Guadalupe “Lupita” Martínez no duda cuando habla del boxeo: lo asume como oficio, como pasión y como una forma de vida que le ha exigido sacrificios profundos.
La ex campeona mundial supermosca, también es madre y una de las voces centrales del documental Rómpete la Madre, su testimonio da rostro y emoción a esta producción dirigida por Daniela Uriza Razo, que retrata el camino de las mujeres en el boxeo profesional mexicano.
“Lo que hizo Daniela fue mostrar lo que hay detrás de nosotras, porque la gente nos ve arriba del ring, tirando golpes, con sangre o moretones, y cree que es fácil, pero hay familia, economía, frustraciones, disciplina, así que no es nada más subir a pelear”.
Para ella, el documental logra tocar fibras sensibles porque humaniza a las boxeadoras: las muestra como atletas de alto rendimiento, pero también como madres, hijas y sostén de un hogar.
Su historia con el boxeo comenzó casi por casualidad, cuando estudiaba la preparatoria. “Entré como ejercicio, jamás pensé en ser campeona del mundo”, recuerda. Sin embargo, el deporte la fue atrapando, y con el tiempo llegaron las peleas profesionales, las derrotas que enseñan a manejar la frustración y, finalmente, los títulos, primero el campeonato plata y después el absoluto: “Me repetía que tenía que valer la pena todo lo que estaba dejando, los cumpleaños, los festivales, el tiempo con mis hijos, tenía que coronarme”.
Apoyo familiar
Ser madre y boxeadora implicó una doble batalla, Martínez reconoce que el apoyo de su mamá fue clave para poder viajar y concentrarse en sus peleas.
Esa red de respaldo le permitió mantenerse firme incluso en los momentos más duros. “Somos un verdadero equipo, mis hijos y mi mamá fueron fundamentales, ellos soportaron mi ausencia, mi cansancio y frustraciones. Cuando peleaba fuera, mi mamá cuidaba a mis hijos, incluso cuando he pensado en retirarme, ellos me impulsan a seguir”.
Uno de los temas que más le duele es la desigualdad económica que hay en el boxeo femenil, pues al final, el riesgo y la preparación es el mismo para las mujeres que para los hombres.
“Nunca se asimila que te paguen menos cuando trabajas con disciplina y profesionalismo. Es una falta de respeto a tu carrera y a tu equipo. A veces recibía mi bolsa y tenía que repartirla, quedándome a deber. Lo haces por amor y orgullo. El boxeo es honor y gloria, y no cualquiera es campeón del mundo”.
Escasez de campeonas
Sobre el momento actual del boxeo femenil en México, Martínez percibe altibajos, extraña la época en la que había múltiples campeonas mexicanas y advierte sobre el riesgo de banalizar el deporte con exhibiciones mediáticas como sucede desde hace algún tiempo.
“Siento que ha bajado un poco, antes había muchas campeonas mexicanas, ahora no lo veo igual. También influye que personas sin trayectoria en el boxeo entren por popularidad en redes, y eso cambia la dinámica. En ese sentido, creo que cada cosa tiene su lugar, México tiene historia en el boxeo y no cualquiera puede subir al ring con pocos meses de preparación, porque es un deporte serio, de contacto, donde se arriesga la vida”.
En Rómpete la Madre, Guadalupe Martínez no solo comparte su trayectoria, sino una convicción: las mujeres pueden abrirse paso en cualquier escenario, incluso en uno históricamente dominado por hombres. Y cuando se le pregunta si ha valido la pena, no titubea.
“Ha valido cada segundo, el poder pararme en cualquier lugar y que digan ‘ella fue campeona del mundo’ lo vale todo. Como mujeres, hemos aprendido a nadar contracorriente, somos fuertes y hacemos diferencia en lo que nos propongamos”.
MGC