Es día de partido y la Ciudad de México lo sabe. Lo saben en las oficinas, en el metro, en los bares, en las banquetas. Es el segundo juego de la selección tras el 2-0 inaugural contra Sudáfrica. El rival sería Corea del Sur, y los expertos sentencian: el Tricolor debe liderar la tabla para seguir jugando en casa.
La Ciudad de México no fue la sede, pero parecía. Las megapantallas instaladas en el Centro Histórico acercaron a varios miles hasta la Perla Tapatía, donde el Vasco Aguirre alinearía a sus once pupilos frente al conjunto surcoreano.
Mientras el Estadio Guadalajara tomaba el protagonismo de la justa mundialista, la afición chilanga se apropió de la banqueta capitalina, impuso la camiseta verde e hizo de Reforma el epicentro del desmadre.
Apenas eran las 4 de la tarde y ya estaba todo listo para la fiesta, para el carnaval mundialista. Solo faltaban los goles. En su afán de provocar, la afición eligió una vía poco caballerosa. Corea va a probar el chile nacional, se escuchaba entre los tumultos pamboleros que ya estaban listos para entrar a los tugurios.
En cada esquina del Centro Histórico se hace el convivio, la porra, el intercambio de cornetazos. Los miles de aficionados que desde medio día ya querían entrar al Zócalo se reparten entre fondas, taquerías y negocios de comida banquetera antes del juego.
Pero la Plaza de la Constitución se llenó muy pronto. Antes de las cinco, los altavoces ya llamaban a no ingresar al Zócalo. Eso fue diluyendo poco a poco el ambiente hacia las megapantallas que se contemplaron para que la gente pudiera ver el partido desde otros puntos.
Conforme pasaba el tiempo, la gente se movía en todas direcciones; la marea verde corrió por la banqueta, el metrobús, el metro, hasta una cantina o un restaurante. A todos les dio tiempo de lavar su camiseta verde, o comprar una pirata.
Al filo de las 18:00 de la tarde, a la ciudad le urgía llegar a algún lugar para ver el juego. De las oficinas al fan fest. Todo mundo ansioso porque llegara ese momento.
Todos menos la afición coreana. En la Zona Rosa, en la colonia Juárez —donde han permeado supermercados y restaurantes coreanos—, prefirieron celebrar alejados del bochorno capitalino.
"Lamentablemente tengo mucho trabajo. Yo creo que lo vería desde mi oficina, con mis compañeros; me gustaría salir para ver otro lugar, pero también me da un poco de miedo si ganamos, ¿qué pasaría con los fans mexicanos?", bromea Tse Hoon "Fernando", aficionado surcoreano.
Pocos restaurantes asiáticos pusieron pantallas para ver el partido; muchos incluso cerraron sus puertas. La comunidad prefirió ver el partido en privado. Una afición discreta, contraria al acalorado festejo y fervor deportivo que emanan los latinos.
Juanita, responsable de uno de estos restaurantes, reconoce que no esperaban mucha gente. Pero no pudo ocultar la emoción:
"Apoyamos a los dos: a Corea y a México".
A las 19:00 en punto suena el silbatazo inicial. Y a las 19:10 no había ni un solo lugar en la Juárez con mesas disponibles para ver el juego; las camisetas verdes una vez más estaban en todos lados.
Cada mesa, cada bar donde había una pantalla sintonizando el mundial, estaba completamente abarrotado. Entre los coreanos, la transmisión fue tranquila; no corrieron las jarras de licor de arroz, fueron pocos los que se les vio durante el partido. En algunos establecimientos hasta prefirieron portar la camiseta mexicana, sin alarde.
A las 20:09 horas se retomó el partido y la Glorieta del Ángel ya tenía fiesta. Una verbena cada vez más elaborada, que superó por mucho a la inauguración en cuanto a afluencia. Hubo operativo policial para custodiar monumentos y bloqueos de circulación.
Hordas de vendedores salieron a la calle y tapizaron Reforma. Ya venían preparados: el impermeable, el paraguas, tamales oaxaqueños, los tacos de canasta, cheves, micheladas, azulitos; los que no tenían, iban a la bodega por más.
Alitas, crepas, hot dogs. Un carnaval chilango. Muchos más optaron por comprar en las tiendas de autoservicio y sortear filas interminables.
Pero paradójicamente, aquí nadie ve el partido. Lo escuchan por los altavoces de una transmisión de radio. En el Ángel no hay pantallas; algunos se asoman a las de los restaurantes aledaños para ver desde la banqueta.
Llegó el ansiado gol. Es de Romo. "Un despertador", dijeron los comentaristas. En el Ángel ondearon las banderas, sonaron las cornetas bajo la lluvia y la espuma enlatada.
Los minutos finales se consumieron entre nervios y porras. Cada balón despejado por la defensa coreana; cada tiro del Tricolor, un amago de festejo. Y la marea verde, empapada pero eufórica, contaba los segundos como esperando el fin de la lluvia.
El silbatazo final fue la señal de liberación. La Ciudad de México exhaló. Era suficiente. No hacía falta más. Así es el carnaval del fútbol. Ahora seguiría el ritual chilango, la peregrinación obligada del triunfo, y nadie quería perderse el segundo acto de la fiesta.
El Zócalo, Garibaldi y todas las plazas aledañas se vaciaron en un solo torrente. Envueltos en banderas mojadas, avanzando entre los charcos, con trago en mano, la marea verde buscó la salida más fácil para desembocar hasta la Glorieta del Ángel.
Aquellos que habían visto el partido en el primer cuadro avanzaron en peregrinación con corneta, bandera, playera, sombreros y cervezas firmes en la mano. Familias enteras y amigos caminaron.
Conforme los bares se iban vaciando, la porra desembocaba al Ángel. ¡México, México! ¡Sí se pudo, sí se pudo! ¡Somos primeros de grupo!, coreaban.
El río de gente comenzaba en Juárez y no dejaba de avanzar entre sombreros y máscaras de luchador. Corrían los tragos, los shots, y el ¡Viva México!.
En la glorieta, arriba del templete, los mariachis ya daban el obligado ¡Ay, ay, ay, ay, canta y no llores!, ese himno del festejo popular que se canta en las buenas y en las malas.
???? #SelecciónMexicana venció 1-0 a Corea del Sur en Jalisco, aseguró el liderato de grupo y la afición ya celebra en plazas de distintas ciudades del país. ¿En qué posición queda en la tabla general y quién podría ser su próximo rival?@MINELLIATAYDE con el análisis para… pic.twitter.com/rtH9nWwIH3
— Alejandro Domínguez (@AlexDominguezB) June 19, 2026
La fiesta, como era de esperarse, se prolongó hasta la media noche. La afición necesitaba el desfogue, después de meses de bloqueos por obras, de marchas, de polémicas… Necesitaba ver ganar a la selección, aunque fuera con pocos goles, sin alardes técnicos ni exhibiciones de los próceres del fútbol.
CHZ