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  • El pasado hidalguense que los trenes destaparon: redibujan el mapa arqueológico de la entidad tras inéditos hallazgos durante obras de construcción

  • Los trabajos ferroviarios en Hidalgo han detonado hallazgos que van desde pinturas rupestres de 4 mil años en el cerro El Venado hasta un altar tolteca en Tula, obligando a replantear proyectos de obra y ampliar el mapa arqueológico del estado.
Las obras ferroviarias que atraviesan Hidalgo han cambiado el mapa arqueológico del estado. | Foto: INAH

Las obras ferroviarias que atraviesan Hidalgo han cambiado el mapa arqueológico del estado, pues se han convertido en un campo de exploración en donde cada kilómetro removido expone capas de ocupación humana que no estaban documentadas o que apenas figuraban en registros técnicos.

En ese proceso, los trabajos asociados a nuevas rutas de tren han detonado hallazgos que MILENIO presenta en esta ocasión, los cuales han obligado a replantear tanto los proyectos de obra como la dimensión real del patrimonio arqueológico en la entidad.

Hallazgos en el cerro El Venado

El caso más visible es el del cerro El Venado, donde especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, hace unos días, identificaron un conjunto de pinturas rupestres y petrograbados cuya antigüedad rebasa los 4 mil años.

El hallazgo no solo confirmó la presencia de ocupaciones antiguas en la zona, sino que obligó a modificar el trazado ferroviario para evitar daños, por lo que la obra tuvo que adaptarse al patrimonio y no al revés.

En ese sitio, ubicado entre Atotonilco de Tula y Tepeji del Río, se documentaron al menos 16 elementos rupestres con representaciones humanas, animales y símbolos asociados a fenómenos naturales. Algunas figuras presentan rasgos vinculados a Tláloc, mientras que otras podrían corresponder a etapas prehistóricas.

La superposición de estilos y temporalidades revela que el lugar fue utilizado durante distintos periodos, lo que lo convierte en un punto de ocupación prolongada más que en un evento aislado.

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Trabajos de arqueólogos del INAH realizados en Hidalgo. | INAH

Registro arqueológico en expansión

El Venado no es un caso único, pues de acuerdo con los registros disponibles elaborados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, forma parte de un patrón que se repite en el estado. Además, el INAH ya había documentado el lugar desde los años setenta dentro del Proyecto Arqueológico Tula, pero los trabajos actuales ampliaron el registro y permitieron identificar nuevos elementos.

El impulso de estas investigaciones está directamente ligado al avance de los proyectos ferroviarios. A nivel nacional, los equipos de salvamento arqueológico han recorrido más de 800 kilómetros en distintas rutas, incluidas AIFA–Pachuca y Ciudad de México–Querétaro, y en estos trayectos se han identificado cientos de puntos con materiales culturales, desde concentraciones de cerámica hasta sitios con potencial arqueológico mayor.

En el tramo AIFA–Pachuca, de 57 kilómetros, se registraron siete sitios con material lítico y cerámico en superficie, sin presencia de arquitectura visible. En contraste, en la ruta México–Querétaro se identificaron 141 lugares con elementos culturales, de los cuales 31 presentan interés arqueológico. Dos destacan por su relevancia: Tula y El Venado, que concentran evidencia de ocupaciones complejas y prolongadas.

Excavaciones y hallazgos relevantes

En varios casos, los hallazgos han derivado en excavaciones que aportan información sobre la vida cotidiana y las estructuras sociales de las culturas prehispánicas. En Tula, por ejemplo, se localizó un momoztli o altar asociado a la fase Tollan, con restos óseos humanos, cerámica, obsidiana y evidencias de prácticas rituales; este hallazgo se ubicó cerca de la zona patrimonial y sugiere la existencia de espacios de élite en áreas periféricas de la antigua ciudad tolteca.

“Cada descubrimiento como este amplía el conocimiento sobre una de las grandes civilizaciones de Mesoamérica y refuerza una convicción central de nuestra política cultural: el patrimonio arqueológico de México es la memoria de nuestros pueblos y el Estado asume la responsabilidad de investigar, resguardar y transmitirla a las generaciones presentes y futuras”, afirmó en su momento Claudia Curiel, secretaria de Cultura de la Ciudad de México.

