A más de una semana de que pescadores locales denunciaran la presencia de hidrocarburos contaminantes en el río Pánuco, la contingencia ambiental permanece activa y sin control definitivo, pese a los mecanismos de mitigación anunciados por las autoridades y Pemex.
Persisten manchas oscuras en perímetro de refinería
Recientes inspecciones aéreas realizadas mediante drones confirman que, a once días del reporte inicial, persisten manchas oscuras a lo largo del perímetro de la Refinería Francisco I. Madero, las cuales, aunque muestran una menor intensidad, continúan su flujo con dirección hacia el Golfo de México.
Los registros videográficos de la zona afectada revelan la existencia de al menos dos puntos de origen críticos desde donde emana la sustancia.
El primero de ellos se localiza frente a uno de los muelles de la terminal marítima de Petróleos Mexicanos (Pemex), mientras que el segundo se ubica metros más adelante; ambas corrientes se unifican en el cuerpo de agua, facilitando la dispersión del material contaminante hacia el mar abierto.
Hasta el momento, la única certeza institucional es la confirmación por parte de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (Seduma) de que la sustancia detectada corresponde efectivamente a hidrocarburo.
Esta postura contrasta de forma parcial con los informes de Pemex, corporación que ha argumentado que el material no se encuentra en “fase libre”, descartando así que la emanación se esté produciendo de manera natural o por una fractura directa en los sistemas de conducción activa.
Pese a que la empresa productiva del Estado aseguró el pasado 15 de junio que se mantenían labores de búsqueda de la fuente generadora y que se habían desplegado barreras marinas de contención y mallas de filtrado, las investigaciones no han arrojado conclusiones definitivas.
Los monitoreos permanentes y los protocolos de seguridad interna implementados en el complejo industrial no han sido suficientes para frenar el escurrimiento constante del hidrocarburo hacia el afluente.
Ante la falta de dictamen oficial, especialistas y antecedentes apuntan a fallas recurrentes registradas en años anteriores.
Históricamente, este tipo de polución en el río Pánuco se ha vinculado al desbordamiento de los sistemas separadores de agua y aceite de la refinería, así como a las descargas residuales arrastradas por los canales pluviales Varadero y 7 ½, este último con un trayecto que cruza la totalidad de las instalaciones petroleras.
Pescadores, los más afectados
La reciente presencia de una extensa mancha de hidrocarburo en el río Pánuco no tomó por sorpresa a quienes diariamente dependen de sus aguas para subsistir.
Pescadores de la zona aseguran que los residuos de crudo forman parte de una problemática constante que, aunque en ocasiones se presenta en menor escala, nunca desaparece por completo.
Advierten que las lluvias y el incremento en los escurrimientos podrían agravar aún más la situación, convirtiéndola en un ciclo que parece repetirse sin una solución definitiva.
A escasos metros de las instalaciones de la Refinería Francisco I. Madero, en el paso de lanchas conocido como El Chachalaco, permanece sentado Carmelo Juárez, un joven pescador de Pueblo Viejo, Veracruz.
Desde ese punto, donde diariamente cruzan estudiantes y trabajadores entre Veracruz y Tamaulipas, observa un río que hoy le impide realizar su labor.
“Todos los días en las mañanas sale de allá, donde está el barco, ahí hay una salida de Pemex, por ahí sale todo el residuo, y pues ahora sí que todas las lanchas se manchan, las piedras, los árboles, todo está contaminado. No hay nada de pesca ahorita en el río”, afirma.
A simple vista, las huellas de la contaminación permanecen en las orillas: rocas teñidas de negro, arena impregnada de residuos y embarcaciones con manchas adheridas al casco.
Las corrientes también arrastran botellas de plástico y otros desechos cubiertos por una capa oscura de hidrocarburo.
“Más que nada por las lluvias, baja todo esto. Ha pasado pescado flotando en el río, se mueren. Tengo una lancha de aquel lado, pero ahorita la tengo varada, no hay nada, y ponerla aquí afuera cuando llueve sale el chapo y se ensucian todas las lanchas y no es nada barato limpiarlas”, añade.
Limpiar un motor contaminado por combustible puede representar un gasto cercano a los mil 200 pesos, una cantidad difícil de cubrir para muchas familias que dependen de la pesca.
La misma percepción comparte Guillermo Mendoza, lanchero con más de tres décadas de experiencia en el sector.
Dice haber visto el problema repetirse durante años y confiesa haber perdido la confianza en que las autoridades logren resolverlo. Mientras señala las manchas adheridas a su embarcación, bromea con resignación, “la voy a pintar de negro para que quede como Pemex”, dijo entre risas.
Detrás del comentario hay una realidad que, asegura, afecta diariamente a quienes viven del río.
“Esto es de todos los días, para que anda uno batallando y haciendo corajes. Yo quisiera que ellos vivieran como uno, que se pusieran de este lado, a ver qué hacen, no sobreviven… se mueren”, destacó.