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Entre espinas reales, fe extrema y cruces de 100 kilos: así se vive en Jalisco la Judea más intensa de México

En San Martín de las Flores, San Pedro Tlaquepaque, 150 actores preparan la edición 232 de la Judea con espinas reales, cruces de 100 kilos y vestuarios hechos a mano: la segunda representación más importante del país.

La luz de la tarde comienza a teñir de oro las calles empedradas de San Martín de las Flores, en San Pedro Tlaquepaque, al suroriente de la Zona Metropolitana de Guadalajara. No es cualquier tarde. Es el preludio de la pasión. Mientras afuera se escucha el bullicio de los preparativos para la edición 232 de la Judea —la segunda representación más importante del país, tan solo después de Iztapalapa—, adentro, entre sombras y devoción, hay hombres y mujeres que transforman el dolor en arte, la madera en símbolo y la tela en identidad.

El guardián de las espinas

Benito Reyes Bañuelos, quien habló con MILENIO, tiene las manos marcadas. No por el paso del tiempo, sino por las astillas del huizache.

Desde hace 16 años, él es el guardián de una de las imágenes más dolorosas de la Semana Santa: la corona de espinas que llevará el Cristo de la Judea. Con paciencia de artesano y fe de creyente, Benito selecciona rama por rama, espina por espina, para crear una pieza que, aunque lastima sus dedos, sana su alma.

“Yo tengo alrededor de 15 o 16 años más o menos haciendo la corona y sí se lleva algo de trabajo por lo espinudo que están los huizachitos”, comparte mientras sus manos, sin guantes —porque “así con un guante no me da la habilidad de amarrarlo” —, van dando forma a la rueda que coronará a Jesús.
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Benito Reyes Bañuelosselecciona rama por rama, espina por espina, para crear una pieza que, aunque lastima sus dedos, sana su alma. | Cortesía

Lo que comenzó como una necesidad, al quedar sin quien elaborara la corona, se convirtió en un legado.

Benito aprendió de un amigo y ahora, con 28 años participando en la Judea como pretor —alto magistrado romano—, no solo la fábrica, sino que también será quien la coloque y quien, con los azotes, recree el viacrucis. Un contraste que él vive con una mezcla de orgullo y recogimiento.

“Sí se siente feo, pues da tristeza lo que vivió nuestro padre Dios”, dice con devoción.

Y como no hay casualidades en la vida, Benito llegó a la corona para convertirla en un arte.

“Ya tengo alrededor de veinte… como 28 años saliendo en la Judea, y el amigo que salía anteriormente de Cristo las elaboraba y me empecé a arrimar con él, y él me empezó a enseñar cómo hacerlas, y hasta que ya yo me animé, me animé muy a fuerzas porque ya no había salido, ya no salió, y entró Iván Alejo, el protagonista actual, y pues ahora me tocó a mí hacerla”, comparte el también actor.

Las coronas de espinas las conserva Iván Alejo, quien actualmente personifica a Jesús durante la Judea; previamente eran regaladas entre los asistentes, pero desde hace algún tiempo prefiere dejarlas como un recordatorio de su fe.

Vestido de fe

Mientras Benito pelea contra las espinas, a pocos kilómetros, Mayra enfrenta otro tipo de batalla: la de vestir a la fe.

Ella es la encargada de confeccionar el vestuario de 50 actores, entre apóstoles, soldados y damas. Para ella, 22 días antes de la Judea, tomó medidas, eligió telas y buscó que cada prenda contara una historia.

La fecha límite para entregar el vestuario completo fue el 27 de marzo y, aunque batalló para dejar todo a tiempo, se cumplió el compromiso.

“Pues para mí significa mucho, es muy gratificante, se siente muy bonito participar, que tu trabajo lo tomen en cuenta”, dice con una sonrisa que delata la pasión por su oficio. “Lo hacemos con mucho cariño, con mucho gusto”.

Su labor, como la de Benito, es anónima para los más de 200 mil visitantes que llegarán, pero esencial para que la escena cobre vida. Porque en San Martín de las Flores nadie trabaja solo. Aquí, cada puntada, cada nudo en el hilo, cada espina colocada, es un acto de comunidad.

“Sí, aquí todos tienen voz y voto; ellos dan una idea de qué es lo que les gustaría y, pues, entre los participantes y el encargado del evento, sacamos lo más similar que podemos”, revela Mayra.

En el diseño de vestuario participan Mayra, los propios protagonistas y el encargado del evento.

“En esta ocasión me tocó a mí participar con el diseño de vestuarios; son como 50 vestuarios entre apóstoles, entre varios personajes… de todos los apóstoles, soldados, pueblo, las damas, reyes; ahí vamos viendo a quién le hace falta”, comparte.
“Cada año tratamos de mejorar los vestuarios, nos informamos, tratamos de buscar las más apropiadas, tratando de representar a cada personaje que lo lleva”, revela Mayra, la vestuarista.

