A dos semanas del inicio de las últimas protestas en Irán, desencadenadas en esta ocasión por la crisis económica, para los analistas la situación aparece muy volátil y en constante evolución, con todos los escenarios abiertos –incluida la posible intervención militar estadunidense– y un balance de miles de muertos, según fuentes tanto independientes como oficiales.
Este martes, la emisora opositora Iran International, con sede en Londres, informó en su sitio online que al menos 12 mil personas, muchas menores de 30 años de edad, han sido asesinadas en las protestas en las ciudades iraníes y que se trata de “la más grande masacre en la historia contemporánea” del país, perpetrada en su mayor parte en la noche del 8 al 9 de enero pasados.
Dijo que esos datos se basaron en un análisis exclusivo de diversas fuentes, incluida una cercana al Consejo Supremo para la Seguridad Nacional y datos médicos.
Un funcionario del gobierno iraní, que pidió el anonimato, declaró a la agencia Reuters que las víctimas mortales serían dos mil, incluidos civiles y miembros de las fuerzas de seguridad. El domingo la fundación de la Premio Nobel por la Paz Narges Mohammadi (actualmente encarcelada) cifraba el número de muertos también en más de dos mil, mientras la ONG noruega IHR (Iran Human Rights) informó que las víctimas serían 648 y la estadounidense Hrana (Human Rights Activists in Iran) confirmó 544 decesos y “docenas más bajo revisión.
Todas las fuentes aseguraban que miles de personas habían sido encarceladas.
Pese al bloqueo de internet y las comunicaciones hacia el exterior por parte del régimen teocrático, en las redes sociales han circulado imágenes y videos de cadáveres en bolsas de plástico afuera del centro de medicina legal de Kahrizak, a las puertas de Teherán y de francotiradores que disparan desde las azoteas.
El lunes pasado, la televisora del Estado iraní transmitió imágenes de grandes concentraciones de apoyo a la República islámica, con la presencia en Teherán del presidente Masoud Pezeshkian y la acusación a los manifestantes antigubernamentales de ser “terroristas” apoyados por Israel y Estados Unidos.
Trump: “un alto precio”
Este martes, el presidente estadunidense, Donald Trump, exhortó a los iraníes, a través de su red social Truth, a continuar las protestas contra el gobierno y advirtió que los responsables de la muerte de los manifestantes “pagarán un alto precio”.
También aseguró haber cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes hasta que se ponga un alto al asesinato “sin sentido” de civiles. “La ayuda está en camino. MIGA (acrónimo de “Make Iran Great Again”), remató.
En ese contexto,el equipo del Consejo de Seguridad Nacional estadunidense se reunió este martes en busca de opciones militares contra Irán, según indicó una fuente cercana a la reunión Washington Post, citada por EFE.
El vicepresidente, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, habrían encabezado la reunión.
Hablando con la cadena Fox News, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo el lunes que aunque la diplomacia es para Trump “la primera opción”, él no tiene temor en el uso de “la fuerza letal” si lo considera necesario para poner fin a la represión en Irán.
Una protesta muy intensa y extendida
Las manifestaciones iniciaron el pasado 28 de diciembre encabezadas por los comerciantes que protestaban contra la devaluación del rial, la moneda iraní y la inflación galopante - empeoradas tras el ataque israelí de junio pasado- y a ellas se sumaron rápidamente otros sectores descontentos con el gobierno.
“Estamos ante una protesta muy intensa, en la que hay elementos novedosos respecto a las anteriores porque hay una unión de los comerciantes, que normalmente se quedaban al margen, de los jóvenes, que son los más activos en la exigencia de la caída del régimen, y de algunas minorías étnicas”, explica a MILENIO el investigador Nicola Pedde, director del Institute for Global Studies, un think tank con base en Roma y Bruselas especializado en temas de política, seguridad y economía de las regiones de Medio Oriente y África.
