Preparar una crema pastelera perfecta es el equivalente en repostería a dominar aspectos básicos de construcción: una vez en control, puedes hacer el postre que se te antoje.
El verdadero truco para lograr una consistencia 'en su punto' radica en la precisión del espesado, así como en un proceso térmico cuidadoso que evite que termines con un revuelto de huevo dulce. Aquí te explicamos paso a paso cómo hacerlo.
Receta: Crema pastelera
Para esta receta estándar, pero de alta calidad, solamente necesitas recolectar los siguientes ingredientes, las cuales no son difíciles de conseguir y tampoco gastarás una fortuna en ellos.
- Medio litro de leche entera.
- 100 gramos de azúcar blanca.
- 4 yemas de huevo grandes. 4
- 40 gramos de fécula de maíz.
- 1 cucharada de extracto de vainilla.
- 30 gramos de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente.
Éste último ingrediente será el toque maestro para la textura final.
¿Cómo se hace la crema pastelera?
El proceso inicia colocando la leche en una olla mediana junto con la mitad del azúcar y el extracto de vainilla. Lleva este recipiente a fuego medio-bajo vigilando constantemente.
El objetivo aquí es calentar el líquido hasta que notes que empieza a levantar vapor y parece empezar a hervir, pero sin llegar a desprender burbujas. En cuanto notes ese punto debes retirar la olla del fuego.
Mientras la leche llega a la temperatura perfecta, vamos a avanzar con los ingredientes secos y las grasas en un tazón aparte; aquí vas a depositar las cuatro yemas de huevo, la otra mitad del azúcar y la fécula de maíz.
Utiliza un batidor de globo manual y trabaja la mezcla con bastante energía hasta que notes que el color se aclara notablemente y se transforma en una pasta densa, homogénea y, sobre todo, libre de grumos de harina.
El siguiente paso es el más importante del proceso y se denomina temperado porque si viertes la leche caliente de golpe sobre las yemas las vas a cocinar instantáneamente y arruinarás esa textura que conseguiste.
Para evitarlo toma una taza con la leche caliente y viértelo en forma de hilo continuo sobre el tazón de las yemas mientras bates con fuerza con la otra mano; una vez que las yemas se hayan aclimatado al calor, incorpora el resto de la leche sin dejar de mover.
Con la mezcla integrada y líquida de nuevo, regrésalo todo a la olla y colócala de vuelta sobre la estufa a fuego medio-bajo. A partir de este instante queda prohibido despegar los ojos de la olla.
Mientras tanto debes mover tu mezcla con el batidor, constantemente, asegurándote de raspar bien las esquinas del recipiente para que nada se pegue ni se caramelice en exceso.
En pocos minutos notarás cómo la magia hace lo suyo y la preparación empieza a espesar de golpe, en el momento exacto en que rompa a hervir y veas las primeras burbujas grandes, baja el fuego al mínimo, pero continúa batiendo con velocidad durante un minuto completo; este paso es vital para cocinar por completo la fécula de maíz y eliminar cualquier rastro de sabor a harina cruda.
Apaga el fuego de inmediato y retira la olla de la estufa; acto seguido introduce la mantequilla en cubos y mezcla con suavidad hasta que se disuelvan por completo. Este pequeño añadido le otorgará a tu crema un brillo satinado y sabor inigualable.
Ahora bien, para el proceso de enfriamiento traslada la crema a un recipiente limpio de vidrio o cerámica y corta un trozo de plástico adherente de cocina y colócalo directamente sobre la superficie de la crema, tocándola por completo.
Esta medida evita que el aire cree una costra seca y desagradable en la parte superior mientras se enfría. Deja que pierda calor en un lugar a temperatura ambiente y luego llévala al refrigerador por al menos dos horas.
Una vez transcurrido el tiempo, la sacarás y notarás que la crema se ha solidificado, incluso como una gelatina firme, pero no te asustes es completamente normal, por ello es que para devolverle la vida sólo debes tomar un batidor manual o una espátula y batirla enérgicamente durante unos 30 segundos.
La estructura se romperá devolviéndote una crema tersa, untable y con el cuerpo ideal para rellenar panecillos, decorar con manga pastelera o simplemente devorarla a cucharadas como un postre.
KVS