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"¿La música genera violencia?": expertos revelan las causas de la incorporación de jóvenes al crimen y si los narcocorridos tienen que ver

Especialistas en sociología y psicología coinciden en que la música no es la causa de la violencia juvenil, sino factores estructurales como la desigualdad y la falta de oportunidades.

El debate sobre si los corridos, narcocorridos y corridos tumbados fomentan la violencia o incentivan a los jóvenes a integrarse al crimen organizado ha persistido durante años en México. Sin embargo, especialistas advierten que esta discusión suele simplificarse en exceso al reducir un fenómeno complejo a una relación directa de causa y efecto que, en realidad, involucra factores sociales, económicos, culturales y psicológicos mucho más profundos.

Desde la sociología y la psicología, académicos consultados por MILENIO coinciden en que la música, por sí sola, no explica la violencia juvenil ni el reclutamiento por parte del crimen organizado. En cambio, apuntan a condiciones estructurales como la desigualdad, la precarización laboral, la falta de oportunidades y los entornos familiares como los verdaderos detonantes.

Corrido como identidad

Para el sociólogo Fernando Araujo, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), la crítica hacia los narcocorridos suele omitir un elemento clave: su dimensión histórica.

“El corrido forma parte de la identidad mexicana desde hace más de un siglo. Los primeros no eran criminales; eran narrativas del pueblo, relatos de la Revolución y de las luchas agrarias”, explicó.

Araujo recordó que en las décadas de 1920 y 1930 comenzaron a surgir composiciones que relataban actividades ilegales, como el tráfico de alcohol u opio. No obstante, esto no es un fenómeno reciente; por el contrario, evidencia que este tipo de narrativas llevan entre 80 y 90 años presentes en la cultura popular mexicana.

Bajo esta perspectiva, reducir el narcocorrido contemporáneo a una supuesta apología del crimen implica ignorar su evolución como expresión cultural. En el siglo XXI, estos géneros han sido transformados por la globalización y la industria musical, incorporando nuevos sonidos —como sintetizadores— y fusionándose con otros estilos que conectan con las nuevas generaciones.

“El corrido tumbado no solo es música, también es identidad. Los jóvenes se apropian de estas narrativas y estéticas para construir un sentido de pertenencia. Pero eso no significa que los orille directamente al crimen organizado”.

El académico subrayó que los factores que realmente inciden en la incorporación de jóvenes a dinámicas delictivas son de carácter estructural. Entre ellos, mencionó la precarización laboral, la falta de acceso a educación de calidad y las limitadas oportunidades de desarrollo.

“Se ha documentado que el reclutamiento ocurre principalmente por necesidad económica, incluso mediante falsas ofertas de empleo. No es la música el detonante”, sostuvo.
Especialistas advierten que la violencia juvenil responde a factores sociales más complejos que la música.
Fernando Araujo, profesor e investigador de la UAdeC. | Verónica Rivera

Para Araujo, los corridos funcionan más como un espejo de la realidad que como un motor de violencia. Es decir, reflejan contextos sociales existentes, aunque resulten incómodos o polémicos.

“La música también es testimonio histórico. Retrata lo que está pasando en el país”.

No obstante, reconoció que existe una “línea delgada” cuando las expresiones artísticas dejan de narrar y comienzan a glorificar figuras delictivas.

Afirmó que este fenómeno puede observarse en algunos conciertos donde se proyectan imágenes de líderes criminales, lo que abre la discusión sobre la apología del delito, como ocurrió en el caso de Los Alegres del Barranco y el capo recién abatido, “El Mencho”.

Aun así, el especialista cuestionó las medidas de prohibición de narcocorridos implementadas en algunas entidades, al considerar que podrían derivar en censura e incluso en la criminalización de quienes consumen este tipo de música.

“La legislación ya contempla sanciones por apología del delito. Apostar por prohibiciones generales puede ser contraproducente”.

Desde su perspectiva, la solución no radica en restringir contenidos, sino en atender las causas de fondo.

“La prevención del delito debe centrarse en generar condiciones dignas de vida: empleo, educación, acceso a la cultura y al deporte, además de estrategias de salud para prevenir adicciones. Apostar solo por la censura es quedarse en la superficie del problema”.

La música no genera violencia

Para la psicóloga Maribel Borrego, especialista en violencias en la niñez y adolescencia, la música —incluidos los corridos en todas sus variantes— no genera por sí sola conductas violentas en niñas, niños y adolescentes.

“La música por sí sola no hace a una persona violenta ni modifica comportamientos. En el caso de los adolescentes, están en una etapa donde buscan construir su identidad, y la música forma parte de ese proceso”, explicó en entrevista con MILENIO.

Desde la psicología del desarrollo, Borrego detalló que durante la adolescencia el cerebro aún se encuentra en proceso de maduración, particularmente la corteza prefrontal, área encargada de la toma de decisiones, el control de impulsos y la evaluación de consecuencias.

Esto provoca que los jóvenes sean más propensos a idealizar figuras de poder y a buscar validación en su entorno social, lo que puede influir en la forma en que interpretan ciertos contenidos musicales.

“Los corridos pueden ser internalizados como referentes aspiracionales, pero su impacto depende del contexto. No es lo mismo un adolescente con redes de apoyo que uno que vive violencia o negligencia”.
Especialistas advierten que la violencia juvenil responde a factores sociales más complejos que la música.
Psicóloga Maribel Borrego. | Verónico Rivera

En este punto, la especialista coincide con la visión sociológica: el entorno es determinante.

