Cultura

Lo que no se ve

Toscanadas

La literatura no está en lo que vemos u oímos, sino en lo que imaginamos. Leer implica completar el sentido y hacer propias las palabras.

El capítulo LXVI en la segunda parte de Don Quijote se titula: “Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá el que lo escuchare leer”. Eso está muy bien. Sabemos que Cervantes escribió en una época en la que poca gente sabía leer y pocos se podían costear un libro. La literatura nació oral y solo desde hace unos siglitos le damos mayor jerarquía a la escritura.

​Ese título quijotesco me ha dado mucho qué pensar. Me pongo a rumiar que el arte de la escritura, o sea, “lo que verá el que lo leyere”, estaría acaso en la caligrafía. Hay gran arte caligráfico en la escritura del chino, japonés, coreano, árabe y otras lenguas. Los que tienen mi edad, llevaron en la escuela muchos ejercicios en la materia de Caligrafía, si un día fuerte, ya desmoronada. Hacíamos planas de ejercicios llamados lluvia, óvalos, espirales y tantos otros, para luego pasar a la escritura de letras. Algunos historiadores hacen notar que la elegancia del trazo de escritura en México decayó con la expulsión de los jesuitas. Y sabemos que los médicos han hecho toda una cultura de su inentendible escritura.

Según esto, ¿qué ve el que lee? ¿Qué oye el que lo escucha leer? Ve o escucha letras que componen palabras que componen frases. Pero ver la palabra “puerta” no hace ver una puerta, mucho menos vemos a una mujer con la palabra “mujer”. Y claro que escuchar “el niño gritó” o “la puerta rechinó” no nos hace escuchar el grito ni el rechinido.

¿Qué ve el que lee “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana” o el que lee “Todas las familias felices son iguales” o “En el principio Dios creó los cielos y la tierra”? Si uno lee, “hay cosas que preferiría no saber”, entonces se está leyendo algo invisible. Cinco treinta y 5:30 se oyen igual, pero se ven distinto.

¿Y qué ve el que lee en la poesía “y pensar que pudimos en una onda secreta de embriaguez, deslizarnos, bailando un vals sin fin por el planeta”?

La literatura no es un arte que privilegie uno de los sentidos; los ciegos escuchan y tocan las palabras.

La fuerza de la buena literatura es que las imágenes, las ideas, las emociones y los significados se crean en la mente. Las mentes lúcidas, sensibles y entrenadas con los clásicos crean grandes obras; las mentes perezosas, acostumbradas al cine, suelen crear pobres versiones de las grandes obras. Por eso se entiende que haya tanta gente que no se siente atraída por la literatura. Para ellos, Primero sueño, Muerte sin fin o Piedra de sol son balbuceos.

No, la literatura no se ve; se recrea, se imagina, se lleva de la mano, se acaricia, se baila o se hace el amor con ella, se vive. El que la quiera ver apenas verá un fondo blanco con letras oscuras y eso no es muy apasionante.

AQ / MCB​

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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