Cultura

‘Shifting Baselines’: la banalidad del desastre

Cine

Julien Elie explora cómo cada generación normaliza la destrucción del entorno y construye una experiencia sensorial que cuestiona nuestra capacidad de conmovernos ante la catástrofe ambiental.

A menudo vuelvo a las ideas de Sontag porque me parece que es, junto con Barthes la gran ensayista del modo en que las imágenes en la tardomodernidad nos han anestesiado. Y de cómo el cine es, para esta enfermedad, una cura: Shifting Baselines, documental que será mostrado en el festival Quebecine que se presenta del 26 de febrero al 8 de marzo en la Cineteca Nacional.

Shifting Baselines invita a explorar el modo en que vemos la herida en la tierra. Ya antes el documentalista Julien Elie había explorado el modo en que perdemos la capacidad de relacionarnos sensorialmente con el horror (y por tanto con su otro extremo, el erotismo). En Dark Suns documentó los feminicidios en México. Ahora, Elie trasciende de nuevo el periodismo visual y se aproxima al problema de la destrucción del medio ambiente desde las “líneas cambiantes” (las shifting baselines del título), que dejan de ser sólo un concepto de ecólogos y biólogos marinos para mostrar que cada generación va normalizando la destrucción del entorno y la va viendo como algo normal. Por ello, en uno de los momentos más interesantes de la obra, se documentan recuerdos infantiles de diversos entornos que contrastan con el mundo en estos momentos, años después. La memoria no coincide y a nadie le extraña, la catástrofe se va banalizando y uno dice: las cosas así son.

Pero, ojo, el director no usa la cámara para denunciar o indignarnos, la narrativa de Shifting Baselines muestra, más bien, en en la rima de sus imágenes que la pérdida natural en la sociedad en que vivimos no es un evento y mucho menos una catástrofe, es en realidad como un deslizamiento prácticamente imperceptible, como un glaciar. Y uno agradece que no haya sermones otra vez. Uno agradece que el director, como querría Sontag, enlace las imágenes para conducir al espectador hasta lo más básico de sus deseos, hasta la erótica del cine que no tiene nada que ver con genitalidad sino con relacionarse con el objeto material desde los sentidos, desde lo que aún no ha sido pensado, desde lo que no puede decirse porque es necesario ver. Así han ido cambiando las sensibilidades, así se producen nuevas realidades simbólicas, así cambia la ética de la observación, cambian las líneas de base y el mundo, así como está, nos parece incambiable, podrido, pero normal. La percepción de estas shifting baselines cuestiona en nosotros los espectadores: ¿hemos perdido o no la capacidad de conmovernos con ciertas imágenes? Y tiene sentido, de modo paradójico porque nos hace sentir que hemos dejado de sentir. Este es el truco.

En Contra la interpretación (1966), Sontag defendía la necesidad de volver al erotismo en el arte, a la aproximación sensual al andamiaje material de una obra que minimizamos de forma inevitable si lo interpretamos como haría un jurado en un concurso de belleza. No, el amante no teoriza en torno a lo que de verdad le llama la atención y es eso justamente lo que hace Shifting Baselines, la didáctica la echa por la borda y reorganiza para nosotros la percepción. Y uno siente que, como pensó Sontag en Sobre la fotografía (1977) la imagen de tanto desastre nos tiene anestesiados. Este es el triunfo del mal. Pero el triunfo del director Julien Elie está en permitirnos sentir el cambio, mirar cómo el géiser se mueve y el mundo cambia.

No se trata de cuestionarnos o darnos clase de moral, se trata de relacionarnos con la historia de nuestro tiempo y tal vez sonreír ante el modo en que incluso los ecologistas han banalizado el desastre.

Shifting Baselines

Julien Elie | Quebec | 2025

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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