Va cayendo la noche. A una escasa hora de la capital, Cuernavaca aparece ante nuestros ojos, y un gran letrero rojo nos avisa que hemos llegado: estamos en Gaman Ramen. Nos internamos en su atmósfera. Luces de neón iluminan el restaurante y se mezclan con su muro tapizado de imágenes gatunas y cultura japonesa. Inmediatamente, nos invitan a tomar un lugar en sus mesas, listos para ser parte de la pasión por el ramen.
Observamos el menú, de color rojo intenso, hecho de piel de nopal, igual que los portavasos, y nos adentramos sin dudarlo en su selección de bebidas para refrescarnos después del viaje; rápidamente, llaman nuestra atención sus cocteles a base de sake y calpis.
Pronto, estamos tomando la tropical Gochujang Margarita —una mezcla de tequila, piña, jarabe gochujang y un poco de chile en polvo— y el exótico Calpis de Kiwi, servido con vodka, limón, espuma de coco y un toque de polvo de matcha, una de las especialidades representativas de la casa.
¿Qué es el calpis?Una de las bebidas más populares en Japón
Calpis es una bebida japonesa que se elabora mediante fermentación, tiene un sabor dulce y ligeramente ácido parecido al yogur natural. Usualmente, se vende concentrada para diluir con agua o soda. Es conocida por ser saludable; de hecho, fue la primera bebida de lactobacilos del mundo.
Ya con las bebidas en mano, comenzamos a abrir el apetito, justo a tiempo para la llegada de las tres entradas que dan inicio a nuestra experiencia culinaria: un pollo karaage al estilo japonés, las tradicionales brochetas empanizadas (plátano y queso) y gyozas de res y cerdo.
Tras el primer tiempo, estamos listos para degustar las especialidades del lugar. En un inicio, arriba el Ebi Spacey Ramen a la mesa, un caldo de camarón con gochujang y chile puya, en el que sobresalen notas marinas y piezas de camarón empanizado.
Después le acompaña un Niku Udon, caldo dashi con rib eye laminado al centro, y, finalmente, un Sapporo Ramen, caldo de miso espeso con cerdo y pollo, coronado con pollo empanizado, un clásico del norte de Japón.
Con cada cucharada a los platos, resalta una mezcla profunda, ingredientes que se unieron hasta formar un espectro de sabores especiados, mexicanos y japoneses, que inundan el paladar.
La intensidad de los caldos proyecta el proceso de preparación a fuego lento de 12 horas que pasaron para llegar a nuestra mesa, no por nada, Gaman, el nombre del lugar, hace referencia a la paciencia y la perseverancia.
Después de un tiempo, estamos preparados para el postre representativo de la casa: la esponja suiseki, un bizcocho relleno de helado de matcha bañado en leche de coco, que, al probarlo, resalta por su contraste visual y de texturas memorables, el toque dulce perfecto para cerrar el recorrido gastronómico.
Finalmente, no podemos evitar pedir otro Calpis de kiwi, su sabor y la sobremesa lo ameritan; estamos satisfechos y en calma. La oscuridad de la noche llega por fin y las luces de neón del sitio pueden resplandecer por completo, incluso iluminan la imagen de un gato desenfadado —el símbolo del lugar— que destella en una de sus paredes. Así, seguimos conversando hasta la hora de marcharnos. Ahora sabemos una cosa: en definitiva, pronto volveremos a Gaman Ramen.
IYC