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Jueves , 21.03.2019 / 04:26 Hoy

Los libros de Laberinto

Reseñas

Recogemos textos sobre la herencia de Stephen Hawking en Breves respuestas, el galardonado escritor Stephen King nos brinda un fragmento de El vigilante, su más reciente novela y nos adentramos en las motivaciones filosófico–políticas d
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La herencia de Hawking

Stephen Hawking fue reconocido como una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo y una figura de inspiración después de desafiar su diagnóstico de ELA a la edad de 21 años. Es conocido tanto por sus avances en física teórica como por su capacidad para hacer accesibles para todos conceptos complejos y destacó por su travieso sentido del humor. En el momento de su muerte, Hawking estaba trabajando en un proyecto final: un libro que compilaba sus respuestas a las “grandes” preguntas que a menudo se le planteaban, preguntas que iban más allá del campo académico. En estas páginas, ofrece su punto de vista personal sobre nuestros mayores desafíos como raza humana, y hacia dónde, como planeta, nos dirigimos. Cada sección es presentada por un pensador líder que ofrece su propia visión de la contribución del profesor Hawking a nuestro entendimiento.


Stephen Hawking: Breves respuestas a las grandes preguntas. Crítica, México, 2019.



Crimen y terror

Un niño de once años ha sido brutalmente violado y asesinado. Todas las pruebas apuntan a uno de los ciudadanos más queridos de Flint City: Terry Maitland, entrenador en la liga infantil, profesor de literatura, marido ejemplar y padre de dos niñas.

El detective Ralph Anderson ordena su detención. Maitland tiene una coartada firme que demuestra que estuvo en otra ciudad cuando se cometió el crimen, pero las pruebas de ADN encontradas en el lugar de los hechos confirman que es culpable. Ante la justicia y la opinión pública, Terry Maitland es un asesino y el caso está resuelto.

Pero el detective Anderson no está satisfecho. Maitland parece un buen tipo, un ciudadano ejemplar. ¿Acaso tiene dos caras? Y ¿cómo es posible que estuviera en dos sitios a la vez?

La respuesta, como no podría ser de otra forma saliendo de la pluma de Stephen King, te hará desear no haber preguntado.

FRAGMENTO

Declaración del señor Jonathan Ritz (10 de julio, 21.30 h, interrogatorio a cargo del inspector Ralph Anderson).

Inspector Anderson: Sé que está alterado, señor Ritz. Es comprensible. Pero necesito saber qué ha visto exactamente esta tarde, hace un rato.

Ritz: No se me borrará nunca de la cabeza. Nunca. Creo que no me vendría mal una pastilla. Un Valium, quizá. Nunca tomo cosas de esas, pero desde luego ahora no me vendría mal. Aún tengo el corazón encogido. Conviene que sus técnicos forenses sepan que si encuentran vómito en el lugar de los hechos, y supongo que lo encontrarán, es mío. Y no me avergüenzo. Cualquiera habría echado la papilla al ver una cosa así.

Inspector Anderson: Estoy seguro de que un médico le recetará algo para tranquilizarlo en cuanto acabemos. Ya me ocuparé yo de eso, pero ahora lo necesito con la cabeza despejada. Se hace cargo, ¿no?

Ritz: Sí. Por supuesto.

Inspector Anderson: Basta con que me diga qué ha visto y habremos terminado por esta noche. ¿Puede hacerme ese favor?

Ritz: De acuerdo. Esta tarde, a eso de las seis, he sacado a pasear a Dave. Dave es nuestro beagle. Cena a las cinco. Mi mujer y yo cenamos a las cinco y media. A las seis, Dave está a punto para hacer sus cosas, o sea, aguas menores y aguas mayores. Lo saco a pasear mientras Sandy, mi mujer, friega los platos. Es una división de tareas justa. Una división de tareas justa es muy importante en un matrimonio, sobre todo cuando los hijos ya son mayores, o así lo vemos nosotros. Me estoy yendo por las ramas, ¿verdad?

Inspector Anderson: No se preocupe, señor Ritz. Cuéntelo a su manera.

Ritz: Llámeme Jon, por favor. No soporto eso de “señor Ritz”. Hace que me sienta como una galleta. Galleta Ritz: así me llamaban los niños en el colegio.

Inspector Anderson: Ajá. Bien, veamos, estaba usted paseando al perro...

Ritz: Exacto. Y en eso ha encontrado un rastro potente, el rastro de la muerte, supongo, y a pesar de que es un perro pequeño, he tenido que agarrar la correa con las dos manos. Quería llegar a lo que estaba oliendo. El...

Inspector Anderson: Un momento, retrocedamos. Ha salido usted de su casa, el número 249 de Mulberry Avenue, a las seis...

Ritz: Puede que un poco antes. Dave y yo hemos ido cuesta abajo hasta Gerald’s, esa tienda de alimentación de la esquina donde venden comida gourmet; allí hemos seguido por Barnum Street y hemos entrado en el Figgis Park, ese parque que los niños llaman Frikis Park. Se creen que los adultos no nos enteramos de nada, que no les prestamos atención, pero se equivocan. Al menos algunos sí lo hacemos.

Inspector Anderson: ¿Ese es su paseo habitual de todas las tardes?

Ritz: Bueno, a veces cambiamos un poco el recorrido, para no aburrirnos, pero casi siempre acabamos en el parque antes de volver a casa, porque ahí Dave encuentra muchos olores. Hay un aparcamiento, pero a esas horas de la tarde casi siempre está vacío, a menos que haya chavales del instituto jugando al tenis. Esta tarde no había nadie porque había llovido y las pistas son de tierra batida. Solo había aparcada una furgoneta blanca.

Inspector Anderson: ¿Diría que era una furgoneta comercial?