Según el experto, el gobierno iraní ha buscado dividir la protesta, considerando legítima la inconformidad de los comerciantes por la situación económica, con respuestas como una enmienda a la ley presupuestal, un aumento salarial de entre 20 y 40 por ciento y la aprobación de un fondo extraordinario de apoyo al consumo.
Al mismo tiempo, dice Pedde, el régimen teocrático considera a todos los demás participantes en las manifestaciones como terroristas que deben ser reprimidos con violencia y ha puesto en práctica una “feroz” política de represión, sobre todo a partir del pasado 8 de enero, con un alto número de víctimas.
La República islámica en extrema fragilidad
Nacida en 1979 de la revolución que derrocó al shah Mohammad Reza Pahlavi, la República Islámica de Irán tiene como principal líder al ayatolá Alí Jamenei, de 86 años, al cual está subordinado el presidente Masoud Pezeshkian.
Principal exponente del clero chiíta, Jamenei sustituyó en 1989 al ayatolá Ruhola Jomeini, quien murió ese año y era el máximo líder de la revolución islámica pero respecto al cual tiene menos prerrogativas pues, según Pedde, es más bien un equilibrador del poder interno, que desde hace tiempo está en manos del componente militar, los pasdaran, la segunda generación revolucionaria.
“El régimen nunca ha enfrentado un golpe como las protestas actuales; está muy afectado porque 92 por ciento de los iraníes están en su contra, por lo que la república islámica vive un momento de extrema fragilidad”, dice el analista iraní Pejman Abdolmohammadi, investigador de la London School of Economics y profesor de la Universidad John Cabot de Roma.
En entrevista telefónica con MILENIO reconoce, sin embargo, que por el momento el régimen tiene en sus manos el uso de la represión y de la fuerza y resalta que no se trata de una simple protesta por la crisis económica, sino de “un movimiento por la libertad y la democracia”.
El papel del hijo del shah
Para Pedde, las protestas se ven limitadas por la ausencia de un verdadero liderazgo reconocido y la carencia de un programa político que pueda ser la base que permita la creación de un movimiento revolucionario o pre revolucionario.
Reconoce, sin embargo, que un elemento novedoso es la presencia de Reza Pahlavi, el hijo de 65 años de edad del último shah de Irán y quien desde el exterior (reside en Estados Unidos) alienta las protestas.
“Reza Pahlavi que es muy fuerte dentro de la diáspora iraní también es muy fuerte al interior de una parte de la protesta en el país, pero es difícil poder establecer si efectivamente todo el sentimiento de protesta lo reconoce como líder de esta manifestación y de una posible transición”, dice el analista.
Subraya que la falta de un liderazgo en el movimiento depende de dos factores: el primero es la represión que ha impedido la consolidación de fuerzas organizadas hostiles al régimen, mientras que el segundo tiene que ver con los diferentes integrantes de la protesta y sus divisiones internas.
Para Alessia Melcangi, investigadora del Instituto para los Estudios de Política Internacional (ISPI), la figura del hijo del shah “es lejana y distante de lo que ocurre en Irán; se trata de alguien crecido en el exterior que probablemente no tiene ni siquiera la percepción de lo que ocurre en la realidad”.
En entrevista con MILENIO, Melcangi también considera que aunque el movimiento de protesta es fuerte, falta un liderazgo y está dividido en términos de cohesión y coordinación.
Reconoce, sin embargo, que Reza Pahlavi puede ser utilizado como símbolo contra el régimen y no por lo que representa.
“Hay que recordar que el régimen del shah tenía una policía política muy temible, no fue un gobierno bien querido, sino más bien feroz, por lo que dudo que Reza Pahlavi pueda ser más que un símbolo a utilizar para la transición”.
Según Abdolmohammadi, la población iraní ha entendido que sin una figura de unidad nacional reconocida internacionalmente y bien vista dentro no es factible la transición. Entonces, asegura, en casi todas las plazas y calles de las 100 ciudades en las que se protesta, se llama al pahlavismo y a la figura del shah.
