Hace más de un mes, la vida de Erika Juárez, nacida en Estados Unidos, y su familia cambió de forma repentina el 21 de octubre. Los agentes del servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), detuvieron a su esposo de origen mexicano por no tener “papeles” que le permitan vivir en este, así que el “sueño americano” se ha convertido en una pesadilla.
Desde entonces, las autoridades migratorias lo han mantenido en un centro de detención, junto a decenas de migrantes que llegaron a este país en busca de mejores oportunidades, pero que ahora, se ha vuelto todo un reto su permanencia.
¿Cuál es su historia?
Desde hace más de 15 años, Erika y su esposo radican en Chicago, ciudad en donde las redadas masivas se volvieron cada vez más frecuentes y violentas.
Desde ese momento, nunca se habían separado, hasta hoy, cuando su esposo fue detenido mientras laboraba.
El proceso del padre de sus tres pequeños sigue, pues se ha negado a firmar su salida voluntaria del país; sin embargo, dado que son miles los que han sido detenidos por no comprobar su legal estancia en los Estados Unidos, el proceso ha sido lento.
Sin embargo, se tiene la esperanza de que esto pueda cambiar el próximo primero de diciembre, cuando tenga la cita frente a la corte con un juez para que analice su caso y pueda ser absuelto.
“Ya el próximo primero de diciembre mi esposo tiene su fecha en la corte; estoy muy nerviosa, pero espero pueda salir; de lo contrario, no sé qué decisión vayamos a tomar, pero no queremos que sea deportado para México porque aquí tenemos a la familia.”
La comunicación entre Erika y su esposo se mantiene y es constante, ya que en el centro de detención le permiten comunicarse solo 45 minutos al día, tiempo que pueden utilizar como mejor les convenga.
Pero esa comunicación también representa un gasto de por lo menos 100 dólares a la semana, suficiente para realizar llamadas a diario.
Pero la privacidad en las llamadas no existe, pues todas son grabadas, razón por la que no le puede preguntar si come, si duerme o qué tal el tratado que reciben.
“Yo no le hago muchas preguntas sobre eso, solo le hablo de los niños por lo mismo”, dijo.
Los tres hijos menores del esposo de Erika saben que está detenido por parte de migración; sin embargo, solo les explican que debe permanecer en ese lugar para realizar algunos trámites importantes para continuar viviendo en los Estados Unidos.
“Preguntan casi a diario mis hijos que cuándo va a regresar; están sufriendo mucho. Para mí ha sido muy difícil explicarles todo; me hago la fuerte frente a ellos, pero ya por las noches, cuando duermen, yo no dejo de llorar”, menciona Erika.
En este mes, en donde su esposo ha permanecido en el centro de detención, organizaciones civiles, amigos y conocidos han apoyado con recursos, aunque también ha echado mano de los ahorros para enfrentar los gastos que no cesan.
“Tengo mucha gente que me ha estado ayudando, gracias a Dios: lo que teníamos ahora. Con eso es con lo que estamos subsistiendo y también su patrona nos ha ayudado mucho, yo no puedo trabajar porque aún mis hijos están pequeños Y no tengo quien los cuide”, compartió Erika quien reconoció que los días pasan y han sido difíciles para su familia.
Migrantes firman su salida voluntaria de EU y continúan detenidos
El centro de detención de migrantes de Broadview en Chicago ha sido duramente criticado por las diferentes asociaciones civiles, que lo describieron como no apto para el resguardo de personas, sin embargo, continúa en operación en máxima capacidad, por lo que algunos detenidos están siendo trasladados a otros estados.
Tal es el caso de Máximo Flores Gutiérrez, de origen nicaragüense y de 34 años de edad, quien a finales del mes de septiembre fue detenido cuando iba a bordo de su automóvil por las calles de Chicago; tres unidades de migración le cerraron el paso y lo detuvieron, según refiere Erika Juárez, novia del detenido.
“Mi novio dijo que se le cerraron dos camionetas, y ahí lo bajaron , Cuando lo agarraron, le preguntaron si era fulano de tal y el dijo que si, lo bajaron del auto, el apenas tenía tres años en Estados Unidos en donde trabajaba en una fábrica de chocolates.”
Máximo firmó su salida voluntaria para que de inmediato fuera deportado a su país de origen, sin embargo, ya se cumplió un mes y medio y no ha sido liberado.
Erika Juárez refiere que primero su novio fue llevado al centro de detención de Chicago, posteriormente a Indiana y ahora está en Kentucky.
“No nos dicen absolutamente nada, ni de una multa, nadie nos da información de él, tan solo de aquí a donde esta mi novio se hacen hasta 5 horas en auto, además no podemos ir a visitarlo, solo en llamadas, para poder enviar cosas como de aseo personal, debemos comprarlo y ya del centro se encargan de entregarlo.”
Son tres comidas al día las que consumen los migrantes que están bajo custodia de ICE en los centros de detención de Estados Unidos: frijoles, arroz, pasta y en ocasiones pan, según refiere Erika.
“Donde esta ahorita en Kentucky , les dan frijoles, pan en ocasiones, pasta, algo muy simple, porque donde estaba en Indiana, estaba horrible, porque no había privacidad para el baño, porque tenía vidrios y dice mi novio que le daba vergüenza”, finalmente dijo la novia del detenido.
HCG