Si los discursos del Estado de la Unión y las guerras suelen servir para incrementar la popularidad de los partidos en el poder, los republicanos no logran ver hoy las ventajas del estilo personal de gobernar de Donald Trump. El informe presidencial y la intervención militar no han logrado frenar el declive en la intención de voto.
Mientras el neoyorquino envía mensajes contradictorios sobre el fin de las hostilidades en Medio Oriente, los integrantes del Partido Republicano están al borde de un ataque de nervios: entre los comicios legislativos del 4 de noviembre de 2024 y el 9 de marzo de 2026, los conservadores han perdido 11 millones de votos, 690 mil cada mes, 158 mil cada semana, 22 mil cada día.
Un cruce de datos realizado por MILENIO, con base en resultados electorales y concentradoras de encuestas, muestra que en 15 meses los republicanos pasaron de contar con el respaldo de 75 millones de electores a arañar en los sondeos el apoyo de aproximadamente 64 millones de estadunidenses.
Y con persistentes descensos enfrentarán las elecciones para renovar el Congreso del 3 de noviembre.
El discurso de Trump de hace unos días debería haberlos ayudado a romper su pronunciada tendencia a la baja, que estaba en mínimos históricos de menos 15 puntos (la diferencia entre aprobación y desaprobación), según uno de los más prestigiados expertos en estadísticas de Estados Unidos, Nate Silver. Pasada la alocución, solo subió a menos 13.
Cualquier posible ganancia extra fue contenida por el inicio de los bombardeos. Silver precisa que todas las encuestas de aprobación presidencial hasta el momento fueron levantadas antes de la guerra, por lo que todavía no se conoce el efecto bélico en esta área estadística.
Pero las encuestas que preguntan específicamente sobre la ofensiva militar y ya han sido publicadas, muestran que el apoyo es marcadamente bajo en comparación con otras anteriores: si la de Afganistán, en 2001, inició con un 88 por ciento de aprobación, y la de Irak, en 2003, con 72 por ciento, la de ahora tiene apenas un 27 por ciento, con un rechazo de 43 por ciento.
Esto es un mal augurio para Trump y su Partido Republicano, que en preferencias generales tienen un promedio de 42.6 frente a 48 por ciento de los demócratas, según Silver, lo que los pone en rumbo a perder el control de la Cámara de Representantes, con riesgo de dejar ir también el Senado.
Trump une en su contra a todos (incluidos algunos republicanos)
El 10 de febrero, después de más de tres meses de pésimos resultados, los trumpistas podrían haber declarado el fin de su mala racha, o por lo menos haber disfrutado un respiro, tras la arrasadora victoria del republicano Tom Holt, quien logró reelegirse con nada menos que el 85 por ciento de los votos como alcalde de Ciudad de Oklahoma, capital del estado del mismo nombre.
Sólo que en ese lugar, por ley, los procesos electorales locales son ciudadanos y los partidos no se presentan. Y uno de los ejes de trabajo de Holt es unir a republicanos, demócratas e independientes.
De hecho, describió a Donald Trump como alguien “incompetente” para la Presidencia, que carece de “decencia humana” y que habla como un “dictador”. Holt se propone como un modelo para la “era posTrump”.
En comicios en el resto del país, para alcaldes, legislaturas estatales y gubernaturas, así como en elecciones especiales de escaños federales, donde los republicanos siguen compitiendo bajo la sombra de Trump, el voto de rechazo se ha traducido en una cadena de derrotas desde las de noviembre de 2025, lo que les hace temer que sea un adelanto de lo que les espera a fin de año, en las legislativas de noviembre de 2026.
Entonces estará en disputa la totalidad de la Cámara de Representantes y la tercera parte del Senado y, si Trump pierde el Congreso, los demócratas podrán atarlo de manos por los dos años que quedarán de su mandato.
