Espectáculos

Cuando las estrellas tenían aura: desde los movimientos de Elvis hasta el moonwalk de Michael Jackson

Hubo una época en la que ver a una estrella era un acontecimiento: artistas que construyeron su leyenda entre escenarios, discos y silencios, cuando todavía existía una distancia con su público.

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Hace unos días escuché una palabra que, debo reconocerlo, me hizo sentir por un instante fuera de época. Mis hijos hablaban del aura de ciertas personas. En redes sociales incluso existen las llamadas batallas de aura: quién tiene más presencia, quién impone más, quién entra a un lugar y, sin necesidad de hacer demasiado, consigue que todos volteen a verlo.

Les pregunté qué significaba exactamente aquello de “tener aura”. Las respuestas fueron sencillas: presencia, seguridad, personalidad, carisma.

Y entonces pensé que nosotros también crecimos rodeados de gente con aura. Solamente que nunca le llamamos así. En aquellos años simplemente decíamos: “Ese tipo tiene algo”. Y vaya que lo tenía.

Había artistas cuya sola aparición parecía modificar el ambiente. No necesitaban publicar todos los días lo que estaban haciendo, dónde estaban desayunando o qué pensaban de cada tema. Al contrario. Parte de su fascinación estaba precisamente en todo aquello que desconocíamos de ellos. David Bowie podía aparecer convertido en Ziggy Stardust y hacernos creer que aquel personaje realmente había llegado de otro planeta. Prince podía subir al escenario vestido como nadie más se hubiera atrevido, tomar una guitarra y demostrar, en unos cuantos minutos, que detrás de toda aquella extravagancia existía un músico extraordinario. Freddie Mercury solamente necesitaba levantar un brazo frente a Wembley para que miles de personas respondieran.

Elvis Presley provocó que la televisión estadounidense decidiera mostrarlo de la cintura para arriba porque sus movimientos parecían demasiado provocadores para la sociedad de los cincuenta. Jimi Hendrix incendió una guitarra en Monterey y convirtió aquel instrumento en una extensión de su cuerpo. Jimmy Page aparecía entre luces y humo con una guitarra de doble mástil, mientras alrededor de Led Zeppelin crecía una mitología que la propia banda rara vez se preocupaba por aclarar. Eso era aura. Pero hay algo todavía más interesante detrás de esta palabra que hoy utilizan las nuevas generaciones.

Hace casi un siglo, el filósofo alemán Walter Benjamin habló del aura para referirse a esa condición única e irrepetible que posee una obra original. Podemos observar miles de reproducciones de la Mona Lisa, pero ninguna sustituye la experiencia de encontrarnos frente al cuadro que Leonardo da Vinci pintó hace más de 500 años.

Algo parecido sucedía con nuestros artistas. Podíamos tener sus discos, recortar sus fotografías de una revista, grabar sus canciones de la radio o esperar durante semanas algún concierto en televisión. Pero verlos realmente era otra cosa. Porque existía distancia.

Y creo que esa distancia alimentaba el misterio. Michael Jackson apareció en 1983 en un especial de Motown, interpretó “Billie Jean” y durante unos segundos caminó hacia atrás mientras parecía avanzar. El mundo conoció el moonwalk. No hubo adelantos durante semanas ni videos del ensayo publicados previamente. Simplemente ocurrió. Y millones de personas nos preguntamos: ¿qué acaba de hacer?

Prince convirtió incluso su silencio en parte de su personalidad. Bowie podía desaparecer para regresar convertido en alguien distinto. Madonna entendió que cada aparición pública podía convertirse en un acontecimiento y que la provocación también podía ser una forma de controlar la conversación. Hasta Ozzy Osbourne construyó durante décadas la imagen del Príncipe de las Tinieblas, aunque años después la televisión nos permitiera descubrir al hombre cotidiano detrás del personaje. Quizá ahí comenzó a cambiar todo.

Las redes sociales hicieron algo extraordinario: acercaron a los artistas como nunca antes. Hoy podemos conocer sus casas, sus vacaciones, sus opiniones, sus ensayos, sus camerinos y hasta lo que cenaron anoche. Pero me pregunto si al acercarlos tanto también les quitamos un poco de aquella distancia necesaria para construir una leyenda. Antes esperábamos. Y esperar también era parte de ser fan.

Esperábamos el nuevo disco. Esperábamos la entrevista. Esperábamos que MTV estrenara el video. Esperábamos encontrar una fotografía nueva en una revista. Y cuando finalmente aparecía nuestro artista favorito, durante algunos minutos el mundo parecía detenerse. Hoy llevamos prácticamente toda la historia de la música dentro de un teléfono.

Tenemos conciertos completos, entrevistas, documentales, fotografías y grabaciones que alguna vez fueron imposibles de conseguir. Nunca habíamos tenido tanta música a nuestro alcance y, paradójicamente, pocas veces habíamos tenido tan poco misterio.

Por eso me resulta curioso que sean precisamente los jóvenes quienes hayan recuperado esta palabra: aura. Tal vez, después de vivir en una época donde todos estamos permanentemente expuestos, estamos volviendo a valorar a quienes todavía conservan algo imposible de explicar. Porque el aura no necesariamente tiene que ver con cantar mejor, tocar más rápido o vender más discos.

Kim Gordon podía permanecer prácticamente inmóvil mientras Sonic Youth levantaba una tormenta de ruido alrededor de ella y era imposible dejar de mirarla. Freddie Mercury hacía exactamente lo contrario: corría, gritaba, jugaba con el público y convertía un estadio completo en la extensión de su escenario. Dos formas completamente distintas de provocar la misma sensación.

Eso que alguna vez llamamos personalidad, magnetismo, presencia o simplemente “tener algo”. Ahora sé que tiene otro nombre. Y quizá después de todo las generaciones no somos tan diferentes. Ellos hacen batallas de aura en TikTok. Nosotros las hacíamos frente a una televisión, discutiendo si había alguien más grande que Elvis, Bowie, Prince, Madonna, Michael Jackson o Freddie Mercury. La diferencia es que nosotros teníamos que esperar para volver a verlos. Y quizá precisamente por eso, cuando finalmente aparecían… parecían gigantes.



nrm

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Carlos Garza
  • Carlos Garza
  • Productor, creador de contenidos y locutor con 35 años al aire. Desde 1990 ha dado voz a innumerables entrevistas con artistas internacionales y ha impulsado proyectos de radio en México y Estados Unidos. Su trayectoria combina experiencia, técnica y una inquebrantable pasión por la comunicación.
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