lo que ha hecho (Donald) Trump ha sido brutal”.
Y agradece el apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
“Admiro su valentía de no abandonar al pueblo cubano”.
Una flotilla de ayuda humanitaria está a pocas horas de llegar. En las redes sociales la bautizaron como el “Granma 2.0” porque zarpó de México, como el barco que trasladó a las tropas de Fidel Castro a finales de los años 50. En el corazón de La Habana Vieja, cerca de la catedral, Silvio Rodríguez ocupa una mesa en un restaurante pequeño y familiar.
Lo acompañan su esposa, la flautista Niurka González, y su hija. Vienen de un recital de música clásica donde tocaron alumnos de la pareja del mítico trovador cubano.
El local tiene botellas de ron Santiago en la barra, luces pequeñas colgadas sobre el mostrador. Desde la calle, una banda de jazz reconoce a Silvio y le lanza un saludo entre acordes. El aprendiz de brujo recomienda probar la ropa vieja –un platillo tradicional a base de carne deshebrada– y pide una Cristal, la cerveza cubana, servida en un vaso con hielo.
Le pregunto por el arma. Su foto sosteniendo el fusil de fabricación soviética ya le ha dado la vuelta al mundo. El gobierno cubano le entregó el AKM de combate luego de que el trovador publicara hace unos días su posición de defender con las armas a su país si Estados Unidos lo atacaba.
Todos conocen su posicionamiento político a favor de la revolución en la isla. El martes de la semana pasada, publicó en su bitácora Segunda Cita un comentario en respuesta a las declaraciones de Trump, quien advirtió que estaba dispuesto a “tomar Cuba por las buenas o por las malas”.
“Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”, escribió Rodríguez, de 79 años de edad, en referencia al fusil soviético que utilizan las fuerzas armadas de su país.
“El fusil que me dieron pesa unos ocho kilos”
Silvio se queda pensando un instante, da un trago a su cerveza, parece buscar recuerdos en la memoria.
“La última vez que cargué un arma fue en 1976, que yo recuerde”, dice durante una conversación con MILENIO.
Habla de Angola, de cómo pidió ir a la guerra, de las experiencias vividas allá, de las canciones que salieron de ahí: Pioneros y Canción para mi soldado.
Rememora que en esa misión también estuvo el cantautor Pablo Milanés. En aquellos años, miles de cubanos —soldados, médicos, ingenieros— fueron enviados por el comandante Fidel Castro para apoyar al Movimiento Popular de Liberación de Angola en plena guerra civil, en una operación que marcó a toda una generación.
“Fue una época dura, pero también de mucha música”, dice. Cargar un fusil no es fácil.
“El que me dieron ahora pesaba unos ocho kilos”, suelta, y explica que el peso depende de la culata: “Si es de madera, pesa más. Hay modelos con culata plegable que son más ligeros y fáciles de guardar”.
El AKM, sucesor del AK-47, diseñado en los años cincuenta, es uno de los fusiles de asalto más extendidos del mundo.
Es simple, resistente, funciona aunque esté mojado o sucio. Se calcula que hay decenas de millones en circulación. Según los manuales, pesa entre tres y cinco kilos, pero Silvio insiste: “Para mí se siente más pesada, soy un señor mayor”.
Un ex guerrillero al que consulté me cuenta que el AKM es el favorito porque no falla, es difícil de estropear; puedes arrastrarlo por el fango y sigue funcionando. Un funcionario cubano dice que el AKM es el fusil estándar de las fuerzas armadas desde los años sesenta y que ha estado en distintos escenarios internacionales.
Silvio relata que tienen un carro antiguo.
“Nosotros, por ejemplo, tenemos uno, pero hace semanas que no conseguimos gasolina”.
Habla de la ciudad como quien la camina todos los días: paneles solares en los techos, autos chinos, bicicletas eléctricas. Las guaguas ya no pasan, el petróleo escasea.
“Esto está peor que en el Período Especial”, dice. “Después de lo que ha hecho Trump ha sido brutal”.
No habla sólo de sanciones económicas y el bloqueo comercial, sino de una cadena de obstáculos que, según él, han dejado a Cuba en una situación límite. Recuerda su último concierto en el Zócalo de la capital de México, cuando la entonces jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, le entregó las llaves de la ciudad.
“Admiro su valentía de no abandonar al pueblo cubano”, dice, y sonríe apenas.
Canciones que encuentran sentido
A Silvio le sorprende que algunos se escandalicen por su declaración sobre el arma, cuando —recuerda— tiene al menos un par de canciones donde aparecen.
“A veces esas canciones, que no son para nadie, son las que más perduran en el tiempo”, dice. Como si el tiempo y la historia se encargaran de darles un sentido nuevo.
"Fusil contra fusil"En 1968 compuso Fusil contra fusil, como homenaje a Ernesto Ché Guevara.
“Dejarán el cuerpo de la vida allíSu nombre y su apellido son
Fusil contra fusil
Cantarán su luto de hombre y de animal
Y en vez de lágrimas echar
Con plomo llorarán
Alzará al hombre de la tumba al sol
Y el nombre se repartirán
Fusil contra fusil
Fusil contra fusil”.
Su compromiso con la Revolución Cubana y el rechazo a una intervención extranjera han estado presentes en sus canciones, en sus declaraciones. Son huellas indelebles que acompañan la trayectoria del legendario trovador. Sesenta y siete años después de la victoria de Fidel Castro, Silvio Rodríguez parece estar en guardia, listo para defender a su país.
Los activistas internacionales que se encuentran en la isla se declaran listos para recibir la ayuda humanitaria que viene en un barco que zarpó de Yucatán. Al parecer han tenido problemas técnicos en el mar. La espera se ha prolongado. El pueblo cubano espera esa expresión de solidaridad.
Antes de irse, aclara: el fusil que tiene ahora es una réplica, pero tiene un permiso para solicitarle al gobierno cubano que le dé el verdadero. Lo cargará cuando sea necesario. No sabe si será pronto.
ksh