M+.- Apurado, Luis Ochoa, uno de los últimos aspirantes en acabar el examen, salió del Hotel Real de Minas en la ciudad de León, Guanajuato, pasadas las 20:00 horas.
Afuera, padres y madres esperaban a sus hijos, los amigos se despedían y los promotores de universidades privadas repartían folletos y se ponían “a las órdenes” de quienes salían. El nerviosismo de las 17:00 horas, cuando entraron, ya se había esfumado. Lo hecho, hecho estaba.
Fue en este lugar en donde la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicó la primera tanda de exámenes de control, es decir, presenciales, con supervisión humana y sin inteligencia artificial, para subsanar las irregularidades (trampas) de la primera prueba, que se hizo en línea, en mayo.
“Yo me sentí bien, están pesaditas las tres horas, pero me sentí bien”, dijo sonriente Luis a MILENIO cuando salió, convencido de que le fue bien.
Él no fue cualquier aspirante, sino, quizás, uno de los de mayor edad. Tiene 68 años. Caminando rápido, con un folder en la mano, explicaba amablemente su prisa: “Tengo que alcanzar el camión”.
Buscaba uno de los autobuses que la UNAM dispuso para quienes venían desde Morelia a presentar el examen, una de las pocas ayudas que la Universidad dio para aligerar un poco el peso de volver a tener que hacer un examen, luego de que la defraudó el software que contrató con Territorium Life para la supervisión remota en la prueba en línea.
Luis cuestiona procedimiento: “Prepararse para un examen no es cosa fácil”
“Hay una carrera que se llama TICS (Tecnologías para la Información y la Ciencia)”, explicaba Luis mientras avanzaba a paso veloz.
Esa es la carrera que quiere estudiar en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) de Morelia. En realidad, será su segunda carrera, porque él estudió Ingeniería Civil en la UNAM y ahora, que decidió cursar una nueva, logró 102 aciertos en el primer examen, por lo que para él fue molesto tener que hacerlo otra vez.
“A mí me molesta mucho, tengo muchas cosas que hacer, no tengo tiempo. Prepararse para un examen no es cosa fácil, te quita tiempo, dinero, y me parece muy mal que desde el inicio hayan optado por la vía online sin tenerlo bien caladito (sic)”, opinó.
Con él, cientos de jóvenes también acudieron a esta nueva cita con la Universidad. Desde las 10:00 horas, muchos pasaron a darse una vuelta para conocer el hotel. Luego, alrededor de las 15:00 horas, cientos de muchachos comenzaron a formarse afuera del recinto. Venían de diez estados diferentes, de la región del Bajío.
En ellos, se percibía esa mezcla de sentimientos que los invadía: nerviosismo, confianza, coraje, arrojo, preocupación, alegría. Los padres y madres les daban apoyo, les cuidaban su celular y mochila, porque con ellos no podían pasar, les daban la bendición y les deseaban éxito, tranquilidad, serenidad para responder acertadamente la prueba de 102 reactivos. Otros venían solos, muy seguros de sí.
Contra la “cultura de la trampa” mexicana
Víctor González, por ejemplo, sentía resignación por la cultura de la trampa en México.
“¿Qué esperaban de la gente? Ya saben cómo es el país”, dijo irónicamente mientras avanzaba en la fila para entrar a la prueba.
Al lado de él estaba Ximena, que coincidió con él.
“No es algo que ocurra solamente en el examen de la Universidad en línea, sino que es algo que cotidianamente se hace en los trabajos, en las escuelas, en las universidades”, reclamó tristemente.
Pero pese a todo, ahí estaban, listos para demostrar que antes no hicieron trampas y que, así como en la primera ocasión, la mayoría de ellos logró un lugar en la UNAM, podrían refrendar ese espacio ya ganado.
La Universidad informó que de 736 aspirantes que se esperaba que llegaran a esta primera tanda del examen de control, sólo se presentaron 501, es decir, faltaron 235 personas, el 32 por ciento. Además, 32 personas de la UNAM supervisaron la prueba. Caminaban vigilantes entre las mesas que se colocaron en un salón del hotel y en donde se instalaron cientos de computadoras que contenían el examen.
Joaquín Narro, director general de Atención y Orientación Educativa de la UNAM, dijo que esa proporción es la que históricamente falta a los exámenes de admisión. Es decir, ese ausentismo no es extraordinario.
Dijo que este examen era a prueba de hackeos porque los equipos no tenían conexión a internet y que, al cargarse el sistema, personal de la UNAM y notarios estuvieron presentes.
Narro tampoco consideró extraordinario que Diego, o Dani —como le gusta que le digan—, Estrada, quien quiere estudiar Historia del Arte, haya terminado el examen en 47 minutos. Él fue el primero en acabar la prueba. También salió apresurado, pero alcanzó a decir que esta aplicación presencial fue “mejor que la pasada” y que la supervisión personal fue “muchísimo mejor en línea”.
“No fueron nada invasivos, algo que se aprecia mucho”.
Dani, con tres amigos más, se regresó a Morelia la misma noche de ayer en el auto del padre de uno de ellos, pero muchos jóvenes con sus familias tuvieron que buscar hospedaje para pasar la noche y volver a casa al amanecer. Esos gastos, esas complicaciones, esos sacrificios fueron el costo que, esta vez, tuvieron que pagar por un lugar en la máxima casa de estudios.
MD
