Visto de lejos era un hombre muy serio. Una impresión que no tardaba en difuminarse, nada más comenzar a entrar en confianza. Tras varias horas de gloriosa parranda tapatía, me quedó la impresión de que Alfredo vivía resignado a la bohemia, como quien ha asumido una misión vital. Lo recuerdo nervioso, en un principio. Irritado porque la mesera insistía en esperar hasta la una en punto de la tarde para servirnos el primer alipús.
Como el lobo-hombre de Boris Vian, para la una y veinte el autor de La vida exagerada de Martín Romaña se había transformado en un tipo absolutamente encantador. Se nos fueron siete horas, y a saber cuántos tragos, antes de que el deber lo reclamara. ¿Cómo fue que logró presentarse ante el público de la FIL de Guadalajara con una sobriedad irreprochable? Misterios de la práctica, supongo. En todo caso no fue menos divertido que en el bar, y al cabo de una hora regresó a la parranda con un vigor digno de exaltación.
Tal parece que el hombre que escribió sobre Octavia de Cádiz viajaba en un vehículo con el tanque perpetuamente lleno, cual si la vida toda fuese una juerga que se narra a sí misma hora tras hora. Una farra, por cierto, celebrada a manera de ritual. Porque, como sabemos sus lectores, Alfredo solía ser muy fiel a sus rituales.
Tengo un amigo con el que me escribo cartas por correo electrónico. Cuando llega una nueva, sacamos los papeles de la impresora como si fuéramos al correo, y luego nos sentamos a leer, como después de haber abierto el sobre, me contó aquella tarde, risueño y en voz baja, como quien hace alarde de alguna travesura.
“El estarse muriendo de ganas de que lo llamen a uno por teléfono y darse el gustazo de no responder, es prueba de respeto por sí mismo”, reza aquella estupenda línea de Bryce que, ya entrados en tragos, me atreví a recitarle —impertinentemente, o sea a su manera— solo por escuchar el choque de cristales que siguió, cual si fuese otra escena de una novela en marcha. ¡Salud, Alfredo!, dije y sigo diciendo, porque si algo está claro es que en algún lugar la fiesta sigue.
AQ / MCB