M+.- El demonio es una presencia real y puede agredir al ser humano mediante acciones extraordinarias como la posesión, la obsesión y la vejación, aunque su principal instrumento es la tentación, advierte el monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la diócesis de Bauru, Brasil.
El prelado suele viajar a Roma y participar en cursos de la Formación Académica sobre el Exorcismo y la Oración de la Liberación, organizados por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum —una universidad de la congregación de los Legionarios de Cristo—, el Instituto Sacerdos y el Grupo de Investigación e Información Sociorreligiosa (Gris).
En entrevista con MILENIO en un perfecto español, Miraglia Zani también puso en guardia contra el sincretismo y el ocultismo que “abren las puertas al mal” y dijo que en América Latina hay un alejamiento progresivo de la fe, lo que vuelve a las personas más vulnerables.
—¿Qué diría a las personas que no creen en estos fenómenos, que no creen en la existencia del diablo?—
“Lo mismo que dijo el papa Paulo VI: que quien no cree está fuera de lo que enseña la Iglesia y las Sagradas Escrituras, está fuera de lo que nos enseña la palabra de Dios”.
Vemos un avance de la descristianización en Occidente y al mismo tiempo pareciera que hay un aumento en las solicitudes de exorcismo. —¿A esas personas que no creen en Dios pero creen en la necesidad de combatir contra el diablo que les dice?—
“Ese es el problema, porque no creer no quita el problema, ahí está todo. Puedo decir que no creo, pero estoy sufriendo por esta realidad. Cuánta gente descubre de la peor manera que de verdad existen estas cosas, entonces nosotros encontramos personas que primero decían que nunca les había pasado por la cabeza, decían 'yo no voy a misa, no me confieso, estas son tonterías de niños o de viejos', pero cuando les toca a ellos en primera persona ahí la cosa cambia y cómo cambia”.
—¿Cuántos exorcismo ha realizado?—
“Nunca he hecho cuentas. Como no cuento tampoco cuántas misas celebro, cuántos bautizos hago, tampoco cuento los exorcismos que realizo”.
—¿Cómo son sus exorcismos? ¿Cuáles son sus emociones cuando los hace?—
“Nunca he tenido miedo, nunca. Porque conozco la palabra de Dios y hago los exorcismos como lo establece el ritual de la Iglesia. Me preparo con la oración, con el ayuno; voy siempre en ayuno a los exorcismos y no me pasa nada, estoy acostumbrado. A pesar de lo que se ve, no tengo problemas.
“Rezo lo que me pide la Iglesia en el ritual. Por gracia de Dios nunca he tenido miedo y tengo una certeza muy grande: que Dios me acompaña y que estoy con toda la Iglesia, y cuando digo con toda la Iglesia digo Cristo, cabezas, madre santísima, todas las almas del cielo, las almas del purgatorio y toda la gente de la Iglesia militante. Por lo tanto nunca estoy solo, voy con un Ejército contra él, pobre de él…”.
—¿Cómo se manifiestan las posesiones? —El cine nos ha mostrado algunas escenas…
“Lo del cine son tonterías, tonterías. En el cine buscan espectáculo. Primero, no hay dos exorcismos que sean iguales, incluso con la misma persona. La primera persona que tuve en mis manos necesitó siete exorcismos para liberarla y se liberó no con el exorcismo, sino con la confesión, porque al final yo veía que el diablo ya estaba casi afuera y no se iba… entonces pedí a la Virgen que me ayudara, que le pegara para saber porque no se iba y entonces dijo que era porque no confesaba un pecado.
“Ahí estaba el marido de la señora y sus amigas que ayudaron durante el exorcismo, les pedí que se salieran de la sacristía, que me iba a quedar solo, que no había problema. Salieron y entonces pregunté al demonio que es lo que pasaba y que la dejara en paz, que se iba a confesar y así se fue el demonio.
“La impresión que tenemos es que el demonio está dentro de la persona pero no está dentro, está afuera, como nos explica muy bien Santo Tomás de Aquino. Entonces pregunté a la persona si se quería confesar y me dijo que sí y cuando lo hizo le di la absolución… vino una alegría, un gozo, un suspiro de liberación, eso fue durante la confesión.
“Cada situación cambia. Yo siento mucha alegría, las imágenes que pasan en las películas, los tormentos, la tensión… pues Dios está ahí vivo y presente, se vuelve un lugar de gozo, de alegría, de felicidad, de liberación, aún cuando no haya una liberación completa, pues esta primera persona necesitó siete exorcismos y al final de cada sesión se sentía libre pero no era una liberación completa y total, era en ese momento, en esa situación. Después del último exorcismo ahí sí estaba completamente libre, aunque nunca sabemos cuando será liberada definitivamente la persona, el diablo dice cuando se irá, pero es mentiroso…”.
—¿A usted el diablo le habla personalmente? ¿Tiene voz? ¿Cómo se manifiesta?—
“Se manifiesta con la voz de la persona, a veces es una voz alterada, grave o aguda, a veces no habla nada, a veces se manifiesta con movimientos de la cara, alternancia, se muestra desafiante, en italiano se dice spavaldo (fanfarrón), pero de un momento a otro cambia, esos cambios de humor son muy interesantes. Hay odio, mucho odio. Recuerdo otro exorcismo de una muchacha en lo que más me impresionó no fueron la levitación y esas cosas que no me impresionaron”.
