A las 3:20 de la tarde, en una sala cerrada en el desierto de Nuevo México, ocurrió algo que duró menos de un segundo… pero cambió para siempre la forma en que la ciencia maneja uno de sus poderes más peligrosos.
Un destello azul iluminó la habitación.
No fue una explosión. Tampoco un incendio. Fue la señal de que una reacción nuclear había escapado de control.
El hombre en el centro de la escena era el físico canadiense Louis Slotin, uno de los científicos que trabajaron en el ultrasecreto Proyecto Manhattan, el programa que durante la Segunda Guerra Mundial desarrolló las primeras armas nucleares bajo la dirección de J. Robert Oppenheimer.
Slotin no era un novato. Había colaborado con algunos de los físicos más brillantes de su tiempo, entre ellos Enrico Fermi y Niels Bohr, y había participado incluso en el ensamblaje del núcleo utilizado en la histórica prueba nuclear Trinity test de 1945.
Pero meses después de la guerra, en el laboratorio de Los Álamos National Laboratory, el científico realizaba un experimento que muchos consideraban tan fascinante como peligroso.
Consistía en acercar dos hemisferios de berilio alrededor de un núcleo de plutonio para medir qué tan cerca podía llevarse el material al punto crítico de una reacción nuclear.
Entre los físicos circulaba un apodo inquietante para esa práctica: “hacerle cosquillas a la cola del dragón”.
La estabilidad dependía de milímetros.
Ese 21 de mayo de 1946, mientras varios colegas observaban la demostración, Slotin sostenía el hemisferio superior con una mano. En la otra tenía un simple destornillador que mantenía separadas las piezas.
El destornillador resbaló.
Las mitades se cerraron por un instante.
El núcleo se volvió supercrítico y la sala se llenó de un breve resplandor azul. Slotin reaccionó de inmediato y separó el dispositivo, evitando que la reacción continuara. Con ese gesto, salvó a los otros científicos presentes.
Pero también absorbió una dosis letal de radiación.
Lo que ocurrió en su cuerpo durante esos días —cuando la radiación empieza a destruir lentamente la sangre, los órganos y el sistema inmunológico— es una de las historias más perturbadoras de la ciencia moderna.
¿Quieres saber cómo actúa realmente la radiación dentro del cuerpo humano y qué ocurrió con Slotin durante sus últimos días?
La respuesta está en el video.