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Grigor Dimitrov, una vida entre líneas

M revista de MILENIO

Desde sus primeros golpes contra una pared hasta su regreso al torneo que ganó en 2014, el deportista habla del tenis como una mezcla de belleza, desgaste, memoria y corazón.

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Hay algo extraño en estar dentro de un estadio de tenis sin los gritos de los aficionados, sin la música; en el silencio, la Arena GNP Seguros parece revelar su esqueleto. Abajo, en la cancha, se escucha el eco seco de las pelotas de los jugadores que entrenan. Arriba, mientras fotografiamos a Grigor Dimitrov, la corriente de aire hace que sostener el flash sea imposible.

Dimitrov parece cómodo en ese momento en el que un torneo todavía no se ha convertido en espectáculo y los jugadores pueden existir sin el peso completo del reflector. Acapulco le pertenece de una manera particular. Aquí ganó el título en 2014, cuando todavía estaba en una etapa temprana de su carrera, aprendiendo a jugar ante grandes públicos, partidos nocturnos y esa presión que vuelve al Abierto Mexicano de Tenis una prueba física y emocional.

En esta conversación no aparece como alguien interesado en proteger una imagen de perfección; habla de dudas, de dolor, de lesiones, de la dificultad de mirar hacia atrás en un deporte que obliga a competir todas las semanas.

Fotografía: René Villaseñor con Fujifilm X-H2
Fotografía: René Villaseñor con Fujifilm X-H2


Con Dimitrov el tenis no se reduce al resultado, se parece más a una conversación larga con uno mismo, una que ocurre dentro de siete líneas a las que, como él dice, ciertos jugadores les dan demasiada importancia.

¿Qué es lo que más recuerdas del torneo 2014?

Fue una semana borrosa porque muchos de los partidos que jugué fueron muy tarde. Creo que después de cuartos de final colapsé; terminé con una máscara de oxígeno y todo, es algo que recuerdo muy claramente, tengo una foto de ese momento. Recuerdo que hacía muchísimo calor y había muchísima humedad, tuve partidos muy difíciles, al punto en que ya no podía sostenerme. Estaba empujando mucho. Creo que eso es lo que realmente recuerdo de cada partido. Me parece que terminaba alrededor de las dos o tres de la mañana, así que eso también fue muy divertido. Y, otra vez, la gente fue increíble.

¿Qué considera que haces mejora hora?

Es una pregunta difícil de responder, una de las partes más complicadas de nuestro deporte es que tenemos que competir cada semana. No tenemos demasiado tiempo para mirar hacia atrás, recordar, ver qué hiciste bien, qué puedes mejorar y todo eso; dependemos mucho de nuestro equipo para atravesar esos momentos. El año pasado, por primera vez en mi carrera, me lesioné y tuve que alejarme de la cancha por unos cinco o seis meses. Desde que soy atleta profesional nunca había podido detenerme, voltear y mirar el camino que había recorrido; aprendí muchísimas lecciones y tuve realizaciones a partir de eso. No creo que pueda señalar una cosa en particular, el deporte evoluciona, yo he cambiado como jugador y el juego también se modifica. Hay tantas partes y componentes en movimiento que sería muy difícil decirlo ahora; cuando termine con todo, entonces podré ser más objetivo.
Grigor Dimitrov
Fotografía: René Villaseñor con Fujifilm X-H2

Esperemos que falte mucho para eso.

Ojalá sí.

¿Qué parte de tu personalidad ha amplificado el tenis, para bien o para mal?

Nunca me habían hecho esa pregunta.Últimamente he tenido una conversación parecida con algunos amigos, y siempre se refieren a mí como alguien bastante emocional. No quiero sonar demasiado suave aquí; creo que la parte emocional es algo que puede interferir con el juego, diría que amplifica mi corazón. En cierto sentido, también es muy difícil separar lo que ocurre fuera del deporte de lo que haces dentro de la cancha.
“Una de las cosas que noté cuando estuve lejos del deporte fue la importancia de mi propia comunidad: amigos, familia y todo eso. Naturalmente, no soy una persona egoísta, me gusta cuidar a la gente y estar pendiente de los demás, pero también sé lo difícil que es para mí ser un muy buen amigo y todo lo que viene con eso. Sentí que me había puesto en una línea de juicio. Estoy aprendiendo, explorando, probando cosas nuevas para mí también, creo que todo se reduce a cómo se siente tu corazón, y para mí es muy difícil reprimir esa parte de mí.

¿Recuerdas cuándo empezaste a jugar?

Sí, tenía tres años, mi papá era entrenador de tenis y, aparentemente, yo era un niño muy rebelde. Un día mi mamá me llevó a las canchas, me dieron una raqueta, una pelota de tenis y me dijeron: “Ahí está la pared. Quédate ahí”. Terminé completamente fascinado con la idea de golpear una pelota contra la pared; ese fue el comienzo. Por eso siempre me resulta muy difícil responder qué haría si no jugara tenis, realmente no puedo contestar esa pregunta.

¿Todavía disfrutas este deporte?

Sí, lo he hecho durante más de 30 años de mi vida. Conforme pasa cada año, también empiezo a entender la importancia de las otras partes de la vida; una de las cosas que les digo a los jugadores, y también a mis amigos, es que prestamos tanta atención y les damos tanta importancia a esas líneas en la cancha, que casi parece que nuestra vida depende de ellas. Como competidor, es una de las cosas más grandes, pero también necesito saber cuándo y cómo manejarlo. No puedo dejar que esa parte me defina.
Grigor Dimitrov
Fotografía: René Villaseñor con Fujifilm X-H2

hc

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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