Al entrar de lleno en su segundo año, una fuerte baja de popularidad de Trump, que pasó de tener 11.6 por ciento de positivos a 13 por ciento de negativos, se ha reflejado en la de su partido hacia las próximas elecciones legislativas generales: antes superaban a los demócratas con 3.3 por ciento pero ahora van detrás de ellos por 5.4 por ciento.
Demócratas, por la senda de Mamdani
“¡Así es como empieza una ola, amigos!”, festejó el estratega demócrata Matt McDermott la victoria de Chasity Martínez, el 10 de febrero, en un distrito estatal de Louisiana que Trump ganó por casi 26 puntos en 2024 y que ahora su copartidario republicano perdió por 12.
Desde el 4 de noviembre de 2025 los demócratas lo empezaron a sentir así, con el triunfo del socialista, musulmán, nacido en Uganda e hijo de padres indios Zohran Mamdani en la alcaldía de Nueva York, a pesar de que su lucha fue singular porque no sólo la dio contra los republicanos y contra Trump –que amenazó con quitarle los fondos federales a la ciudad si él ganaba– sino contra el liderazgo tradicional de su propio partido demócrata, el cual optó por apoyar a su rival interno.
Después, los demócratas prefirieron dejar de lado ese incómodo detalle y festejar con él, como con todos sus demás aspirantes en una noche de tsunami azul, en la que lograron arrebatarles a sus opositores la gubernatura de Virginia y conservar la de Nueva Jersey, ganar la Proposición 50 en California (lo que les permitió hacer una redistritación a su favor que compensara la que los republicanos hicieron en Texas) y hasta el hito con valor simbólico de conseguir entrar, por primera vez, con dos asientos en la Comisión de Servicios Públicos de Georgia.
Cinco semanas después, el 9 de diciembre, su candidata Eileen Higgins arrasó en la alcaldía de Miami, la cual había estado en manos republicanas desde 1997, hacía 28 años. Esto provocó que la legisladora por el distrito de Miami, Maria Elvira Salazar, una republicana muy trumpista que en noviembre enfrentará el enojo de los latinos con el presidente, hiciera unas inusuales críticas a la política migratoria del gobierno.
En fechas electorales siguientes, los demócratas invadieron estados considerados rojos (republicanos), dándoles la vuelta de manera espectacular a ventajas que antes había obtenido Trump, como en el distrito 45 del senado estatal de Misisipi, en donde vencieron por 30 puntos.
Ahora la gran disputa: el Congreso
Si algo ha enseñado Trump a sus opositores, es que es un error darlo por muerto. Pero según las encuestas, las políticas de despido masivo de empleados públicos, la de guerras de aranceles y la de persecución de migrantes, incluidos los asesinatos de los ciudadanos estadunidenses Renee Good y Alex Pretti perpetrados por agentes del ICE; y el creciente costo de la vida, han provocado una pronunciada erosión de su apoyo popular que está impactando en su partido.
Todo lo anterior junto con la campaña de los demócratas que, replicando a Mamdani, enfatiza el tema de la asequibilidad de los artículos y alimentos, y a que los republicanos enfrentan divisiones internas a causa del manejo presidencial del escándalo Epstein y de sus agresivas intervenciones en el extranjero.
En la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen una pequeña mayoría de 218 asientos contra 214 (más tres vacantes), los demócratas necesitan una ganancia neta de apenas tres escaños para recuperar la mayoría, lo cual se considera posible.
En el Senado, con 53 asientos frente a 47, los republicanos tienen menos riesgo pero la vulnerabilidad de figuras como Susan Collins en Maine y la necesidad de defender escaños especiales en Florida y Ohio, para reemplazar al secretario de Estado, Marco Rubio, y al vicepresidente J.D. Vance, limitan su capacidad de maniobra legislativa durante el año electoral.
No hay nada para nadie pero mientras los demócratas ven que su ola azul está juntando agua, Trump insinúa posibles medidas para tomar el control del proceso electoral.
(Fact checking: JRH)
ksh