Ritz: Exacto. Sin ventanas, con doble puerta trasera. El tipo de furgoneta que utilizan las empresas pequeñas para el transporte. Puede que fuera una Econoline, pero no lo juraría.

Inspector Anderson: ¿Llevaba escrito el nombre de alguna empresa? ¿Como Aire Acondicionado Sam o Ventanas a Medida Bob? ¿Algo así?

Ritz: No, no. Nada de nada. Pero estaba sucia, eso sí se lo digo. Hacía mucho que no la lavaban. Y tenía los neumáticos embarrados, probablemente por la lluvia. Dave ha olfateado las ruedas y luego hemos continuado por uno de los caminos de grava entre los árboles. Al cabo de unos cuatrocientos metros, Dave ha empezado a ladrar y ha echado a correr entre los arbustos de la derecha. Ha sido cuando ha encontrado el rastro. Casi me arranca la correa de la mano. Yo intentaba obligarlo a volver a tirones, y él se resistía, no hacía más que sacudirse y escarbar en la tierra sin parar de ladrar. Así que lo he atado corto, uso una de esas correas retráctiles, van muy bien para eso, y he ido tras él. Ahora que ya no es un cachorro no hace mucho caso a las ardillas y las tamias, pero se me ha ocurrido que a lo mejor había olido un mapache. Me disponía a hacerlo volver quisiera o no, los perros tienen que saber quién manda, cuando he visto las primeras gotas de sangre. En la hoja de un abedul, a la altura del pecho, o sea, a un metro y medio del suelo más o menos, calculo. Había otra gota en otra hoja un poco más allá, y después, aún más allá, toda una salpicadura en unos arbustos. Todavía roja, reciente. Dave la ha olfateado, pero quería seguir adelante. Ah, antes de que me olvide, justo entonces he oído un motor detrás de mí. De no ser por lo ruidoso que era, como si tuviese el silenciador averiado, puede que ni me hubiera enterado. Retumbaba, no sé si me entiende.

Inspector Anderson: Ajá, sí.

Ritz: No puedo jurar que fuese la furgoneta blanca, y como no he vuelto por el mismo camino no sé si ya se había ido, pero casi seguro que sí. ¿Y sabe qué significa eso?

Inspector Anderson: Dígame qué cree usted que significa, Jon.

Ritz: Que es muy posible que ese hombre estuviera observándome. El asesino. Observándome entre los árboles. Se me pone la carne de gallina solo de pensarlo. Me refiero a ahora. En ese momento tenía toda la atención puesta en la sangre. Y en evitar que Dave me descoyuntara el brazo derecho de un tirón. Empezaba a estar asustado, y no me importa reconocerlo. No soy un hombretón y, aunque procuro mantenerme en forma, paso ya de los sesenta. Ni siquiera a los veinte era aficionado a las broncas. Pero tenía que ver qué pasaba allí. Podía haber alguien herido.

Inspector Anderson: Eso es muy loable. ¿Qué hora diría que era en el momento en que ha visto el rastro de sangre?

Ritz: No he mirado el reloj, pero calculo que las seis y veinte. Y veinticinco, puede. Me he dejado guiar por Dave, sin darle mucha cuerda para poder abrirme paso entre las ramas bajo las que él, con sus patitas cortas, pasaba sin mayor problema. Ya sabe lo que dicen de los beagles: pequeños pero matones. Ladraba como loco. Hemos salido a un claro, una especie de..., no sé, uno de esos rincones donde los amantes se sientan a besuquearse un rato. En medio había un banco de granito, y estaba todo manchado de sangre. Tanta sangre... Encima y debajo. El cuerpo yacía a un lado, en la hierba. Pobre niño. Tenía la cabeza vuelta hacia mí y los ojos abiertos, y donde debería haber estado la garganta solo había un boquete rojo. Tenía los vaqueros y los calzoncillos bajados, en los tobillos, y he visto algo..., una rama muerta, supongo..., asomar de... de..., bueno, ya me entiende.

Inspector Anderson: Lo entiendo, señor Ritz, pero necesito que lo diga para que conste en la declaración.

Ritz: Estaba tendido boca abajo, y la rama le asomaba del trasero. Ensangrentada también. La rama. Faltaba parte de la corteza, y tenía la huella de una mano. Ese detalle lo he visto claro como el agua. Dave ya no ladraba; aullaba, el pobre. No me explico quién puede haber hecho algo así. Tiene que haber sido un psicópata. ¿Lo cogerán, inspector Anderson?

Inspector Anderson: Sí, no le quepa duda de que lo cogeremos.

Stephen King: El visitante. Plaza Janés, México, 2019.


Filosofía cinéfila 

Luis Miguel Ariza, divulgador científico y gran experto en cine, abre una ventana al gran público para comprender mejor los principales mensajes filosóficos de 22 grandes películas de todos los tiempos.

¿Qué representa Neo en Matrix? ¿Es Star Trek una especie de visión optimista, liberal y cosmopolita de lo que podría ser el futuro de la globalización? ¿Por qué nos da tanta rabia que en Star Wars se repita siempre la misma batalla entre el bien y el mal? Es evidente que Independence Day es una película patriótica y nacionalista, pero ¿seríamos capaces de explicar exactamente por qué es así? ¿Qué ideologías políticas y ansiedades sociales se exponen en Terminator?

Las películas de ciencia ficción se nutren a partes iguales de una trama argumental y de reflexión filosófico-política. La ciencia ficción pretende entretener al espectador pero también pretende activar su intuición crítica y creativa, su pulsión por saber y por pensar el mundo.


Luis Miguel Ariza: ¡Vigilen los cielos! Arpa Editores, México, 2019

L. V.


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