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Rancho Salazar: Así nació el proyecto ecuestre de Ricardo Nizri que hoy reúne cientos de caballos

Edición Fin de Semana

El jinete convirtió un proyecto personal en uno de los centros ecuestres más activos cerca de la Ciudad de México. Desde Rancho Salazar, en Lerma, ha impulsado una comunidad de jinetes y competencias de alto nivel

Con frecuencia, los proyectos de salto ecuestre comienzan de manera sencilla, con un terreno, algunos caballos y la necesidad de seguir montando. Algo así ocurrió con Rancho Salazar, hoy uno de los centros ecuestres más activos cerca de Ciudad de México. Detrás del proyecto está Ricardo Nizri, un jinete que convirtió una afición de infancia en un espacio que reúne a cientos de caballos cada semana.

Nizri nació en noviembre de 1980. Su relación con los caballos empezó temprano. Desde los diez años y hasta los veintidós montó en el Club Hípico Francés, uno de los centros ecuestres más conocidos de la capital durante décadas. Ahí, además de aprender a montar, desarrolló una afinidad con el salto ecuestre, una disciplina que exige precisión, concentración y una relación constante con el caballo.

El cierre del Hípico Francés marcó un punto de inflexión. Nizri se fue a estudiar fuera de México, pero cuando regresó tenía claro que quería seguir cerca del deporte que había practicado durante tantos años. Sin el lugar donde solía entrenar, decidió buscar una alternativa propia.

En 2007 compró un predio en Lerma, Estado de México. En ese momento el proyecto no tenía la escala que alcanzaría más tarde. La idea inicial era crear un lugar donde pudiera tener sus caballos y algunos otros animales, y donde pudiera montar con regularidad.

Con el tiempo, amigos comenzaron a visitar el rancho para montar, y poco a poco el lugar empezó a atraer a más jinetes. Hoy Rancho Salazar alberga alrededor de 150 caballos. De ellos, cinco pertenecen directamente a Nizri. El resto pertenece a jinetes, entrenadores y propietarios que utilizan las instalaciones para entrenar o competir.

La filosofía del rancho se resume en una frase que se repite con frecuencia entre quienes entrenan ahí: "Enjoy the ride". Funciona como una forma de entender el deporte. Significa disfrutar el proceso, cada entrenamiento, cada recorrido y cada etapa del aprendizaje.

Dentro del mundo ecuestre, donde el progreso puede ser lento y los resultados tardan en llegar, esa idea adquiere especial importancia. El salto ecuestre exige disciplina, paciencia y una capacidad constante de enfrentar errores y obstáculos. Esa misma lógica se aplica a los jóvenes que hoy entrenan en el rancho. En los últimos años, varios jinetes y amazonas jóvenes han comenzado a desarrollar sus carreras ecuestres en Rancho Salazar.

"Creo que el salto ecuestre enseña disciplina, constancia y la capacidad de enfrentar obstáculos y seguir adelante", dice. A lo largo de casi dos décadas, el proyecto ha incorporado mejoras en infraestructura e instalaciones. Uno de los aspectos que Nizri destaca con más orgullo es la calidad de las pistas donde trabajan los caballos. En el salto ecuestre, el piso es un elemento crítico, pues influye en la seguridad de los animales y en su rendimiento. Lograr un nivel de confianza en esas pistas ha sido uno de los objetivos técnicos del rancho.

René Villaseñor CON FUJIFILM X-H2 | En Ricardo y Mac: HERMÈS
René Villaseñor CON FUJIFILM X-H2 | En Ricardo y Mac: HERMÈS

También han surgido hitos importantes en la evolución del proyecto. Uno de ellos fue la organización del primer concurso internacional en Rancho Salazar, un evento que colocó al rancho en el mapa competitivo del país. Otro paso relevante fue la inauguración de un quirófano dentro de las instalaciones, diseñado para atender emergencias ecuestres. Este tipo de infraestructura no es común en todos los centros ecuestres y refleja el crecimiento del proyecto.

Pero quizás el desarrollo más visible ha sido la creación del circuito de competencias conocido como Mexico City Tour. Aunque el rancho no está dentro de la Ciudad de México, su ubicación en Lerma lo sitúa a unos quince minutos de Santa Fe. La idea detrás del circuito era demostrar que es posible organizar concursos de alto nivel cerca de la capital sin que los jinetes tuvieran que viajar a otros estados.

El resultado ha sido significativo. Hoy el circuito reúne cada semana entre 600 y 700 caballos, convirtiéndose en uno de los encuentros ecuestres más activos de la región. Las pruebas incluyen formatos tradicionales como el derbi, pero también competencias dinámicas como seis barras, póker o slalom, diseñadas para mantener el interés tanto de los jinetes como del público.

Mirando hacia el futuro, Nizri imagina que el proyecto seguirá expandiéndose. Su visión incluye mejores instalaciones y servicios tanto para caballos como para jinetes, así como la continuidad del circuito de competencias. El objetivo principal sigue siendo el mismo que cuando compró el terreno en 2007, mantener un espacio donde el deporte pueda practicarse con seriedad y respeto por los animales.

Para los jóvenes que quieren dedicarse al salto ecuestre, su consejo es directo. Es un camino largo, dice, que requiere disciplina y paciencia. El talento puede ayudar, pero el trabajo constante y la dedicación son los factores que realmente marcan la diferencia. Esa combinación de esfuerzo y respeto sigue siendo la verdadera esencia del salto ecuestre.

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