La ex secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Rosario Marín (Ciudad de México, 1958), abre las puertas de su casa a MILENIO en un día optimista: “Veo un futuro brillante”, afirmó pese a sus inquietudes sobre sus dos países y la renegociación del Tratado México Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que deberá concluir en junio bajo la amenaza de aranceles.
Republicana convencida, reconoce que el problema del momento en su partido tiene nombre: Donald Trump y sugiere que México debe enfrentar con “firmeza”, como lo han hecho algunos miembros de su propio partido, incluida ella.
“Quiero pensar que, como dicen, Trump always chickens out, o sea, que siempre se echa para atrás. Confío en que el libre comercio puede salvarse, pero hay que ponerle un alto”, precisó en la entrevista realizada en la sala del hogar que comparte con su esposo en Huntington Park, “la mejor ciudad del mundo”, dice.
Con una de las mayores poblaciones latinas en Estados Unidos: 96.7%, según el censo, refleja una fuerte identidad mexicana en negocios, comida y calles.
También en la trayectoria de Marín: fue la primera latina en el ayuntamiento, la primera alcaldesa y la primera inmigrante que desde aquí empujó su carrera política hasta plasmó su firma en los dólares como tesorera de Estado Unidos.
Lazos estrechos podrán más que los aranceles
Actualmente, a la cabeza de HOPE National Fellowship, un programa de liderazgos para formar profesionales que quieran influir en temas públicos y sociales, y como miembro activista de la National Association of Latino Elected and Appointed Officials, la asociación nacional de funcionarios latinos, tiene una voz sin cargo oficial, pero con peso social.
—¿Qué opina sobre la amenaza de aranceles?—
"El libre comercio que hemos mantenido durante 30 años ha permitido desarrollar lazos estrechos que han beneficiado a los tres países. Sin embargo, llega este presidente de Estados Unidos y provoca una sacudida tremenda a algo que estaba funcionando muy bien para todos.
"Lamentablemente, esta decisión no beneficia a ninguna de las industrias estadunidenses y mexicanas que dependen de ese tratado, y son muchas. Las conexiones económicas son muy fuertes y, sin duda, la postura que ha tomado este presidente resulta enormemente perjudicial”.
—¿Qué puede hacer México para sacar lo mejor de esta negociación en la administración de Donald Trump?—
"Tiene que tener bien claro sus objetivos prioritarios: definir dos o tres temas clave, defenderlos hasta el final y negociar el resto. Las intenciones que un gobernante siempre se topan con otra realidad, hay límites: sindicatos, industrias, trabajadores, fuerzas internas del país. No es fácil llegar a un consenso.
“Yo he estado en el gobierno a nivel local, estatal y federal, y lo sé: no es fácil. Pero cuando tienes una visión clara de lo que quieres lograr, es mucho más fácil encontrar consenso”.
—¿México debería proteger a su carta más fuerte: la mano de obra, los trabajadores?—
"Mira, también hay que pensar que Trump escucha mucho a las industrias. Cuando esas grandes potencias económicas le llaman y le dicen: “No puedes hacernos esto porque nos va a afectar”, él entiende, porque entiende un poco de negocios, no tanto, porque él ha ido a la bancarrota seis veces y lo que no queremos es que nos lleve a la bancarrota.
"Entonces, se trata de tener un poco de paciencia. Tanto Canadá como México tienen que tener paciencia, pero también firmeza para mantener su estatus de partners, de socios, porque eso es lo que somos”.
—¿Cómo ve el futuro de la relación, entonces?—
"Brillante. Los latinos ya somos mayoría en ciertos estados y nuestros números seguirán creciendo, fortaleciendo los lazos. Las contribuciones que hemos hecho ya no pueden negarse.
“Somos una potencia económica y no nos vamos a ir. Sí, algunas personas, dadas las circunstancias actuales, se irán, y lo entiendo. Pero no se van a ir 64 millones de latinos de este país”.
Los otros valores de Rosario Marín
Rosario Marín siempre reza. Para agradecer, en apuros o por convicción. En su casa, las paredes están llenas de imágenes religiosas: vírgenes, guadalupanas, santos, cristos, cruces, ángeles y arcángeles que conviven con fotografías familiares.
