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  • Más de 100 kilómetros recorridos a pie: así es el Camino de Talpa, la ruta espiritual más intensa de México

  • Teresa heredó a sus dos hermanos la tradición de recorrer el camino para ver a la Virgen del Rosario; entre emociones y cansancio, dan sus recomendaciones a los peregrinos
Peregrinos recorren más de 100 kilómetros rumbo al santuario de la Virgen del Rosario en Talpa (Juan Carlos Munguía)

Lo que comenzó como una promesa de Teresa Vázquez Santana para pedir por la salud de su madre se transformó, hace más de tres décadas, en una tradición familiar que hoy heredan sus hermanos César y América, quienes durante más de 25 años han recorrido más de 100 kilómetros hacia Talpa de Allende para venerar a la Virgen del Rosario, contaron a MILENIO.

Caminar por senderos empinados, soportar el peso de una mochila durante días, dormir en el suelo y continuar avanzando cuando las fuerzas parecen haberse agotado: esta es la experiencia que cada año viven cientos de peregrinos que recorren la ruta hacia Talpa de Allende para venerar a la Virgen del Rosario, una tradición que combina el esfuerzo físico con una profunda devoción espiritual.

Uno de esos caminantes es César Vázquez Santana, quien durante más de 25 años ha transitado esta ruta, convirtiendo la peregrinación en un legado familiar. Su historia, al igual que la de su hermana América Vázquez Santana, refleja cómo esta tradición se ha transmitido de generación en generación, adaptándose a los cambios del tiempo, pero manteniendo intacta la fe que impulsa a cientos de personas a emprender el viaje.

Los orígenes de una tradición familiar

La historia de los Vázquez Santana tiene un punto de partida claro: Teresa Vázquez Santana, hermana mayor de César y América, fue quien sembró la semilla de esta tradición hace más de tres décadas. Teresa, quien falleció en 2018, solía realizar los viajes a Talpa e invitaba a sus hermanos a sumarse a la experiencia.

"La tradición viene de una hermana que hacía viajes, ya tenía varios años haciendo viajes a Talpa. Ella ya trascendió, ya falleció hace años, en 2018, se llamaba Teresa Vázquez Santana", recuerda César. "Ella hacía los viajes y nos invitaba a todos, y yo al principio se me hacía como algo exagerado: muchos días de caminata y, como nos lo platicaban, una experiencia que no se antojaba mucho".

América, por su parte, rememora que todo comenzó cuando su hermana Teresa, sin saber realmente lo que implicaba, hizo una promesa vinculada a la salud de su madre.

"A través de mi hermana, que sin saber lo que estaba haciendo, le pidió a la Virgen que le ayudara para una enfermedad de mi mamá, que estaba delicada: ir si la sanaba; era ese llamado, el peregrinar a Talpa a pie. Y pidió el permiso a mi papá y se le otorgó, pero con la condición de que llevara a sus hermanos más chicos, a un hermano más chico que yo y a mí".
Camino a Talpa de Allende para ver a la Virgen del Rosario
El camino a Talpa no solo trae desafíos físicos sino mentales para los peregrinos (Juan Carlos Munguía)

El primer encuentro con el camino

Para César, la primera experiencia no fue sencilla. A pesar de haber escuchado los relatos de su hermana, la realidad superó cualquier expectativa. Fue alrededor de 1998 cuando decidió dar el paso.

"Mi primera vez, mi primer año, fue muy doloroso porque sí sabía que era fuerte la caminata y que eran varios kilómetros, pero jamás te imaginas qué es lo que va a suceder", confiesa. "Entonces sí me fui preparando: salí a caminar uno, dos, tres días por mi cuenta y me aventaba cinco o tres kilómetros diarios".

La preparación física, explica, resultó fundamental, pero pronto descubrió que el aspecto mental era igual de importante, especialmente para enfrentar los desafíos que presentan los cerros que jalonan el recorrido.

América también guarda memorias imborrables de sus primeros años como peregrina. En 1990, cuando realizó su primera travesía, las condiciones eran mucho más adversas que en la actualidad. La ruta salía desde la colonia El Batán, en Guadalajara, y el grupo estaba conformado por personas con mandas muy particulares.

"Eran puras personas que iban con mandas muy exageradas porque iban descalzos; unos iban tomando jugos, otros iban en ayunas; otras personas iban en muletas, y nosotros no nos esperábamos eso", narra América. "Varias veces habíamos ido con mi papá de entrada por salida a Talpa, pero nunca habíamos tenido esa experiencia".

Kilómetros de esfuerzo y encuentro espiritual

El camino hacia Talpa de Allende no es una ruta única. César explica que, en algunas ocasiones, ha iniciado la peregrinación desde su propio domicilio, ubicado en la intersección de Avenida de Las Torres y Federalismo, en la colonia Arroyo Hondo.

"He hecho el viaje de Talpa alrededor de 28 veces, y algunas veces lo hice saliendo desde donde yo vivía antes. Algunas veces lo hicimos cinco o seis veces desde esa zona, y en esa época salíamos en la madrugada y caminábamos todo el día hasta llegar a Tala", detalla.