“Es más probable que influya cuando hay poca supervisión, violencia previa o falta de acompañamiento. Si existen adultos presentes y diálogo, los adolescentes pueden cuestionar lo que escuchan y no asumirlo como un modelo de vida”.

Borrego advirtió que factores como la precariedad económica, la exposición a la violencia o la ausencia de guía pueden propiciar que ciertos contenidos se romanticen, especialmente aquellos que hacen referencia a armas, drogas o alcohol.

“Sin acompañamiento, se puede pasar de ‘me gusta la música’ a aspirar a ese estilo de vida. Pero no es la música la causa, sino el entorno que facilita esa interpretación”, puntualizó.

No a la censura

“La censura no funciona. Si un adolescente quiere escuchar algo, lo hará con o sin permiso. Lo importante es acompañar, escuchar con ellos y generar espacios de diálogo”, recomendó Maribel Borrego.

Lejos de descalificar los gustos musicales de los jóvenes, sugirió que madres y padres se interesen genuinamente por lo que escuchan sus hijos, como una vía para fortalecer la comunicación.

“Si los padres descalifican lo que escuchan, se rompe la confianza. Lo ideal es preguntar qué les gusta de esa música y abrir el diálogo para fomentar el pensamiento crítico”.

Asimismo, llamó a estar atentos a señales de alerta, como cambios de conducta, actitudes agresivas o admiración desmedida por figuras delictivas.

“Ahí es donde hay que intervenir, porque la música no es la causa, sino un elemento más dentro de un contexto que debe analizarse”, concluyó.

Toman inspiración

En medio de este debate, las voces jóvenes también buscan abrirse paso y redefinir la percepción del género.

Tal es el caso de Herencia HZ, un dúo lagunero conformado por Matías Hernández, de 14 años, y Carlos Hernández, de 15, quienes han encontrado en los corridos una forma de expresión que, aseguran, va más allá de los estigmas.

Con una trayectoria aún en construcción, ambos coinciden en que su acercamiento a este género fue reciente y motivado por la curiosidad y la influencia de artistas contemporáneos.

“Empecé escuchando lo que estaba pegando en ese momento y después me llamó la atención tocar”, relató Matías para MILENIO. Dio sus primeros pasos en la rondalla de su escuela secundaria y posteriormente continuó su formación de manera autodidacta, apoyándose en tutoriales y práctica constante.

Carlos, por su parte, inició su camino musical en 2022, luego de que una maestra identificara su potencial. Desde entonces, ha desarrollado habilidades tanto en guitarra como en bajo, consolidando su aprendizaje con herramientas digitales.

Especialistas advierten que la violencia juvenil responde a factores sociales más complejos que la música.
Herencia HZ. | Verónico Rivera

Lejos de ver el género únicamente desde la polémica, ambos destacan su riqueza musical y temática.

“Nos gusta la instrumental porque es algo nuevo, pero también las letras. No todo es lo que la gente piensa; también hablan de superación y de cumplir sueños”, expresó Carlos.

Para Matías, el atractivo también radica en la rítmica y en la evolución estética del género, que ha dejado atrás ciertos estereotipos para dar paso a una identidad más libre y cercana a las nuevas generaciones.

Ambos coinciden en que la percepción que vincula automáticamente los corridos con la violencia no refleja la totalidad del género.

“No todo lo que se cuenta es cierto. Muchas canciones reflejan la realidad, pero también hay temas de amor, desamor y superación”, afirmaron.

Especialistas advierten que la violencia juvenil responde a factores sociales más complejos que la música.
Factores como la precariedad económica, la exposición a la violencia o la ausencia de guía pueden propiciar que ciertos contenidos se romanticen. | Verónica Rivera

Componer lo que se vive

Además de interpretar música, Herencia HZ ha comenzado a incursionar en la composición. Actualmente cuentan con un tema disponible en plataformas digitales titulado “Otro 14 de Febrero” y ya trabajan en nuevos proyectos que podrían ver la luz entre finales de marzo y abril.

En el caso de Matías, la composición también ha sido una vía personal de expresión, con letras que abordan desde el desamor hasta los sueños de superación.

“Escribo mucho de desamor, pero también de salir adelante y cumplir sueños”.

El nombre del dúo, explicaron, surge de una coincidencia: ambos comparten el apellido Hernández, aunque no tienen parentesco.

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"La solución no radica en restringir contenidos, sino en atender las causas de fondo". | Verónica Rivera

Finalmente, enviaron un mensaje a quienes critican el género sin conocerlo a fondo:

“Que se den la oportunidad de escuchar más. No todo es violencia; hay muchas historias y sentimientos dentro del regional mexicano”.

Entre acordes de guitarra y aspiraciones en desarrollo, estos jóvenes laguneros representan una generación que encuentra en la música no un camino hacia la violencia, sino una herramienta de identidad, expresión y esperanza, en un contexto donde, como coinciden especialistas, las verdaderas causas de la problemática social van mucho más allá de las canciones que narran una realidad que puede ser incómoda.

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Alejandro Castañeda Alvarado
  • Alejandro Castañeda Alvarado
  • Reportero de a pie; egresado de Ciencias de la Comunicación de la FCPyS -UAdeC. Criado entre La Laguna y Zacatecas; hincha de Santos, músico frustrado y contador de historias desde la trinchera del periodismo.
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