El director de teatro Antonio Castro coincidió con Juan Villoro en una cena con un amigo escritor, quien corrió a ambos de la casa porque hablaban demasiado de futbol. A patadas nació una amistad que se llevó a los escenarios y que hoy, en No fue penal, se consolida con otra pieza del autor de Dios es redondo, días después de cumplir 70 años el 24 de septiembre y de obtener el “Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria 2026”.
“Villoro empezó a escribir teatro ya grande, pero desde niño fue mucho al teatro; su pasión se la debe a su madre, Estela Ruiz Milán, a quien hace poco perdimos”, apunta Castro, director de cuatro de las obras teatrales del premio Herralde de Novela 2004: El filósofo declara (2010), La desobediencia de Marte (2017), Hotel Nirvana (2024) y No fue penal, que se estrenó el 6 de octubre en el Foro Lucerna, con la presencia del propio Villoro.
Durante la presentación a la prensa de la nueva pieza, producida por Bárbara Singer y protagonizada por José María de Tavira y Martín Altomaro, un día después del cumpleaños del periodista, cronista, narrador, dramaturgo y ex director del suplemento La Jornada Semanal, su director de escena conversó con Laberinto.
Castro rememora que la madre del escritor, quien falleció el pasado 30 de mayo, era apasionada del teatro, participaba en grupos de aficionados a los escenarios y el autor de
El disparo de Argónheredó ese gusto y el contacto con escenarios desde muy chico, aunque su inclinación a escribirlo se pospuso.
“Yo creo que por cierta timidez. O tal vez el feudo de los dramaturgos es muy celoso y le hace sentir a los demás escritores que escribir teatro es algo totalmente distinto”, aventura el director de escena.
Apunta Castro que Villoro colaboró con Ludwik Margules e hizo traducciones notables como la de Cuarteto, de Heiner Müller, pero se mantuvo distante del teatro, a pesar de ser un espectador muy apasionado y ávido de las obras que se producen en México y en Europa.
“Y como que a los cincuenta y tantos años dijo: ‘Pues ya me vale gorro; yo voy a escribir teatro’”, dice Castro.
En 2018, Villoro publicó en la editorial especializada Paso de Gato La guerra fría y otras batallas. Teatro reunido, volumen de 336 páginas que reúne seis textos dramáticos: El filósofo declara, Muerte parcial, Conferencia sobre la lluvia, La desobediencia de Marte, Cremación y La guerra fría, con prólogo del filósofo investigador teatral Víctor Molina. Después vinieron Hotel Nirvana y No fue penal.
“Curiosamente, la razón por la que hemos colaborado tiene que ver con el futbol, porque hace muchísimos años yo coincidía con Juan, porque una novia mía era muy amiga de él y lo conocí. Yo acababa de terminar la universidad, estaba empezando a hacer teatro a principios de los noventa.
“Cuando veía a Juan en casa de esta novia, cuya madre es una escritora muy conocida, hablábamos de futbol. Eran unas cenas que, en ese momento, tal vez ahora lo vería distinto, pero de veintipocos años me parecían súper aburridas. Entonces, llegaba Juan y con él podía hablar de futbol”, refiere el director.
“Era la época en que el Necaxa ganaba muchos títulos. Juan le va al Necaxa; yo, a las Chivas. En esa época no estaba bien hablar de futbol, era considerado como algo medio vulgar. Entonces, otro escritor nos dijo: ‘Si van a hablar de futbol, sálganse a la calle’. Y nos salimos a la calle a hablar de futbol”.
Juan Villoro se fue a vivir a Barcelona, una ciudad querida para él, sede de la editorial Anagrama que le concedió el premio Herralde 2006.
Cuando el narrador y cronista regresó, Castro montaba en 2006 en el foro Sor Juan Inés de la Cruz de la UNAM Yamaha 300, de Cutberto López, sobre la violencia en el norte de México, que Villoro vio.
“A raíz de eso, Juan me mostró una obra que había escrito. Y empezamos a hablar de teatro y de la posibilidad de colaborar. Entonces, por el futbol y por el teatro se ha estrechado nuestra amistad. A veces no sé cuándo estamos hablando de teatro y cuándo de futbol, especialmente con No fue penal”.
El 30 de septiembre pasado, seis días después de su cumpleaños, Villoro ganó el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria 2026, que otorgan la UNAM y la Secretaría de Cultura del gobierno federal, y que han ganado, entre otros, Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Elena Poniatowska, Gioconda Belli y Diamela Eltit, que le será entregado el miércoles 14 de octubre, a las 11 horas, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
No fue penal rememora la frase “no era penal”, que los mexicanos acuñaron para reclamar y explicar la eliminación del Mundial de Futbol Brasil 2014 y que alude a que el jugador Arjen Robben se tiró un clavado en el área chica, al minuto 90 del partido México-Holanda, que el árbitro portugués Pedro Proença sancionó con pena máxima y que Klaas-Jan Hunterlaar convirtió en el gol del pase a cuartos de final de los europeos.
