Cultura

‘Trabajar cansa’, nueva edición del clásico de Cesare Pavese

Entrevista

En entrevista, Aitana Monzón, autora del prólogo a este volumen editado por Altamarea, afirma que el poeta italiano busca la luz obstinadamente, pero “su luz habita en la tiniebla”.

Hablar de la poesía del italiano Cesare Pavese, afirma la poeta española Aitana Monzón, “es decir un fuego parco y obstinado que llega donde no llegan las sombras”; es hablar de algo sagrado en la creación literaria, algo que tiene que ver con la contemplación del paisaje, la conciencia arcaica previa al lenguaje y al asombro y la vocación de vacío.

Y es que la obra del poeta nacido en 1908, cuyo suicidio en la habitación de un hotel en 1950 cuando contaba 41 años, ha funcionado como todo un símbolo en la literatura mundial del siglo XX, y representa algo insondable en la poesía, “algo más allá del sentido, del orden y de la luz, más allá de la visión de las cosas”.

Como escribe Monzón en el prólogo que acompaña la nueva edición de uno de los títulos más emblemáticos de Cesare Pavese, Trabajar cansa, publicado originalmente en 1943 y que el sello español Altamarea acaba de reeditar en una traducción al español de Carlos Clavería Laguarda, la poesía fue para el autor de obras como Noche de fiesta, Diálogos con Leucó, El diablo sobre las colinas o Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, un acto de fe y significó toda una renovación de la lírica. “Por esta razón”, apunta Monzón, “Trabajar cansa deviene, de facto, una búsqueda del propio Pavese hacia la confección de una polifonía que ya se advierte en su obra narrativa, pero que en lo lírico busca su máxima expresión objetiva. No tanto la muerte, sino la soledad, es lo que impregna los campos y alcanza a los hombres, horadando de ese modo la obra del piamontés”.

Monzón señala que “Pavese, estudiante empedernido de la literatura anglo-norteamericana, de la que luego se convertirá en traductor, comparte con todos sus adorados escritores de cabecera la misma pulsión por el retorno insaciable a la tierra. Una tierra baldía, es cierto, una tierra que no tiene más que sí misma para poder ofrecerse. Abrirse y darse, tal es el cometido del poeta. El determinismo que parece descubrirse tras de sus versos y sus novelas deriva en gran medida de la influencia del romanticismo gótico encumbrado por Melville, el fatalismo rural típico de Faulkner, pero también una comunión inevitable con la hierba. No olvidemos la tesina que Pavese desarrolla sobre Whitman en el año 1932 y que, con toda probabilidad, sirve de modelo para la elaboración de Trabajar cansa. El poeta, un observador, una voz que todo lo ve, que todo lo padece y todo en él filtra —reminiscencia, por otro lado, del trascendentalismo norteamericano—, confía en que el padecimiento es cíclico, y que en la muerte está implícita la vida”.

Para la poeta española, “la escritura de Trabajar cansa es metarreflexiva, paciente y cuidada. El poeta es consciente de su peso en la historia, sabe que el papel es lo único que sobrevivirá, junto con las montañas, más allá de las primeras nieves. Debe perseverar a pesar de la abulia que parece atravesar los poemas, sin duda premonitoria de su propia muerte. Pero no se habla de la muerte, se habla del humo que acompaña a las voces que aparecen repartidas entre las páginas, se habla de las colinas, de la reclusión, de la paternidad, de la política como argumento tabú, como fruto prohibido que en ocasiones es culpa y es pecado, se habla de contemplar la impotencia, de la enfermedad, del aburrimiento, de los vicios y las revueltas. Se habla, entonces, para entender lo vivido. En este sentido, las actividades y los estímulos que se presentan en los textos ofrecen un velo telúrico, nihilista, desde donde el sujeto lírico se regodea en su fracaso personal. El cuerpo es operatorio, se mueve en su silencio, es su indolencia la que deja entrever el estilo realista pavesiano. Callar y escuchar. No haría falta nada más que eso”.

Escribe usted que la de Pavese en Trabajar cansa “es una poesía del acabamiento, de los ritos fatuos, de la catábasis”, interesantísimo este último adjetivo, ya que hunde sus raíces en una tradición órfica de naturaleza casi gnóstica. ¿Podría abundar en su reflexión sobre esa forma de hacer poesía del poeta italiano?