En la misma región, otro proyecto de salvamento permitió identificar una unidad residencial con tres etapas de ocupación: tolteca, mexica y colonial temprana. En ese contexto, se recuperaron entierros humanos, vasijas, herramientas de obsidiana, instrumentos de hueso y evidencias de intercambio con otras regiones mesoamericanas. Según los especialistas del INAH, la superposición de capas refleja la continuidad del asentamiento y la transformación del espacio a lo largo del tiempo.

Más sitios

Más al norte, en la Sierra Alta, el sitio San Miguel —ubicado en Metzquititlán— aportó datos sobre la organización territorial en la región. Ahí, el INAH documentó al menos 10 montículos distribuidos en cinco sectores, junto con materiales cerámicos, restos de pisos y evidencias de ocupación que abarcan del Epiclásico al Posclásico tardío.

En la Huasteca, el caso de Tecacahuaco evidencia otro nivel de complejidad; el registro de un basamento piramidal con escalinata, alfardas y restos de un posible juego de pelota apunta a la existencia de un centro ceremonial con vínculos regionales. En el lugar se encontraron fragmentos de obsidiana en superficie que sugieren una ocupación del Posclásico y su posible integración al sistema político del señorío de Metztitlán.

Riqueza histórica

Estos hallazgos permiten dimensionar que el estado no es un territorio con pocos vestigios, sino con una enorme cantidad de sitios que permanecen sin explorar. El INAH reconoce cuatro zonas arqueológicas abiertas —Tula, Huapalcalco, Xihuingo y Pahñú—, pero estima en miles los sitios que podrían albergar más vestigios; la mayoría no ha sido excavada ni cuenta con condiciones para su apertura al público.

De este modo, las zonas abiertas concentran la narrativa histórica y la infraestructura de visita, mientras que los sitios registrados contienen información que aún no ha sido incorporada al conocimiento público. Ahí se encuentran desde asentamientos habitacionales hasta expresiones rupestres y estructuras ceremoniales que podrían modificar la lectura histórica de la región.

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Las zonas abiertas concentran la narrativa histórica y la infraestructura de visita. | Foto: INAH

Obras y salvamento arqueológico

El papel de las obras ferroviarias en este contexto es doble, pues, por un lado, funcionan como detonadores de hallazgos al intervenir el territorio y, por otro, obligan a implementar mecanismos de salvamento que priorizan la documentación y conservación del patrimonio.

“Se hace una defensa de este sitio y se logra que el trazo cambie para no afectarlo y así preservar la pintura. Nosotros nos involucramos justamente con las autoridades, discutiendo con ellas, llegando a acuerdos para preservar lo más posible”, comentó el arqueólogo Abel José Romero tras el hallazgo en El Venado.

La lógica de intervención es preventiva, explican los expertos, pues los equipos de arqueólogos realizan recorridos de superficie, identifican posibles vestigios y determinan si es necesario excavar o simplemente registrar. Este proceso no solo protege los hallazgos, sino que amplía el conocimiento sobre la ocupación humana en las regiones intervenidas.

Los vestigios encontrados abarcan desde el periodo Clásico hasta el Posclásico, con indicios de movimientos poblacionales, redes de intercambio y adaptación a condiciones ambientales. Algunos sitios podrían aportar información sobre migraciones vinculadas a sequías antiguas, lo que abre nuevas líneas de investigación.

En ese escenario, Hidalgo aparece como un territorio en proceso de redescubrimiento. Cada obra revela no solo nuevos vestigios, sino también la magnitud de lo que aún no se ha investigado. El mapa arqueológico del estado sigue incompleto, pero los trabajos actuales están ampliando sus límites.

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Hidalgo aparece como un territorio en proceso de redescubrimiento por su riqueza en tesoros arqueológicos. | Foto: INAH

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Miguel Ángel Puértolas
  • Miguel Ángel Puértolas
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