A menudo hablamos de las relaciones entre países en términos financieros o diplomáticos, pero existe otra infraestructura, menos visible y más difícil de cuantificar, que también conecta a las sociedades y lo hace a menudo de manera más profunda, la cultura.
Y esa infraestructura empieza en las personas. En familias repartidas a ambos lados del Atlántico, en amistades o, en quienes llegan para estudiar o trabajar y terminan quedándose. También en esa familiaridad que permite a tantos mexicanos sentirse en casa en España y a tantos españoles reconocer algo hermano al aterrizar en México.
La antropóloga Nina Glick Schiller y la socióloga Peggy Levitt han estudiado estas conexiones a través del concepto de “campos sociales transnacionales”, redes de relaciones que atraviesan fronteras y permiten que las personas participen de distintas maneras, de más de una sociedad a la vez. Con el tiempo, esas redes personales toman forma en instituciones, obras o trayectorias profesionales.
El mundo editorial ofrece un buen ejemplo. El Fondo de Cultura Económica está presente en España desde 1963, mientras editoriales españolas han publicado a autores mexicanos como Jorge Volpi o Guadalupe Nettel. En la FIL de Guadalajara, con España como país invitado en 2024, la relación encontró un lema perfecto: “Camino de ida y vuelta”.
La arquitectura y las artes visuales cuentan esa misma historia. La mexicana Tatiana Bilbao ha desarrollado proyectos en España como Solo House, en Matarraña. En 2025, más de 133 mil personas visitaron en el Prado “Tan lejos, tan cerca. Guadalupe de México en España”. Casa de México en Madrid ha presentado exposiciones de las colecciones Blaisten y Jumex y este otoño suma una muestra de la Colección Isabel y Agustín Coppel.
En la música, Alondra de la Parra dirige hoy la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.
La gastronomía forma parte de ese intercambio. Según una estimación de Casa de México, Madrid cuenta hoy con cerca de 187 restaurantes mexicanos. Roberto Ruiz hizo de Punto MX el primer restaurante mexicano de Europa con una estrella Michelin, y en sentido inverso, el donostiarra Bruno Oteiza desarrolló durante décadas su carrera en México, donde Biko llegó a situarse entre los mejores restaurantes del mundo.
él dice...“México y España poseen algo que no se construye
De un día para otro”.
Cuando estas redes son sólidas, desbordan a las administraciones públicas e incorporan a la iniciativa privada, la filantropía, las universidades y la sociedad civil. Casa de México, impulsada por el mecenazgo de Valentín Díez Morodo, o la actividad educativa y cultural de fundaciones españolas en México muestran cómo esos vínculos pueden convertirse en estructuras de continuidad. Cada institución, estudiante o proyecto compartido añade un nuevo nodo.
En un mundo cada vez más fragmentado, México y España poseen algo que no se construye de un día para otro, una infraestructura de afectos, talento e instituciones tejida durante generaciones.
GHD