El bombardeo de nubes en zonas como la Comarca Lagunera, en los límites de Durango y Coahuila, representa, para especialistas, una apuesta incierta, al no reunirse de manera constante las condiciones atmosféricas necesarias para que esta técnica funcione y genere un aumento significativo en la precipitación.
Aunque autoridades federales han impulsado su aplicación en distintos puntos del país como una alternativa para mitigar los efectos de la sequía, expertos advierten que su efectividad depende casi por completo de la presencia de nubosidad suficiente, un factor que escasea precisamente en regiones áridas.
“Hay una cosa que hay que dejar clara: el bombardeo de nubes con yoduro de plata sí provoca precipitación, pero el asunto es que, para que funcione, tiene que haber nubes, y en los lugares donde hay sequía lo que menos hay son nubes”, explica Celso Manuel Valencia, investigador, ambientalista e integrante de Prodefensa del Nazas, en entrevista para MILENIO.
Condiciones climáticas y viabilidad
El especialista detalla que en el norte de México, donde la sequía se ha intensificado en los últimos años, las condiciones necesarias para implementar esta técnica no son frecuentes, a diferencia de lo que ocurre en regiones del centro del país.
“Si quieres enfrentar la sequía con esa técnica, no se puede, a menos que tengas buena suerte y la nubosidad adecuada para inducir la lluvia. En el centro del país se presenta con mayor facilidad porque son zonas que, aunque pueden ser secas, tienen más nubosidad disponible”, señala.
En ese sentido, subraya que uno de los principales problemas es que no existen estudios científicos concluyentes los cuales permitan establecer con precisión el porcentaje de efectividad del bombardeo de nubes en contextos de sequía extrema.
“Los reportes oficiales suelen ser optimistas, pero no hay evidencia sólida que indique que el procedimiento funcione de manera consistente. Se habla incluso de efectividades de 100 por ciento, pero eso es difícil de sostener sin estudios independientes”, apunta.
Añade que, si bien la técnica no es nueva —pues ha sido utilizada durante décadas en distintas partes del mundo—, los avances recientes se han enfocado en mejorar los mecanismos de dispersión del yoduro de plata y en la adaptación de aeronaves para su aplicación.
Postura de autoridades y factores técnicos
Actualmente, el tema ha vuelto a cobrar relevancia en la Comarca Lagunera, donde productores agrícolas han solicitado su implementación ante la persistente escasez de agua. Sin embargo, incluso autoridades federales han manifestado reservas sobre su viabilidad en la región.
“Hay antecedentes de que ha servido bien en algunos lugares, pero en otros no, y termina siendo un gasto importante sin resultados claros. Existe una petición, eso es lo que tengo entendido, pero por las características de La Laguna es complicado”, señaló Juan Gabriel Riestra Beltrán, director de Cuencas Centrales del Norte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
El funcionario explica que, además de la presencia de nubes, se requiere una combinación específica de temperatura, humedad y corrientes de aire para que la técnica tenga posibilidades reales de éxito.
“El bombardeo de nubes no es una solución automática. Debe realizarse en condiciones muy particulares, sobre nubes con capacidad de generar lluvia y en zonas donde los factores atmosféricos sean favorables”, puntualiza.
Resultados impredecibles y límites científicos
Incluso cuando estas condiciones se cumplen, los resultados pueden ser impredecibles. En algunos casos, la precipitación generada no ocurre en el área donde se aplicó la técnica, lo que complica su evaluación y utilidad práctica.
De acuerdo con especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, la posibilidad de inducir lluvia en periodos de sequía ha sido una aspiración histórica, pero enfrenta limitaciones físicas difíciles de superar.
“Lograr que llueva en tiempos de sequía es un sueño añorado por las civilizaciones humanas desde la antigüedad; sin embargo, para lograrlo se requiere, más allá de técnicas eficientes, la presencia de nubes susceptibles de ser estimuladas, lo cual no es frecuente en estos contextos”, señalan.
Bajo esta lógica, advierten que, aunque en teoría es posible modificar procesos dentro de las nubes, no existe evidencia científica suficiente que respalde su efectividad en zonas de alta importancia económica o con condiciones extremas de aridez.
Millonaria inversión con resultados en debate
Pese a estas dudas, el gobierno federal ha destinado recursos importantes a este tipo de estrategias.
De acuerdo con el Informe de Gestión Gubernamental 2018-2024 de la Comisión Nacional de Zonas Áridas (Conaza), durante el sexenio pasado se ejercieron 155.8 millones de pesos en programas de estimulación de lluvias.
En 2020, se realizó una fase piloto en Baja California, con una inversión de 5 millones de pesos y una cobertura de aproximadamente un millón de hectáreas.
Para 2021, el presupuesto aumentó a 46.8 millones de pesos, extendiéndose a estados como Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas.
En 2022, el monto ascendió a 49.5 millones de pesos, beneficiando a entidades como Chihuahua, Sinaloa, Sonora, Baja California y Tamaulipas.
Posteriormente, en el periodo 2023-2024, se destinaron 54.5 millones de pesos, incluyendo por primera vez de manera directa a la Comarca Lagunera, junto con Aguascalientes, San Luis Potosí y otros estados del norte.
Los informes oficiales señalan que en algunos casos se alcanzó una efectividad de hasta 100 por ciento; sin embargo, estos datos han sido cuestionados por la falta de metodologías independientes que permitan validar dichos resultados.
“Sigue abierta la discusión mientras no exista una comprobación científica sólida. Sin eso, siempre habrá dudas sobre la eficacia real de la técnica”, insiste Valencia.
Alternativas frente a la crisis hídrica
Frente a este panorama, especialistas proponen explorar alternativas complementarias que permitan enfrentar la crisis hídrica desde un enfoque más integral.
Entre ellas destacan estrategias de captación y almacenamiento de agua, como la creación de “parques esponja” o sistemas agrícolas diseñados para retener humedad en el suelo, lo que puede contribuir a un mejor aprovechamiento de las lluvias cuando estas ocurren.
“No hay una solución única para la sequía, pero sí hay medidas que pueden ayudar a mitigar sus efectos. El almacenamiento de agua y el manejo adecuado del territorio son fundamentales”, señala el investigador.
Finalmente, advierte que uno de los principales riesgos en la aplicación del bombardeo de nubes es la posible confusión entre la lluvia inducida y la precipitación natural de la temporada.
“En muchos casos no se puede distinguir si la lluvia ocurrió por la intervención humana o por procesos naturales. Eso complica aún más la evaluación de la técnica y puede generar percepciones equivocadas sobre su efectividad”, concluye.
daed