La cruz sobre sus hombros

El peso de la tradición no recae solo en los artesanos.

Sobre los hombros de Miguel Iván Alejo, quien se pone en los clavos de Cristo desde hace más de una década, descansan, literalmente, más de 100 kilogramos de madera.

Por once años, Iván Alejo ha interpretado a Jesús de Nazaret y este 2026 cargará una cruz nueva, pero con un significado que trasciende lo material.

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Iván Alejo, quien actualmente personifica a Jesús durante la Judea. | Cortesía

Donada por Francisco Javier Escobedo como agradecimiento por un milagro —la recuperación de su salud y la de su hermano durante la pandemia—, la cruz de parota de 4.5 metros es un símbolo de resiliencia.

Es una cruz que ya de entrada está bendecida por las buenas vibras de todas las personas”, afirma Iván, quien ve en esta pieza su compañera por los años que le queden representando el papel. “Los años que me queden, esta va a ser la cruz que me va a acompañar”.

Pero la cruz no es el único peso que enfrenta. La preparación es física, mental y espiritual. Él lo sabe, porque entiende la “dimensión del personaje”.

Y aunque el viacrucis es una representación, para él y para los 150 actores que participan, es una experiencia que se vive “en carne viva”.

“Si algo caracteriza a San Martín de las Flores es que somos una Judea que se vive en carne viva, donde los golpes son reales, que todo lo que se vive ahí se palpa, se siente”, describe Iván con la voz entrecortada por la emoción. “Es una experiencia que te pone la piel chinita… por eso somos la más bonita de toda la República”.

Nuevos creyentes

Esa autenticidad atrae a nuevos creyentes. Alberto de Jesús de la Torre, comerciante de la zona, nunca imaginó que este año estaría en las filas.

Invitado por un amigo, ahora interpretará a Pedro.

“Es una gran responsabilidad que está sobre mis hombros”, confiesa con nerviosismo y gratitud.

Liliana Ríos, en cambio, regresa por tercera ocasión como María Magdalena, movida por la fe.

“La fe es la que generalmente mueve las tradiciones de San Martín”, afirma.
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Liliana Ríos, regresa por tercera ocasión como María Magdalena, movida por la fe. | Cortesía

El mensaje, aseguran los organizadores y actores, va más allá de lo religioso.

En un mundo lleno de prisas y adversidades, la Judea se erige como un recordatorio de que las caídas son parte del camino. “Jesús se cayó tres veces y aun así siguió; nosotros, cuántas veces nos hemos caído en la vida, y hay que seguir”, reflexiona Iván Alejo.

La representación y su alcance

La Semana Mayor inició el Domingo de Ramos; al ver entrar triunfante al templo a Jesús, la comunidad inició así los recorridos, y las actividades culminarán en los primeros días de abril, con un operativo de 400 elementos para salvaguardar a los asistentes.

Pero más allá de la logística, San Martín de las Flores invita a sumergirse en una tradición declarada patrimonio cultural intangible, donde el dolor se convierte en arte, la madera en fe y donde cada espina, cada hilo y cada gota de sudor son el reflejo de un pueblo que se niega a dejar morir su esencia.

Desde el Jueves Santo, San Martín de las Flores se convierte en Jerusalén. Los asistentes a la representación podrán presenciar escenas como los milagros de Jesús, la resurrección de Lázaro y el encuentro de Jesús con la Magdalena, en un recorrido que abarca tres horas de teatro sacro en el corazón de la comunidad.

Desde las 19:00 horas podrán presenciar escenas de Jesús con la Virgen María, las bienaventuranzas, la sanción, Jesús ante la samaritana, Jesús ante la Magdalena, milagros de Jesús, la resurrección de Lázaro, la curación del paralítico y el ciego de Jericó, ungüento de Magdalena, Pedro con el casero.

El Viacrucis del Viernes Santo recorre las calles principales desde las tres de la tarde, destacando los pasos judiciales de Jesús ante Anás, Caifás, Poncio Pilato y Herodes, así como la liberación de Barrabás y los azotes.

Las actividades concluirán el Sábado de Gloria con la “cuerada”, una celebración que marca el fin del recogimiento cuaresmal y el inicio de la alegría pascual.

Una fe que duele y sana

Porque en San Martín de las Flores, comunidad de San Pedro Tlaquepaque, como dice Benito Reyes mientras ata la última espina de la corona, el trabajo es “lastimoso”, pero se hace “con mucho orgullo”. Y eso, al final, es lo que duele y sana al mismo tiempo.

Jalisco vive la edición 232 de la Judea la segunda representación más importante del país, tan solo después de Iztapalapa.
Jalisco vive la edición 232 de la Judea la segunda representación más importante del país, tan solo después de Iztapalapa. | Cortesía

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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