—¿Hay levitación?—
“A veces sí hay levitación”.
—¿Y hablar idiomas que la persona no conoce?—
“También, por supuesto que sí. Muchas veces durante el exorcismo hablo en italiano, el español es muy parecido al portugués, entonces hablo en italiano y me contesta a veces en italiano, a veces en portugués, pero me contesta a tono”.
—¿Y otros idiomas que no hable la persona, como el arameo?—
“Eso nunca me ha pasado. Me ha pasado con el italiano que nadie habla en Brasil. Recuerdo el caso de una muchachita de 13 años, pero parecía un ropero de lo grande que era (sic). Estaban su padre y una hermana mayor y entonces durante el exorcismo yo daba órdenes al demonio en italiano pero fuera del exorcismo cuando hablaba en italiano con la chica no entendía nada y sus familiares le decían que cuando estaba con el bicho ahí si comprendía el italiano. Pero no era ella la que me comprendía, era él.
“Volviendo a lo anterior, la levitación no me impresionó, me impresionó el odio en la cara de la muchacha, con ojos cerrados expresaba un odio, con ganas de golpearme, una cosa increíble”.
—¿Y tampoco tiene miedo en esas situaciones?—
“¿Por qué debería tener miedo? Estás delante de un león enjaulado, las barras de hierro son firmes y gruesas, ¿qué miedo debo tener?”.
—¿Cómo hace para discernir si no se trata de una enfermedad mental?—
“Esa es la cosa más complicada porque exorcizar no es complicado, no es difícil. Tienes el ritual, rezas, no es más que rezar, pero el discernimiento es la cosa más difícil, hay que estudiar mucho, hay que conocer también problemas mentales. Infelizmente no tengo un equipo y no puedo disponer de un psiquiatra, de un psicólogo y entonces me puse a estudiar por mi cuenta”.
Pero cuando una persona con un problema de posible posesión demoníaca va a la diócesis a pedir el exorcismo, —¿no le hacen primero un examen psiquiátrico?—
“Eso es natural pero depende de cada situación. Cuando presentas cortes en tu carne y vas a examinar los cortes y ves que no son de afuera para adentro, sino de dentro para afuera ¿no te parece algo raro?, esas son las vejaciones.
“Cuando hay problemas de carácter mental es más complicado, por ejemplo, con una obsesión ves imágenes que solamente son visibles para ti u oyes voces que solo tú escuchas, si estás en estado puro es muy difícil de distinguir de una esquizofrenia, muy difícil… pero se puede discernir por misericordia de Dios, gracias a él raramente una obsesión viene sola o viene como vejación o como posesión.
“La gente piensa siempre en la posesión pero hay tres realidades que pueden agredir al hombre y que son acciones extraordinarias del demonio: la vejación, que es corporal; la obsesión, que es mental y la posesión que es la pérdida completa y total de tu capacidad de autogestión, de conducir tu pensamiento, de hablar, de moverte”.
—¿De alguna manera los poseídos dan su permiso, abren la puerta al mal?—
“Hay de todo, hay gente que se metió con sectas satánicas, con cultos de santería, entonces fueron a buscarlo. El diablo está en la jaula pero fueron ahí a buscarlo, entonces él viene y te pega. Pero también hay quienes no tienen nada que ver con esto y padecen de embrujos, de maleficios y ahí, pobrecitos… pero si tienes siempre una buena vida cristiana estás blindado.
“Hay dos cosas que le encantan al demonio: que no crean en su existencia o que crean demasiado. La cosa más difícil es hacer comprender a la gente que lo peor que nos puede pasar no es una obsesión o vejación o peor, la posesión, lo peor es la tentación, porque es la manera ordinaria, él es un gran maestro para hacerlo y eso lleva al infierno.
Usted dice que una vida cristiana es una defensa, pero —¿qué sucede con las personas que no creen, que no son cristianas o que son de otras religiones?—
“Pues están más vulnerables”.
—¿Cómo es la situación en América Latina?—
“Hay un alejamiento progresivo de la fe y eso vuelve a la gente más vulnerable pero no deja a la gente menos religiosa. El pueblo de Latinoamérica es muy religioso pero no tiene religión; tiene sentimiento religioso, pero no tiene fe definida. Gente muy religiosa y a la vez con poquísima religión, se van con los evangélicos, con el sincretismo, con otros ritos, no tiene fe definida”.
—¿Cuáles son los síntomas o signos inequívocos de una posesión?—
“Conocer cosas que la persona naturalmente no debería conocer, como idiomas o situaciones o realidades; hablar lenguas distintas y comprenderlas, no una palabra, sino hablar sin haberlas estudiado; la aversión a las cosas sagradas sin saber que son sagradas, distinguir por ejemplo si un vaso tiene agua bendita, o un rosario bendecido de uno que no lo está. Son situaciones muy claras y evidentes pero no son muy frecuentes, por eso la parte más dura de nuestro ministerio es el discernimiento, exorcizar no es difícil…”.
—¿Cuánto dura un exorcismo normalmente?—
“Depende, puede durar 10 minutos, puede durar 40, una hora, tres horas. Se sabe cuando empieza pero no cuando acaba. Nunca sé cuando va a acabar, cuando acaba lo sabe Dios…”.
—¿Tiene relación con México?—
“Mucha, trabajo mucho con los mexicanos pero en la formación de exorcistas, no en exorcismos. No conozco a fondo el problema de las posesiones en México”.
MD
