La batalla más dura que tuvo que pasar la ex boxeadora Ibeth “La Roca” Zamora fue más allá de un ring; las palabras fueron más duras que los golpes. Cuando la niña de 15 años, originaria de San Cristóbal Huichochitlán, Toluca, soñaba con ser pugilista, se enfrentó a la discriminación de su propia gente, incluso por parte de promotores del boxeo.
Pero para Ibeth, los comentarios, las burlas y los señalamientos la hicieron sacar las casta, pues logró coronarse campeona mundial en tres categorías distintas. Su trayectoria le valió ser incluida en una de las cuatro historias del documental: ‘Rómpete la Madre’.
“Agradezco que me hayan tomado en cuenta para este proyecto, porque significa que hice algo bien en el boxeo, ya que, como indígena, siempre me hicieron a un lado. Estoy contenta y agradecida con la productora Daniela Uriza por hacer realidad este proyecto”, relató en exclusiva con MILENIO-La Afición.
Zamora invitó a todos a ver el documental que actualmente se proyecta en salas de cine.
“Invito a toda la gente a que vea este documental, ‘Rómpete la Madre’. Son cuatro historias diferentes, todas con el mismo objetivo: subir a un ring y ganar cada pelea. La parte de ‘La Roca’ la hago para que me valoren como indígena, perteneciente a una etnia otomí. Quiero invitar a quienes pertenecemos a una etnia a que no nos avergoncemos de quiénes somos ni de dónde venimos, que merecemos respeto y que, como mujeres, tenemos derecho a soñar”, indicó.
Presa del machismo
Pero para ganarse ese reconocimiento, el camino no fue fácil.
“Cuando debuté profesionalmente, la primera vez que fui a la Ciudad de México, a lo mejor para la gente que vive allí no es tan impactante, pero yo, que vengo de una comunidad, de un pueblo, al ver y descubrir sus costumbres y la forma de hablar, me impresioné mucho. Ya siendo campeona nacional, el golpe más duro fue cuando fuimos con un promotor y me decían: ‘Yo no trabajo con mujeres, a mí no me representan un negocio’”, señaló.
Incluso siendo campeona mundial, la tendencia no cambió y tuvo que enfrentarse a la cruda realidad.
“Cuando fui campeona mundial, me di cuenta de que no es como lo veías en la televisión. Agradezco a mis papás y a mis hermanas, porque me decían: ‘No importa lo que digan, tú ve por el objetivo que quieras’. Estoy agradecida con Dios, porque me dio la fortaleza para aguantar las burlas cuando comenzaba a los 15 años”, añadió.
En su comunidad, las cosas no fueron diferentes y, al contar con el apoyo de sus padres, ellos también sufrieron comentarios ofensivos.
“Mis papás fueron muy valientes, porque en casa éramos cinco mujeres. Ellos recibían críticas de por qué nos mandaban a estudiar; sin embargo, no hicieron caso a las burlas. A mi papá le decían que él traía la falda y mi mamá los pantalones, pero ¿por qué? Porque ellos eran un equipo. Trabajábamos en los tianguis, vendíamos semillas y abarrotes. Entonces, mi mamá manejaba una camioneta de tres o cinco toneladas, y eso no era bien visto, aunque para ellos era un día normal”.
Orgullosa de sus raíces
A Ibeth nunca le dio vergüenza de dónde venía; siempre dignificó a la mujer indígena, sin importar que eso le cerrara oportunidades en el profesionalismo.
“Sentía que necesitaba decir de dónde era, que pertenecía a una etnia otomí. Me decían que era una india, comentarios que no me gustaban; sentía que me hacían a un lado. Entendía que, al final, es un negocio y que eres un producto. Me gustaba mucho usar blusas bordadas o vestidos, algo representativo de que pertenecía a una etnia indígena. Me llegaron a decir: ‘Es que eso no vende’. Si hubiera manejado de otra forma mi carrera boxística, no me hubiera sentido a gusto”, analizó.
Por último, “La Roca” ahora disfruta de una nueva etapa en su vida: la de ser madre a sus 37 años.
“Estoy contenta en una etapa completamente diferente, ya como mamá. Es como me lo imaginaba: estar al cien por ciento con mi bebé. Y en ese sentido, respeto aún más y admiro a las compañeras que, siendo mamás, se desempeñan como boxeadoras. Sabía lo que implicaba ser mamá y, ahora que lo vivo, digo: ‘Vaya, era más fácil levantarse todas las mañanas e ir al gimnasio; era mucho más fácil que estar con un bebé’, porque es una responsabilidad muy grande”, finalizó.
MGC