Sin embargo, la ruta tradicional del peregrino tiene un punto de partida más definido: el municipio de Ameca, ya sea en su entrada o en el poblado de Lagunillas. Desde allí, los caminantes se adentran en una travesía de aproximadamente 117.32 kilómetros hasta llegar al corazón de Talpa de Allende.

Cerro del Obispo un punto del camino a Talpa de Allende
Bajada del Cerro del Obispo, un punto rumbo al santuario de la Virgen del Rosario (Juan Carlos Munguía)

El primer gran desafío es el ascenso al Cerro del Obispo, una caminata que puede tomar alrededor de dos horas para subir y dos horas para descender. El destino de esta primera etapa es La Estanzuela, un punto donde los peregrinos suelen descansar, cenar, dormir e hidratarse antes de continuar.

La jornada siguiente comienza antes del amanecer.

"Te despiertas en La Estanzuela a las 3 de la madrugada y continuarás caminando en un bosque en tierras coloradas", describe César.

El recorrido lleva a los peregrinos hacia Mixtlán y posteriormente a Atenguillo, un poblado más grande donde es posible encontrar hospedaje.

"En Atenguillo, que es un pueblo más grande, ahí te rentan cuartos, habitaciones, o en zonas te pueden rentar hasta una colchoneta o una habitación. Ya depende de con quién viajes y si se quieren quedar a descansar cinco horas o dormir toda la noche y salir en la madrugada. Pasa lo mismo: llegas al baño porque también te rentan regaderas para cambiarte", comenta el peregrino.

Pero el verdadero reto aguarda en la siguiente etapa: el ascenso al Espinazo del Diablo, que también se realiza a las 3 de la madrugada.

El Espinazo del Diablo: el punto más exigente

Subir el Espinazo del Diablo es, para muchos peregrinos, la prueba más dura del camino. César lo describe con precisión.

"Subes el Espinazo, y sí tiene una carga fuerte porque, aparte de que es cerro, tiene unas zonas como de lo que serían unas cumbres. Y piensas que ya subiste, y sigue otra cumbre y otra cumbre".

En la cima, los caminantes encuentran un paraje con una carga simbólica profunda.

"Donde se corona un muy bonito bosque donde hay muchas cruces, donde la gente se ha encargado de poner en memoria de todos los que ya no están que han hecho su caminar", relata César.

Este punto representa el lugar más elevado de la ruta, alcanzando los mil 950 metros sobre el nivel del mar, y marca un parteaguas en la experiencia de los peregrinos.

Peregrinos pasan por Las  Cruces rumbo a Talpa
En Las Cruces pese a ser una descenso el terreno también implica pruebas para los peregrinos (Juan Carlos Munguía)

El descenso lleva a los caminantes hacia Las Cruces, un tramo caracterizado por bajadas pronunciadas y tierra muy suelta. Continúan hasta Jacales, un lugar donde los peregrinos suelen detenerse para desayunar antes de continuar.

La siguiente etapa, Mal Paso, es particularmente demandante porque los peregrinos caminan a un costado de la carretera bajo un sol potente que puede alcanzar los 30 grados centígrados. Luego, por brechas, se avanza hacia Guayabos y Gallineros, hasta llegar a Cocinas, la antepenúltima estación antes de la Cruz de Romero.

La Cruz de Romero: el umbral de la meta

Para quienes han recorrido más de cien kilómetros, la aparición de la Cruz de Romero es un momento de gran emoción. Desde este punto se puede observar el municipio de Talpa de Allende en la distancia, pero aún queda un último esfuerzo.

"Una súper alegría, inmensa alegría por todas las experiencias y emociones que te pasan en el camino. Porque ahorita te lo estoy platicando, pero obviamente te pasa de todo: desde lágrimas hasta que todo puede suceder. Es una gran emoción saber que ya nada más estás en la bajadita. Pensamos que ya está ahí, pero no, todavía estamos hablando de otras dos horas o tres", expresa César.

América comparte esa sensación de plenitud al alcanzar este punto.

"A pesar de los años, no cambia la fe; han cambiado los caminos, han cambiado las formas, pero la fe aumenta. Yo ya no lo veo como aquello que sentí el primer día de 'quizás esté enfadoso'. Pero te lo digo yo honestamente: dije 'es un infierno' porque yo ya no podía caminar, y aun así decían cómo ir a un rancho que te lleve una mulita, un burro. Y ahora no, aunque a veces se me hace más difícil mi caminar, voy con fe y alegría, y se salen las lágrimas al llegar a la Cruz de Romero y ver el pueblo, y ver que ya llegué, y agradecerle tantos favores a la Virgen".

La bajada desde la Cruz de Romero hasta el municipio toma aproximadamente dos horas, un tramo donde las piernas ya piden tregua, pero la emoción de la llegada impulsa a seguir adelante.

