M+.- La música se detiene de golpe.
Un hombre sube al escenario, empuja los micrófonos, pisa los instrumentos e intenta arrebatárselos a los músicos. En cuestión de segundos comienzan los empujones, los golpes y el público corre para ponerse a salvo. El baile termina antes de tiempo.
La escena ocurrió durante una celebración del Día de las Madres en el sector Trincheras, pero podría pertenecer a cualquiera de los videos que, cada semana, se vuelven virales en redes sociales y muestran riñas en bailes populares de la Comarca Lagunera.
Detrás de esas imágenes, especialistas, músicos y autoridades, consultados por MILENIO, coinciden en que existe un fenómeno mucho más complejo que una simple pelea provocada por el alcohol.
Durante décadas, los bailes de barrio, las fiestas patronales y las celebraciones en ejidos formaron parte de la identidad de La Laguna. Hoy, esos mismos espacios enfrentan un reto que amenaza con modificar la manera en que las familias conviven alrededor de la música.
Los músicos también tienen miedo
Juan Antonio Chávez Arellano, conocido como Juan Emiro, acumula 25 años sobre los escenarios.
Asegura que la violencia nunca desapareció por completo, pero durante varios años disminuyó al grado de que los bailes callejeros prácticamente dejaron de realizarse.
"Cuando anduve con Los Primeritos de Colombia ya casi no había bailes en la calle. Si querías bailar ibas a un salón o a una discoteca. Muchos dejaron de hacerse precisamente por los pleitos".
Con la disminución de la violencia ligada al crimen organizado entre 2008 y 2012, los bailes comenzaron a regresar a colonias, ejidos y plazas públicas.
Sin embargo, considera que esa recuperación vuelve a estar en riesgo.
"Ahora otra vez se están perdiendo por las peleas. Muchas veces son rivalidades entre barrios; otras, personas que toman de más. Incluso terminan peleando familias completas".
Dice que hoy la violencia ya no distingue edades ni género.
"Antes eran más los muchachos. Ahora participan hombres, mujeres y hasta familiares entre sí".
Cuando el escenario deja de ser seguro
Los videos que circulan en internet muestran sólo el momento del enfrentamiento.
Lo que pocas veces aparece es lo que ocurre arriba del escenario.
Juan Emiro recuerda que únicamente durante 2026 ha visto alrededor de seis presentaciones suspendidas por riñas.
En una de ellas, un hombre en estado de ebriedad subió al escenario, comenzó a mover el equipo de sonido, pisó instrumentos e intentó arrebatar un micrófono.
"Ya estaba tirando los micrófonos y pisando los instrumentos. Le dijimos que, si no bajaba, dejábamos de tocar".
El hombre descendió, comenzó una pelea entre asistentes y el baile terminó.
No siempre ocurre frente a una cámara.
"Cuando empiezan a volar botellas o piedras sabes que ya es momento de resguardarte. En algunos ejidos incluso hemos visto personas sacar machetes o hacer disparos".
Para el músico, el consumo excesivo de alcohol continúa siendo uno de los principales detonantes.
La violencia no nace en el baile
Para el sociólogo Fernando Araujo, atribuir las riñas únicamente al alcohol o a las rivalidades entre colonias significa ignorar un problema mucho más profundo.
"Reducirlo a los jóvenes o a determinados barrios sería un error".
Considera que parte del fenómeno puede entenderse como una secuela de la violencia que vivió La Laguna entre 2008 y 2012.
"Vale la pena reconocer que es parte de la herencia de aquellos años, cuando la violencia se convirtió en una forma cotidiana de resolver conflictos. Hoy sigue manifestándose en distintos espacios."
Desde su perspectiva, las peleas en bailes son sólo una expresión visible de un fenómeno que también aparece en reuniones familiares, bares, eventos deportivos y otros espacios de convivencia.
Por ello, considera indispensable construir un diagnóstico regional antes de buscar responsables.
El riesgo de los videos virales
Cada nuevo video fortalece la percepción de que los bailes populares son inseguros.
Para Araujo, esa idea termina perjudicando a comunidades completas, organizadores y músicos.
"Hay que romper ese estigma. Si sólo vemos el video y no entendemos el problema de fondo, terminamos ocultando las verdaderas causas".
Subraya que la música tropical, la cumbia lagunera o la música colombiana no generan la violencia.
Simplemente son el escenario donde esta termina manifestándose.
Vigilancia permanente
La Dirección de Seguridad Pública Municipal de Torreón sostiene que existe coordinación con organizadores para prevenir incidentes durante eventos masivos.
El director de la corporación, Alfredo Flores Originales, explicó que la estrategia incluye operativos permanentes en zonas de alta concentración de personas y presencia especial durante fines de semana.
Cuando los organizadores solicitan permisos para realizar bailes en colonias o fiestas patronales, también pueden pedir apoyo policial.
Reconoció que existen reuniones improvisadas donde la autoridad debe intervenir una vez recibido el reporte, aunque descartó que exista una colonia considerada foco rojo permanente.
Que el baile vuelva a ser una fiesta
Para Juan Emiro, el mayor temor no es perder una presentación. Es que las familias dejen de acudir a un espacio que durante décadas formó parte de la identidad lagunera.
"Después del baile recuerdas cómo disfrutó la gente. Cuando termina en una bronca, lo único que queda es un mal sabor de boca".
Las riñas que hoy acumulan miles de reproducciones en redes sociales muestran apenas el instante en que estalla la violencia.
Detrás de esas imágenes persisten heridas sociales, hábitos de convivencia y conflictos que especialistas consideran necesario atender para evitar que los golpes sustituyan al baile.
Mientras tanto, en las plazas, colonias y ejidos de La Laguna la música sigue sonando. El desafío es que vuelva a ser el motivo de reunión y no el telón de fondo de una pelea.
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