La lírica es vertical, no hay otra forma de verla. Poetas y críticos de todas partes del mundo han dedicado buena parte de su escritura a tratar este tema. Hay poetas que siembran en la luz, como diría Antonio Colinas. Otros, sin embargo, van a la materia, al silencio de todo lo que tiembla bajo la tierra, bajo ellos mismos. Una poesía no es superior a la otra, ambas deben convivir, entrelazarse. El sentimiento de Pavese es rotundo, violento, cargado de símbolos ígneos —indispensables para el pensamiento gnóstico, qué duda cabe— y su vida está marcada por la rendición, por la renuncia de sí mismo. Él busca la luz obstinadamente; a veces, muy a pesar suyo, pero su luz habita en la tiniebla. Por eso escribe: ‘Arriba y abajo de día y de noche y no tienen miedo / de darle a la azada bajo la luna, o de encender una hoguera / de esparto en lo oscuro’”.

Trabajar cansa, Cesare Pavese
Portada de ‘Trabajar cansa’, de Cesare Pavese. (Altamarea)

Pavese es una de esas figuras emblemáticas de un tipo de poeta que lleva hasta sus últimos extremos la concordancia entre el viaje vital y la reflexión sobre el sinsentido de la vida en un mundo en destrucción. ¿Está de acuerdo?, ¿es Pavese ese tipo de poeta?, ¿qué añadiría o comentaría sobre esa perspectiva?

Por supuesto. Para él, la literatura es tanto o más importante que la vida. Sus convicciones políticas y éticas son claras. Su trayectoria vital, también la literaria, están condicionadas por el aislamiento, por su encarcelamiento en Turín y su lucha contra el fascismo. No puede entenderse una cosa sin la otra. El vacío, la fatiga, el absurdo, la incomunicación… todo eso es síntoma de su tiempo, pero también resultado de su educación sentimental (Pessoa, Leopardi, Faulkner).

¿Qué podemos decir que aporta una nueva edición de Trabajar cansa?, ¿cómo se ha concebido y diseñado esta edición?

Toda reedición implica celebración y gozo de congregar a muchas personas en torno a un libro —diría más, en torno a una vida—. Trabajar cansa es, a mi juicio, la gran obra de Pavese, junto a sus diarios, puesto que en ella entrena sus obsesiones, forja su carácter e imprime en los poemas los futuros grandes axiomas de su literatura. Esta edición ha visto la luz gracias a la tenacidad, generosidad y sabiduría de Carlos Clavería, traductor de los poemas del libro, así como de la casa que acoge y alumbra la obra en español de Pavese, la editorial Altamarea. Los libros son una promesa. Sin este tipo de ediciones, no se permitiría la lectura crítica de una obra importante, ni su distribución entre las nuevas generaciones, ni mucho menos el deleite entre los que nos consideramos deudores de la obra de Pavese.

¿Cuál sería desde su punto de vista la vigencia y actualidad de la poesía de Cesare Pavese y en qué medida los poetas jóvenes en este momento lo leen (o lo olvidan)?

En un mundo desproporcionado e impredecible, en un momento en el que vuelve a despertarse un fascismo que parecía enterrado, es más que nunca necesaria la reivindicación de la memoria de autores como Cesare Pavese, que vivieron en sus carnes las consecuencias de ese fascismo. Como filóloga, siempre lo he pensado así, tengo el deber de guardar, conservar y promover la memoria material de mi cultura, porque esto pasó y debemos recordarlo, a nosotros mismos y a los otros. La literatura va a sobrevivirnos, sobrevivirá también los embates de la historia, sean políticos, medioambientales, etc. Es nuestro deber, como sociedad, preservar el legado intelectual y cultural que nos ha precedido, tanto si estamos de acuerdo con él como si no, porque está ahí, porque está escrito. Soy optimista. Siempre recurro a una idea central para el pensamiento indígena norteamericano que reside en tener en cuenta a las siete generaciones que nos han precedido y a las siete que llegarán después de nosotros. Por tanto, no nos queda otra que compartir los poemas de Pavese entre los jóvenes, adoptando, si hace falta, nuevos medios, nuevas maneras de hacer llegar la poesía a la sociedad. Si no, ¿para qué hacemos literatura?

***

Así pues, Trabajar cansa es, como resume Aitana Monzón, “el eco inasible de un vivir que comienza con la imagen de una colina en ansia de soledad. Y de esto podría avivarse una fogata:

Solo nos falta un mar que resplandezca fuerte
e inunde la playa con un ritmo monótono.
Del mar no nacen árboles, no emergen hojas:
cuando llueve en el mar todas las gotas se pierden,
como el viento en estas colinas, que busca las hojas
y encuentra solo las piedras. Al alba es un instante:
se dibujan en el suelo los negros perfiles
y las manchas bermellón. Luego, de nuevo el silencio.

“Es la mirada. Y el silencio. Un silencio de lustros que acompaña al poeta mucho más allá de las colinas de Turín, mucho más adentro; no en los árboles, sino en las manos; no en el acaecer del sol, sino en la espera y en su recogimiento”.

​AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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