La historia se centra en dos hombres que fueron amigos y compañeros de equipo: Pepe El Tanque Martínez, director técnico, y Valeriano Fuentes, ex futbolista, encargado de revisar las jugadas en el VAR. El último partido de temporada está empatado y El Tanque necesita el empate para no descender.
Castro adelanta que ya está preparando una pieza más para 2027 con Juan Villoro.
Cuando vi el anuncio de No fue penal creí que sería una comedia, pero más bien parece drama.
Sí, definitivamente hay muchos registros cómicos, porque la vida es un poco esa mezcla, hay cosas que son al mismo tiempo chistosas y dolorosas. Y, creo que sí, tal vez es una tragicomedia.
En 2005 entrevisté a Villoro cuando ganó el Herralde y le pregunté que cómo le hacía para ser tan chistoso en sus obras. Y, un poco contrariado, me respondió que él no era chistoso.
Me acabas de recordar a Jorge Ibargüengoitia, que alguna vez leí que le pasó exactamente lo mismo. Le decían: ‘Es que usted que es tan simpático y usted que es tan chistoso y usted que tiene tanto sentido del humor’. Y se molestó mucho y dijo: ‘Yo no soy un humorista, yo soy un escritor y yo les estoy compartiendo mi visión de la realidad’. Pero la verdad es que Jorge Ibargüengoita y Juan Villoro comparten el sentido del humor, es una herramienta fundamental de su manera de ver la realidad. Y el humor es una herramienta crítica. A veces pensamos en el humor como algo superfluo, pero el humor no existe sin inteligencia, es una manera de observar algo que no te parece y de estar opinando constantemente sobre la realidad, incluso en un sentido moral.
¿Qué otras características tiene el teatro de Juan Villoro?
Creo que el desafío para un director es entrar a ese mundo, que es un mundo muy robusto intelectualmente, lleno de ideas, y llegar a un lugar emotivo, porque tú en el teatro no vas a ver ideas, el teatro es un fenómeno como el arte, es un fenómeno emocional, los actores transmiten emociones a los espectadores. La verdadera obra de teatro ocurre no en el escenario, sino en la mente, en el corazón del espectador. El desafío y lo interesante del teatro de Juan Villoro es que está lleno de emotividad, hay que lograr traspasar todo ese mundo de ideas, que insisto, Juan es un hombre brillante, con una mente muy lúcida, entonces sí, todo lo que escribe siempre está muy musculoso en lo intelectual, pero lo importante es llegar al lugar, al corazón, al epicentro emotivo de las obras.
Si pusiera a actuar a Villoro como alguno de los dos personajes de No fue penal, ¿cuál sería?
Mira, qué buena pregunta, porque yo había dicho hace rato que me identifico más con El Tanque (Altomaro), que es el entrenador; yo, como director, queriendo estimular y ordenar el mundo del escenario. Y creo que Juan está más cerca de Valeriano (De Tavira), que es un hombre muy religioso y que le preocupa mucho el sentido moral, de la verdad y del bien. Juan está más cerca de Valeriano.
En el caso de la obra de Villoro en general, que usted también conoce, y a partir de su pasión compartida por el futbol, que los unió. ¿Qué sería Juan Villoro en un equipo?
Es un líder, un 10. Es una persona que reparte juego. Salvo por la poesía, Juan Villoro ha cultivado todos los géneros literarios. A veces los escritores son criaturas muy individuales y les cuesta trabajo socializar, porque ellos viven para su obra, pero Juan es un ser muy colectivo y, en ese sentido, es una persona muy generosa y que aporta mucho. Cuando le dieron el premio “Ramón López Velarde”, que sin duda merece, hubo quien dijo: ‘Ese es un premio de poesía y Villoro no es poeta’. Pero, él cultiva la crónica, el cuento, la novela, el teatro, es un periodista excepcional. Es un hombre que ha trabajado y se ha entregado a la literatura de una manera extraordinaria.
¿Qué lo ha cambiado a usted como director, el teatro de Juan Villoro?
Me gusta mucho de Juan, que el arte se debe a la vida. Entonces, para poder entregarse al arte es importante vivir la vida. Y es más importante la vida que el arte, porque el arte es una consecuencia. Eso me gusta mucho de Juan: su humanismo.
AQ / MCB