Peregrinos cargan a la Virgen del Rosario rumbo a Talpa de allende, Jalisco
Las mandas impulsan a los peregrinos a recorrer el camino rumbo a Talpa (Juan Carlos Munguía)

La llegada

Finalmente, el peregrino llega a los arcos de entrada de Talpa de Allende, y desde allí se dirige al Santuario de la Virgen del Rosario. Para César, ese instante es indescriptible.

"No pues es algo súper emocionante, es algo que no se puede describir porque es una emoción interna. Está plagado de —te digo— no todo es risas y sufrimiento; todo está conectado y es un grupo de sensaciones y de emociones que se están explotando en ese momento".

América, por su parte, destaca que la llegada al altar representa la culminación de un proceso de meditación profunda que se desarrolla a lo largo de la ruta. "Hubo muchas experiencias muy bonitas, pero más que nada la tradición y la fe que se mueve en ese lugar como peregrina a Talpa es algo inmenso que no tiene explicación. Ahorita, en este momento, no tengo palabras porque me pongo a ver y me gusta mucho el yoga y la meditación, y yo creo que es la meditación más profunda que he tenido: el ir caminando horas y horas en la naturaleza".

Preparación y recomendaciones para el camino

César, que ha acumulado más de 28 años de experiencia como peregrino, ofrece una serie de recomendaciones para quienes se animen a emprender esta travesía. Enfatiza que la comodidad y la practicidad son fundamentales, pero también advierte que la fe y la paciencia son herramientas indispensables.

"Un buen calzado que te ayude a aferrarte bien, así si vas a trepar o algo; una ropa cómoda y a la vez que no pese tanto porque el polvo se te va a ir llenando y cada momento va a ser más pesado; manga larga, si es posible; un gorro tipo sudadera, pero delgadita; guantes está genial y unos lentes para el día", enumera.

El sombrero, en particular, se ha convertido en su accesorio favorito. "Un sombrero o una gorra, dependiendo de lo que se haga más fácil. En mi caso, yo he llevado de todo y, al final, creo que me quedé con el sombrero. Por ahí tengo todavía sombreros y se me han hecho más cómodos para el día, y para la noche te pones tu sudadera y ya con eso tienes".

La hidratación y la alimentación también son aspectos clave.

"Hidratarte bien, comer bien, dormir bien antes de hacer la caminata también te va a ayudar mucho: bien hidratado, bien comido y lo más que puedas. La caminata te invita mucho a la reflexión y a ir platicando contigo mismo y viendo tus penas, alegrías en todo momento".

Uno de los accesorios más preciados por los peregrinos es la "burrita", una especie de bastón o apoyo que resulta esencial en los tramos más complicados. "La burrita es muy esencial. En ratos la vas cargando tú y al rato te va a ir cargando ella. Sin ella, yo creo que para mí, en algunas veces me ha pasado que se me olvida en una enramada, y de enramada a enramada sufro su falta. Entonces sí es muy necesaria, yo la recomiendo mucho".

La ropa interior es otro elemento que no debe descuidarse. "También es muy importante que tú te lleves suficiente ropa interior, ya sea calcetines, ya sean calzones o camisas interiores, para que te lo estés cambiando y hacer más cómodo el viaje, y menos oloroso, obviamente".

Iglesia de la Virgen del Rosario en Talpa, Jalisco
La llegada al santuario en Talpa de Allende una emoción muy grande para los fieles de la Virgen del Rosario (Juan Carlos Munguía)

La evolución del camino

América, quien ha sido testigo de la transformación de la ruta a lo largo de casi 36 años, señala que el camino ha cambiado significativamente, especialmente por la intervención del gobierno estatal.

"Ahora todo ha cambiado, todo es más fácil. Hay muchas enramadas, hay mucha gente. En estos casi 36 años que se cumplen este año, los caminos ya están muy fáciles. Y aun así, con la edad, se me hace muy difícil. Entre más pasan los años, el caminar por la edad y porque se van desgastando los huesos y uno sube de peso, enfermedades, etcétera", reflexiona.

Recuerda que en sus primeros años, la ruta era mucho más rudimentaria. "Antes nos íbamos agarrando de las raíces de los árboles para bajar los cerros, en nalgas, como decían, hasta abajo. Y si bien te iba, porque si no te podías agarrar en los llamados —ahorita caminos fáciles porque con maquinaria fueron quitando esos caminos— fáciles, pero aún no los encuentras, y mucha gente por ahí baja para cortar camino".

El significado espiritual de la peregrinación

Más allá de los kilómetros recorridos, los accesorios utilizados o las dificultades enfrentadas, tanto César como América coinciden en que el verdadero sentido de la peregrinación es espiritual.

"El ir caminando horas y horas en la naturaleza" se ha convertido en un espacio de conexión consigo misma y con su fe, relata América.

Ambos hermanos, además, mantienen viva la memoria de Teresa, la hermana que inició esta tradición familiar.

"En memoria de mi hermana Tere Vázquez, que ella ya falleció, que fue la que inició todo esto, vamos con más fervor y gratitud a darle gracias cada año a nuestra madre", expresa América con emoción.

SRN


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