“Pero ello no ocurre porque los iraníes quieran volver a los tiempos del absolutismo sino porque el hijo del shah representa la idea de la modernidad, de la laicidad, de lo que existía antes de la revolución islámica”.
Es decir, en su opinión, Reza Pahlavi puede ser el símbolo de la unidad nacional.
“El liderazgo por ahora ha sido conferido por el pueblo y no por los intelectuales al hijo del shah como figura de transición. Después se verá si el futuro de Irán es la monarquía o una república constitucional. En mi opinión en este momento el liderazgo existe y está concentrado en el hijo del shah”, anota.
El papel de las mujeres
Antes de las protestas actuales, en las que ocurrieron en 2009, 2017, 2019 y 2022, hubo manifestaciones similares en las que las mujeres tuvieron un papel significativo.
En particular, en 2022 el asesinato de la jóven kurda Mahsa Amin, arrestada por la policía moral por llevar mal colocado el hijab –el velo musulmán obligatorio– ocasionó una oleada de inconformidad en todo el país y el nacimiento de un movimiento de oposición titulado “Mujer, vida, libertad”.
Pedde dice que el papel de las mujeres en las protestas actuales también es de primordial relevancia pero advierte que se debe tener cuidado en no transformar esas manifestaciones en cuestiones de género, porque se tendría una visión muy parcial, mientras la dimensión de la inconformidad es mucho más vasta.
También para Abdolmohammadi el papel de las mujeres es importante, pero aclara que “no estamos hablando de una revolucion feminista, estamos hablando de una revolución nacional, laica y patriótica”.
Melcangi advierte que las reivindicaciones de las mujeres sobre la libertad, respecto al fin de “cierta moralidad represiva”, serían las últimas escuchadas por el régimen.
“Puede responder a las reivindicaciones económicas pero no a las de las mujeres porque iría en contra de sí mismo. Tocaría los pilastres de los ayatolás, es decir, la obligación del velo, la limitación de las actividades de las mujeres y toda ese serie de interpretaciones de reglas musulmanas que hacen de Irán la república Islámica”.
¿Preparado para la guerra?
Este lunes, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que aunque su país no busca la guerra, está “plenamente” preparado para ella y también anunció haber abierto un canal de comunicación con Steve Witkoff, el enviado especial de Donald Trump, con el aparente objetivo de evitar una incursión militar.
“Temo que una intervención de Estados Unidos y con los actores regionales actuales, como Israel, pueda crear un nuevo caos en Medio Oriente. Está claro que el régimen de los ayatolás debe caer pero toda intervención externa que no prevé lo que se hará después puede significar un retroceso, como lo sucedido en Irak, un país sin paz por decenios”, advierte Melcangi.
Escenarios abiertos
Según Pedde, la situación es muy fluida y hay cuatro escenarios posibles: el primero es el de un régimen muy fuerte que logra detener las protestas con la represión; el segundo escenario es el de la capacidad del movimiento de transformarse y definir un liderazgo y un programa político con la capacidad de transformar el descontento en revolución.
El tercer escenario es el de la intervención de actores externos, lo que es más peligroso, pues si Estados Unidos o Israel intervinieran ello significaría una amenaza existencial para la República Islámica que utilizaría la fuerza para sobrevivir, lo que probablemente degeneraría en un conflicto civil.
El cuarto y último escenario es el de una suerte de transición interna del régimen, en la que los miembros de la segunda generación, los pasdaran, podrían liberarse de la teocracia y transformar el sistema de gobierno en presidencial guiado por una élite militar.
Para Abdolmohammadi, “puede suceder de todo”, desde el fin de la protesta a causa de la represión, hasta la caída del régimen a condición de que desde su interior hubiera fracturas de las fuerzas de seguridad y la ayuda de actores internacionales para la “liberación”.
LP