Imágenes de la boda con su esposo de origen nicaragüense con quien lleva casada 45 años; de su hijo Eric, el mayor que tiene síndrome de down y libró seis veces la muerte en los primeros años de su vida; de los otros dos hijos estadunidenses; de ella y la familia a lado de George W. Bush con quien trabajó como tesorera entre 2001 y 2003 antes de aspirar al senado.
Por los pasillos de su casa, Marín describe cada pieza de arte sacro y cada fotografía con sencillez, como si se las mostrara a sus mejores amigos y explica por qué se considera tan republicana como crítica de Trump:
“Al partido que yo pertenezco no pertenece él. Cuando yo entré al partido y escuchaba hablar a Ronald Reagan —el presidente que legalizó a millones de inmigrantes con la amnistía de 1986— y él hablaba de que Estados Unidos era la nación más poderosa, yo me sentía incluida”, describe.
“Me sentía bienvenida, acogida, abrazada, arropada por ese partido. Y luego viene este señor: contra los inmigrantes, y yo soy inmigrante; contra los mexicanos, y yo soy mexicana; abusando a las mujeres, y yo soy mujer; burlándose de las personas con discapacidad, y mi hijo tiene síndrome de Down, ¿dónde quedo yo?”.
El padre de la ex tesorera emigró porque le costaba mantener a una familia de siete integrantes dentro de una casa de 28 metros cuadrados.
“Éramos pobres”, describe Marín. Dormían en un cuarto donde había tres camas y otro que hacía las veces de comedor, sala y cocina.
Luego se llevó a toda la familia cuando ella tenía 14 años.
Se benefició la amnistía y puedo trabajar en Huntington Park para un programa federal de empleo a estudiantes de preparatoria; luego en una compañía de toallas y en City National Bank. En tanto, se graduó en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles hasta que dejó el empleo para cuidar a Eric.
Regresó al ámbito laboral cuando ya tenía a sus tres hijos, incorporarse a la Oficina de Salud y Asistencia Pública. Pasaba de lunes a viernes en Sacramento —a 600 kilómetros de Los Ángeles— y los fines de semana volvía a casa hasta que se incorporó al ayuntamiento, donde creció políticamente y se incorporó a la campaña de George W. Bush.
Han pasado más de dos décadas y ella mantiene su identidad republicana, pero con un intruso:
“Yo luchaba con el presidente Bush, que dio tantas oportunidades a los migrantes. Así era John McCain, Mitt Romney y Ronald Reagan. Todos nos decían: ´tú también puedes´, independientemente de quién fueras.
“Hoy, este presidente promueve el odio hacia todo lo que yo soy. Si (él) pudiera me quitaría la ciudadanía. Ha planteado ir contra los naturalizados. Es increíble. Este no es el partido republicano”, dice.
—¿Cómo se llegó a esto?—
"Por el resentimiento. Él es un hombre resentido y apela a las emociones más destructivas. Y también apela al bolsillo. Mantiene a su base más radical como su núcleo y les habla a ellos aunque son una minoría dentro de toda la nación, los mega MAGA, ultra MAGA. Así llegó al poder, así se ha mantenido.
"Espero que las elecciones de noviembre se le frene. Es insano que ahora tenga todo el poder, con el Senado y la Cámara de Representantes bajo su control".
Línea del tiempo
- 1958 — Nacimiento 4 de agosto, CDMX
- 1972 — Migración a Estados Unidos
- 1983 — Licenciatura en Administración de Empresas
- 1980 — Activismo en discapacidad y fundación de Fuerza
- 1994 — Concejal de Huntington Park
- 1999 — Alcaldesa de Huntington Park
- 2001 — Tesorera de Estados Unidos
- 2004 — Presidenta de la Junta de Manejo de Residuos de California
- 2008 — Secretaria de la Agencia Estatal y de Servicios al Consumidor de California
- 2011 — Publicación de autobiografía: Una líder entre dos mundos
- 2010 a 2020 — Conferencista y activista
RM
